lunes, 23 de agosto de 2010

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 17‑18. 20. 28‑29
Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso.
Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios;
porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes.
No corras a curar la herida del cínico, pues no tiene cura, es brote de mala planta.
El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la sabiduría se alegrará.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“LO QUE HACE GRANDE AL HOMBRE”

La reflexión que el pueblo va haciendo de la vida desde el sentido común, se va percibiendo como la luz que Dios mantiene viva y que manifiesta su presencia dentro del pueblo.
Esta reflexión, desde el sentido común, se convierte en espiritualidad del pueblo que le ayuda a ir creando un esquema moral y ético para poder vivir con sentido y poder descubrir la presencia de Dios.
En el texto que nos trae la liturgia de hoy vemos que presenta un consejo y su puesta en practica llevará, como recompensa un bien. Las dos grandes virtudes que aportarán un gran bien son: la humildad y la generosidad.
La HUMILDAD es la base de la grandeza del hombre pues al reconocerse débil acepta a Dios y lo escucha y Dios lo acoge: “Dios acepta que los humildes lo honren”. Esta actitud hace grande al hombre ante Dios que lo acoge, lo escucha y lo ama colmándolo de su bendición, mientras que al soberbio lo mantiene a raya.
La segunda gran virtud que hace al hombre grande ante Dios y ante los hombres es la GENEROSIDAD, pues en ella demuestra la grandeza de su alma y l su calidad humana y por eso se perdonarán sus pecados, pues cuando Dios ve que alguien se apiada de sus hermanos, Él no se deja ganar en generosidad ya que la misericordia de Dios está por encima de todo.

Salmo responsorial Sal 67, 4‑5ac. 6‑7ab. 10‑11 (R.: cf. 11b)

R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.
Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor;
su nombre es el Señor. R.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.
Derramaste en tu heredad, oh Dios,
una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra que tu bondad,
oh Dios, preparó para los pobres. R.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 18‑19. 22‑24a
Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo

Hermanos:
Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando.
Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“LA CERCANÍA VITAL DE DIOS”

El autor de la carta a los hebreos parte de una realidad completamente nueva que no tiene nada que ver con lo que hasta ese momento se ha venido viviendo: hasta ahora han venido guiándose a través de signos misteriosos, pero las cosas han cambiado: Dios ha hecho una nueva alianza y se ha hecho visible , cercano, presente en la vida y en la historia del hombre; ya no caminamos en la oscuridad, sino en la certeza: Dios se ha bajado y se ha hecho vida nuestra, por tanto, no es algo distinto y externo a nuestros sentidos, de modo que se pueda tocar, palpar, oír… sino que es algo que se vive, que llena la vida de sentido y de fuerza.
Con Cristo se ha inaugurado esa nueva alianza, esta nueva era que nos hace vivir en un mismo espíritu.
Creer, por tanto, no es ese sentimiento raro, compuesto por el miedo y expectación ante algo incontrolable e impredecible, sino que es un sentimiento lleno de amor, confianza y seguridad ante alguien que tengo la certeza que me ama, me acoge, me entiende y me acepta; no se trata, pues, de algo que se puede tocar, sino de algo que llena la vida., es algo que se vive.
El autor de esta nueva situación es Cristo; por Él podemos llamar a Dios Padre y sentirlo de esa manera; en Él, Dios Padre nos ha hablado y se ha hecho presente; con Él se ha inaugurado una nueva etapa para la vida de los hombres.

