martes, 3 de agosto de 2010

DOMINGO XIX DEL T.ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 18, 6‑9
Con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban.
Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti.
Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“SEGUIR LA PAUTA DE DIOS ES SIGNO DE SEGURIDAD”

Para el autor del libro de la Sabiduría, el libro del Éxodo es un acontecimiento que tiene que servir de referencia para el pueblo y hay que estar releyéndolo a cada momento, para no perder de vista la acción de Dios en el pueblo, pues éste es el signo más claro de su presencia. Es muy importante que tengan una visión clara de la historia del pueblo
Esta presencia de Dios se ha convertido en una especie de luz que ilumina a todo hombre y que le hace caminar con rectitud. Cuando el hombre se deja guiar por esta luz, al final ve que el triunfo de la justicia y la verdad se imponen, sobre todo en momentos de dificultad en que todo parece venirse abajo, lo único que mantiene la seguridad es esta presencia de Dios que es quien nos da la certeza.
El autor deja bien claro que, esta actitud de fidelidad es como el piloto automático que nos ha de sacar de la tormenta.
Quien haya tenido la experiencia de montar en una avioneta pequeña que tiene que atravesar por una zona con muchas turbulencias, es impresionante ver como ese aparatito es vapuleado por el viento, que en momentos parece desbaratarlo, pero por más que lo zarandea, el piloto le hace mantener el rumbo seguro hasta salir de la tormenta.
Dios es el “piloto automático” que no nos deja perder el rumbo y nos mantiene con rumbo recto. El invita a que todos se unan a esta seguridad que Él da.

Salmo responsorial Sal 32, 1 y 12. 18‑19. 20 y 22 (R.: l2b)

R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R.
R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R.
R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R.
R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1‑2. 8‑19
Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios

Hermanos:
La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve.
Por su fe, son recordados los antiguos.
Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas— y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa—, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.
Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.
Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.
Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.
Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.
Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia.»
Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos.
Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.
Palabra de Dios.

O bien más breve:

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1‑2. 8‑12

Hermanos:
La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve.
Por su fe, son recordados los antiguos.
Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas —y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa—, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.
Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“LA SEGURIDAD DE LA FIDELIDAD DE DIOS”

La carta a los Hebreos, al estilo del libro de la Sabiduría, hace una relectura de la historia de la salvación desde Abraham, pasando por los profetas y constata cómo Abraham y Sara se dejan guiar por la invitación que les hace Yahvé y se ponen en sus manos, a pesar de que todo lo tienen en contra y el camino no es fácil pero se concentran en algo que tienen seguro: Dios es fiel y no abandona; Él hace que se cumpla a plenitud la promesa que ha hecho y Él sabrá cómo lo hace.
El texto pone como foco de atención a dos personajes: Abraham y Sara: ambos creen y se fían de la palabra de Dios, que les ha prometido ser padres de un gran pueblo, a pesar de tener todas las condiciones adversas.
Ellos entienden que son instrumentos de un proyecto que no es suyo, sino de Dios y, se ponen en sus manos con una total obediencia.
La historia de este proyecto de Dios supera todos los cálculos y perspectivas de ambos, que se ven desbordados: la sensación de tristeza de su esterilidad se convierte en una riqueza inmensa de un gran pueblo que heredará la promesa.
El mismo sacrificio de Isaac se convierte en imagen del sacrificio de Cristo que hará posible el nacimiento del nuevo pueblo como prolongación del antiguo.

Aleluya Mt. 24, 42a y 44
Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del hombre.


EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 32‑48
Estad preparados

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la poli11a. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»
Pedro le preguntó:
—«Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»
El Señor le respondió:
—«¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?
Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió más se le exigirá.»
Palabra del Señor.

O bien más breve.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 35‑40

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“VIVIR EN LA TENSIÓN DEL REINO”

S. Lucas vuelve a centrar y apuntalar lo que realmente tiene valor y nos va a mantener en la dirección de Dios, invitando a mantenernos en la seguridad y en la certeza (con el piloto automático encendido) de Dios, que es fiel y seguro; Él es el objetivo supremo, todo lo que no esté orientado a Él es perder el norte de la vida, el sentido de la existencia.
Pero Jesús tiene bien claro que el mundo no camina en esa dirección, al contrario, tiene infinidad de presiones que empujan por todos lados para desviar el camino, infinidad de objetivos que se presentan como fines absolutos y se proponen desplazar a Dios haciendo que nuestro corazón se quede enganchado en ellos.
El tema es de una actualidad impresionante: La persona actual ha llegado a creer que el desarrollo tecnológico tiene unas posibilidades ilimitadas y, por tanto, Dios no tiene sentido, sin embargo se da cuenta que el sistema que el hombre ha montado prescindiendo de Dios y de todo sentido de trascendencia, cada vez lo hace más desdichado, incluso cuando llegan momentos de crisis, como el que vivimos, se da cuenta que no tiene sentido lo que está haciendo y lo deja desconcertado, pues ve que la dirección que ha cogido y lo que está haciendo no le lleva a ningún sitio y, mucho menos, a ser feliz, con lo que el pueblo mismo sencillo empieza a darse cuenta que esto es un camino ciego que conduce a la desesperación y al absurdo y estamos llegando al momento en que la gente ya no sabe en qué confiar ni en qué poner su corazón, viviendo a la deriva como quien se ve envuelto en una locura sin sentido que no sabe a dónde va a parar todo esto. En una situación así, es imposible hacer un proyecto de futuro, todo está en el aire y la mayoría se dedican a vivir el momento como algo irrepetible, pero siempre termina con el vacío: el corazón no se puede poner en cosas que no tienen consistencia, que son fugaces y sin futuro. Aunque el hombre diga otra cosa, su existencia exige la trascendencia y esto no se encuentra en ningún sitio sino en el Ser invisible, incontrolable, inabarcable, pero que nos envuelve y nos llena de sentido
Contra todas las presiones que se imponen queriendo afirmar que aceptar a Dios es un signo de limitación del hombre, el cristiano mantiene una tensión constante por el reino: hemos de vigilar, de no bajar la guardia, porque inmediatamente que lo hacemos,, el espacio que dejamos es ocupado por el mundo.
El “Tener encendidas las lámparas y ceñida la cintura”, significa mantenerse en la amistad y en la cercanía de Dios, esto hará que en cualquier momento estaremos dispuestos a rendir cuentas y a responder a la llamada de Dios. Significa no acomodarse en posiciones que están fuera de onda, distrayéndose en asuntos que nos alejan y nos hacen perder el tiempo.