Aleluya Mt 11, 29ab
Cargad con mi yugo y aprended de mí —dice el Señor—,
que soy manso y humilde de corazón.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1. 7‑14
El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola:
—«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá:
"Cédele el puesto a éste."
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
"Amigo, sube más arriba."
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Y dijo al que lo había invitado:
—«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“LA POBREZA, LUGAR PRIVILEGIADO DE LA PRESENCIA DE DIOS”
Ante la lectura del texto de S. Lucas, no se puede evitar el imaginar el momento, pues tuvo que ser tremendamente chocante, hasta el punto que a Jesús le llamó fuertemente la atención pues le hizo sentirse mal: como cuando a uno lo invitan a un sitio donde ves que no encajas en ese marco, pues allí empieza a llegar tipos que se sienten tan importante, que esperan que todos se acerquen a saludarlos y, poco más o menos, hay que darles las gracias porque han asistido. En cambio uno, se siente un pobre hombre de a pie, que no tiene nada de qué presumir ni ostentar y no sabe dónde sentarse, ni al lado de quién hacerlo y, siente el deseo, más bien, de que lo pongan en un rincón, al lado de los sirvientes, pues no se siente parte del cuadro que contiene aquel marco decepcionado, incluso, de que lo hayan invitado..
Jesús no desaprovechó el momento, y cuando le dejaron un espacio para intervenir, no salió contando un chiste para agradarles la velada y quedar como un tipo simpático, ni tampoco se puso a vender sus títulos y su poder, sino que les hizo reflexionar sobre el espectáculo que ellos mismos estaban protagonizando para que se dieran cuenta de lo que realmente es grande y de lo que Dios valora. A la fiesta que da Dios estamos todos invitados, y en ese banquete, que es el que realmente nos debe preocupar, no van a ser los títulos, los puestos, los honores, el dinero… la carta de presentación de los invitados, sino la grandeza de corazón que hayamos tenido, que nos haya hecho sentirnos hermanos y que, al mismo tiempo, se nos pueda sentir como tales.
Esto que lo tuvo tan claro Jesús y que quiso que fuera norma para su iglesia y su comunidad, parece que tiene sus altibajos: en un tiempo parecía que se había olvidado y el Concilio lo volvió a desempolvar, recordándonos que es base fundamental de la iglesia; hubo un tiempo que volvió a estar en actualidad y por todas partes se hablaba en la iglesia: “La Opción por los pobres” pues la voluntad de Jesús está muy clara: “Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos”, es decir, la gente que no tiene relevancia alguna en el mundo, que han sido despreciados, pues eso indica que los que han dado lugar a esta situación no han entendido que Dios es Padre de todos y no permite que entre sus hijos haya “clases”.
Pues esto que estaba tan claro, vuelve otra vez a tenerse oscuro y hasta se considera un lenguaje peligroso el hablar de los pobres, de los lisiados, de los marginados.
Nos resistimos a querer mirar a Jesús en donde Él se ubicó y a ver las cosas desde donde Él las miró, porque el momento que las miramos desde ese ángulo, la realidad cambia radicalmente. Y el día que la iglesia se olvide de mirar desde donde miró Jesús y de ponerse donde Él se puso, ese mismo día ha terminado de ser un signo para el mundo de la presencia del Padre.

viernes, 20 de agosto de 2010

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 66, 18‑21
De todos los países traerán a todos vuestros hermanos

Así dice el Señor:
«Yo vendré para reunir
a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria,
les daré una señal, y de entre ellos
despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia,
Masac, Tubal y Grecia, a las costas lejanas
que nunca oyeron mi fama
ni vieron mi gloria; y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi monte santo de Jerusalén —dice el Señor—, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas» —dice el Señor—.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“VIVIR EN CONSONANCIA CON EL PROYECTO DE DIOS”

El profeta Isaías concluye su libro con una proclamación de la universalidad del proyecto de Dios que romperá todas las barreras de nacionalismos, razas, lenguas, culturas…
Las ofrendas que se ofrecerán a Dios, trascenderán todo lo que se hace en la actualidad, pues la ofrenda que se hará a Dios serán las personas, que se entregarán a Él y, su culto se extenderá a todas las naciones de la tierra.
El autor del libro mira al pasado y analiza la presencia de Dios que ha venido dirigiéndolo todo y concluye con que, el futuro pertenece a Dios; lógicamente, el presente, como el pasado, es suyo y está presente en él, aunque haya mucha gente que obsesionada no lo perciba.
La actitud deseable y correcta, consistirá en estar atento, descubrir sus huellas y seguirlas.
Leyendo despacio la profecía, podemos aterrizar perfectamente en nuestros días y ver cómo continúa abriéndose cada vez más: este siglo va a tener una característica propia, que es la mezcla de razas y culturas… se va a posibilitar la convivencia entre todos los hombres de toda la tierra que, hasta ahora, permanecían como ubicados cada uno en su sitio; da la sensación que se rompieron los espacios y se han mezclado todos.
Lógicamente, esto trae una desestabilización muy grande, que lo trastorna todo, pero al mismo tiempo supone una riqueza enorme y, sobre todo, esta situación que se ha creado, por unas condiciones económicas concretas, va a resultar que ha sido la forma de que llegue a realizarse el proyecto de Dios: hacer de todos los pueblo uno solo y, con todos los hombres, una sola familia. Esto ocurrirá el momento en que todos entiendan que Dios es el Padre de todos y que todos nosotros somos hermanos.
Contra este proyecto, el peor de los obstáculos son los nacionalismos, los racismos y los fanatismos, pues se convierten en actitudes excluyentes que desprecian a los demás considerándolos despreciables.


Salmo responsorial Sal 116, 1. 2 (R.: Mc 16, 15)

R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R.
R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R.
R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.



SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 5‑7. 11‑13
El Señor reprende a los que ama

Hermanos:
Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron:
—«Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos.»
Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?
Ninguna corrección nos gusta cuando la recibimos, sino que nos duele; pero, después de pasar por ella, nos da como fruto una vida honrada y en paz.
Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“LA CAPACIDAD DE DISCERNIR”

El autor de la carta a los Hebreos invita a la comunidad a tener un espíritu crítico; esto le va a ayudar a crecer, pero si se empecinan, se incapacitan para escuchar y, sobre todo, para corregir si algo está errado.
Sin lugar a duda, tiene un fin pedagógico: quiere hacerles comprender que Dios tiene sus planes y en ellos entramos nosotros; lógicamente, puede haber interferencias y hasta enfrentamientos entre nuestros planes y los de Dios: algo así como ocurre entre un padre y un hijo: el padre busca el bien del hijo, mientras éste, se mueve por sus caprichos; en un momento, el padre llega a detener al hijo para que no continúe en el error y le corrige su camino. En un primer momento cae muy mal la corrección y hasta descontrola, pero después se producen frutos de paz.
No podemos evitar escuchar estas palabras y sentir que tienen un eco extraordinario en el momento actual que vivimos: habíamos montado muchas estructuras, habíamos abierto muchos caminos que no llevan a ningún sitio; estructuras que no tienen base ninguna en el evangelio. Ahora llegan momentos en que se nos caen y tenemos que volvernos; al final, ha de volver a aparecer la luz.



Aleluya Jn 14, 6
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida —dice el Señor—;
nadie va al Padre, sino por mi.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 22‑30
Vendrán de oriente y occidente y se sentarán a la mesa en el reino de Dios

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó:
—«Señor, ¿serán pocos los que se salven?»
Jesús les dijo:
—«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo:
"Señor, ábrenos";
y él os replicará:
"No sé quiénes sois."
Entonces comenzaréis a decir.
"Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas."
Pero él os replicará:
"No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados."
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“LA RISA ES DEL ULTIMO QUE RÍE”

El gran problema que tenemos es pensar que Dios debe entrar por donde nosotros establecemos y que el plan de salvación, somos nosotros los que decidimos cómo ha de ser y lo que hay que hacer y, somos nosotros los que determinamos quién está en el camino o fuera de él. Esto lo tenían muy claro los fariseos y la clase dominante de Israel, tal como aparece en el evangelio: ellos se consideraban dueños de la llave que cierra o abre el reino a los demás, de tal manera que: “ni entraban ni dejaban entrar” –según palabras de Jesús-.
Jesús ve que esta forma de hacer y de pensar, no está en consonancia con lo que piensa y hace su Padre, y todo por una razón muy sencilla: Dios plantea las cosas desde el AMOR y los hombres las planteamos desde los intereses y desde el poder, por tanto, no puede haber conexión posible.
Jesús ve la realidad de otra manera, no está de acuerdo con lo que hay, las cosas son posibles de otra forma, que no es, precisamente, la que hay establecida.
Para Jesús, no es la forma de hacer de los poderosos la que hace que el hombre sea feliz y, por tanto, plantea con toda claridad, que no somos nosotros los que disponemos, ni tampoco Dios tiene que atenerse a lo que nosotros establecemos: Dios no va a aceptar una sociedad en la que, por norma, unos dominan a otros, unos se tienen que someter para ser protegidos por otros; unos tienen que ser los dominadores y otros los dominados…
Él está viendo cómo en la cabeza está el emperador y sus representantes en Palestina y, los demás, son sus esclavos que han de estar a sus ordenas, pudiendo, incluso, matar…
Pero la misma estructura existe en las autoridades judías: está el sumo sacerdote y todos los que forman la cúpula del poder judía, que hacen lo que quieren y tienen sometido y aplastado al pueblo…
Esto no puede ser así, esto no está de acuerdo con el proyecto de Dios y tampoco hoy puede estar en consonancia, con el proyecto de Jesús, el que exista un primer mundo, un tercero y hasta un “cuarto” mundo, en el que las personas no cuentan, pues no tienen ni “papeles” y, por tanto, no son personas, pues ha venido a resultar que un papel es más importante que una persona… esto no puede ser reconocido por Dios y, cuando llegue el momento supremo –dice Jesús- que vendrán apelando a las buenas obras que hicieron en nombre de este sistema, pero Dios no reconocerá nada de eso, porque fue el gran obstáculo para su reino.
El reproche de Jesús es muy fuerte y no nos puede dejar indiferentes, pues cuando llegue el momento, cada cosa se pondrá en su sitio y “la paja será separada del trigo” y los que llevaban la batuta apropiándose su nombre, pueden escuchar el reproche: “Apartaos de mi, malditos”
En ese momento supremo, será Dios quien determine quién lo hizo bien o quién vivió equivocado, hasta el punto que perdió su vida inútilmente y se convirtió en un estorbo para que la vivieran otros. Así, pues, tendremos que aceptar eso que dice el refrán: “La risa es del último que se ríe”

martes, 3 de agosto de 2010

DOMINGO XIX DEL T.ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 18, 6‑9
Con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti

La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban.
Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti.
Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“SEGUIR LA PAUTA DE DIOS ES SIGNO DE SEGURIDAD”

Para el autor del libro de la Sabiduría, el libro del Éxodo es un acontecimiento que tiene que servir de referencia para el pueblo y hay que estar releyéndolo a cada momento, para no perder de vista la acción de Dios en el pueblo, pues éste es el signo más claro de su presencia. Es muy importante que tengan una visión clara de la historia del pueblo
Esta presencia de Dios se ha convertido en una especie de luz que ilumina a todo hombre y que le hace caminar con rectitud. Cuando el hombre se deja guiar por esta luz, al final ve que el triunfo de la justicia y la verdad se imponen, sobre todo en momentos de dificultad en que todo parece venirse abajo, lo único que mantiene la seguridad es esta presencia de Dios que es quien nos da la certeza.
El autor deja bien claro que, esta actitud de fidelidad es como el piloto automático que nos ha de sacar de la tormenta.
Quien haya tenido la experiencia de montar en una avioneta pequeña que tiene que atravesar por una zona con muchas turbulencias, es impresionante ver como ese aparatito es vapuleado por el viento, que en momentos parece desbaratarlo, pero por más que lo zarandea, el piloto le hace mantener el rumbo seguro hasta salir de la tormenta.
Dios es el “piloto automático” que no nos deja perder el rumbo y nos mantiene con rumbo recto. El invita a que todos se unan a esta seguridad que Él da.

Salmo responsorial Sal 32, 1 y 12. 18‑19. 20 y 22 (R.: l2b)

R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R.
R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R.
R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R.
R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1‑2. 8‑19
Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios

Hermanos:
La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve.
Por su fe, son recordados los antiguos.
Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas— y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa—, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.
Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.
Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.
Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.
Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.
Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia.»
Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos.
Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.
Palabra de Dios.

O bien más breve:

Lectura de la carta a los Hebreos 11, 1‑2. 8‑12

Hermanos:
La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve.
Por su fe, son recordados los antiguos.
Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas —y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa—, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.
Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“LA SEGURIDAD DE LA FIDELIDAD DE DIOS”

La carta a los Hebreos, al estilo del libro de la Sabiduría, hace una relectura de la historia de la salvación desde Abraham, pasando por los profetas y constata cómo Abraham y Sara se dejan guiar por la invitación que les hace Yahvé y se ponen en sus manos, a pesar de que todo lo tienen en contra y el camino no es fácil pero se concentran en algo que tienen seguro: Dios es fiel y no abandona; Él hace que se cumpla a plenitud la promesa que ha hecho y Él sabrá cómo lo hace.
El texto pone como foco de atención a dos personajes: Abraham y Sara: ambos creen y se fían de la palabra de Dios, que les ha prometido ser padres de un gran pueblo, a pesar de tener todas las condiciones adversas.
Ellos entienden que son instrumentos de un proyecto que no es suyo, sino de Dios y, se ponen en sus manos con una total obediencia.
La historia de este proyecto de Dios supera todos los cálculos y perspectivas de ambos, que se ven desbordados: la sensación de tristeza de su esterilidad se convierte en una riqueza inmensa de un gran pueblo que heredará la promesa.
El mismo sacrificio de Isaac se convierte en imagen del sacrificio de Cristo que hará posible el nacimiento del nuevo pueblo como prolongación del antiguo.

Aleluya Mt. 24, 42a y 44
Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del hombre.


EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 32‑48
Estad preparados

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la poli11a. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»
Pedro le preguntó:
—«Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»
El Señor le respondió:
—«¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?
Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió más se le exigirá.»
Palabra del Señor.

O bien más breve.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 35‑40

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“VIVIR EN LA TENSIÓN DEL REINO”

S. Lucas vuelve a centrar y apuntalar lo que realmente tiene valor y nos va a mantener en la dirección de Dios, invitando a mantenernos en la seguridad y en la certeza (con el piloto automático encendido) de Dios, que es fiel y seguro; Él es el objetivo supremo, todo lo que no esté orientado a Él es perder el norte de la vida, el sentido de la existencia.
Pero Jesús tiene bien claro que el mundo no camina en esa dirección, al contrario, tiene infinidad de presiones que empujan por todos lados para desviar el camino, infinidad de objetivos que se presentan como fines absolutos y se proponen desplazar a Dios haciendo que nuestro corazón se quede enganchado en ellos.
El tema es de una actualidad impresionante: La persona actual ha llegado a creer que el desarrollo tecnológico tiene unas posibilidades ilimitadas y, por tanto, Dios no tiene sentido, sin embargo se da cuenta que el sistema que el hombre ha montado prescindiendo de Dios y de todo sentido de trascendencia, cada vez lo hace más desdichado, incluso cuando llegan momentos de crisis, como el que vivimos, se da cuenta que no tiene sentido lo que está haciendo y lo deja desconcertado, pues ve que la dirección que ha cogido y lo que está haciendo no le lleva a ningún sitio y, mucho menos, a ser feliz, con lo que el pueblo mismo sencillo empieza a darse cuenta que esto es un camino ciego que conduce a la desesperación y al absurdo y estamos llegando al momento en que la gente ya no sabe en qué confiar ni en qué poner su corazón, viviendo a la deriva como quien se ve envuelto en una locura sin sentido que no sabe a dónde va a parar todo esto. En una situación así, es imposible hacer un proyecto de futuro, todo está en el aire y la mayoría se dedican a vivir el momento como algo irrepetible, pero siempre termina con el vacío: el corazón no se puede poner en cosas que no tienen consistencia, que son fugaces y sin futuro. Aunque el hombre diga otra cosa, su existencia exige la trascendencia y esto no se encuentra en ningún sitio sino en el Ser invisible, incontrolable, inabarcable, pero que nos envuelve y nos llena de sentido
Contra todas las presiones que se imponen queriendo afirmar que aceptar a Dios es un signo de limitación del hombre, el cristiano mantiene una tensión constante por el reino: hemos de vigilar, de no bajar la guardia, porque inmediatamente que lo hacemos,, el espacio que dejamos es ocupado por el mundo.
El “Tener encendidas las lámparas y ceñida la cintura”, significa mantenerse en la amistad y en la cercanía de Dios, esto hará que en cualquier momento estaremos dispuestos a rendir cuentas y a responder a la llamada de Dios. Significa no acomodarse en posiciones que están fuera de onda, distrayéndose en asuntos que nos alejan y nos hacen perder el tiempo.