martes, 17 de noviembre de 2009

DOMINGO XXXIV -CRISTO REY- -B-

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Daniel 7, 13‑14
Su dominio es eterno y no pasa

Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él.
Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“DIOS PERMANECE EN LA HISTORIA, ÉL NO PASA”
En el capítulo 7 Daniel cuenta la revelación que ha tenido sobre la historia y ve cómo han ido pasando varios reinos representados por animales espantosos, pero la fuerza de esas fieras es caduca, todas acaban y de ellas no queda ni el recuerdo.
Pero Dios permanece por encima de esos animales que llegan y parece que van a destruir todo, pero pasan y Dios queda, perdura sobre cada uno y los juzga y son condenados bajo su luz en la historia; otros, en cambio, ve cómo, por culpa de esas fieras, sufrieron en el tiempo, pero han dejado huellas por las que son exaltados en la historia.
En medio de estos reinos poderosos está el “Hijo del Hombre” que está por encima de todos los acontecimientos de la historia y de los poderosos que se suceden acompañando el camino y juzgando con justicia la acción de los poderosos.
Aquellos que confiaron en Él y se dejaron conducir por sus huellas, conformaron un cuerpo del que Él es la cabeza y su triunfo es el de todo el cuerpo.
El juicio final se va realizando en el vivir de cada día siguiendo sus huellas o apartándose de ellas. Todo va a depender del juicio que vayamos haciendo de cada momento y cada acontecimiento que vamos viviendo en cada momento de la historia en la que estamos involucrados.

Salmo responsorial Sal 92, 1ab. 1c‑2. 5

R/. El Señor reina, vestido de majestad.
El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder. R/.
R/. El Señor reina, vestido de majestad.
Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R/.
R/. El Señor reina, vestido de majestad.
Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa, Señor,
por días sin término. R/.
R/. El Señor reina, vestido de majestad.

SEGUNDA LECTURA

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 5‑8
El príncipe de los reyes de la tierra nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios

Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra.
Aquel que nos ama, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre.
A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Mirad: El viene en las nubes. Todo ojo lo verá; también los que lo atravesaron. Todos los pueblos de la tierra se lamentaran por su causa. Sí. Amén.
Dice el Señor Dios: "Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso."
Palabra de Dios

REFLEXIÓN

“LA VERDAD SERÁ LA LUZ QUE JUZGUE AL MUNDO”
Todos estos domingos pasados la liturgia nos ha venido presentando la carta a los hebreos donde nos mostraba la obra de Jesús que ha cogido la naturaleza humana y ha asumido todo su dolor y su historia y la ha transformado desde dentro haciendo una naturaleza humana completamente nueva.
Él ha entrado en la naturaleza y le ha metido una dinámica nueva que le ha cambiado su destino: ya no es la muerte, sino la vida. Él ha sido el primero que ha recorrido el camino, de ahora en adelante quien sigue sus huellas tiene el mismo destino.
Él ha sido el primero, Él es el testigo que ha vivido en su propia carne esta nueva dimensión que Dios ha establecido.
Frente a Él no queda más remedio que hacer un juicio, que es el nuestro propio: o acepto y asumo su proyecto y su triunfo, o lo desprecio y me hago yo el mío.
Aquí cobra pleno sentido y se cumple la promesa hecha en Ex. 19,6 :”Si me obedecéis y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi pueblo y seréis para mi un reino de sacerdotes, una nación santa”, pero de la misma manera se establece la exclusión para el que no quiera hacerlo.
En este momento cumbre, nada quedará escondido y hasta los que lo rechazaron, tendrán que ver y asumir todo el mal que han hecho, pues será algo que quede evidente ante el mundo, lo mismo que quedará el bien que se haya hecho y la participación en el triunfo.


Aleluya Mc. 11, 9b‑10a
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David.


EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 18, 33b‑37
Tú lo dices: soy rey

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús:
-“¿Eres tú el rey de los judíos?”
Jesús le contestó:
-“¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?”
Pilato replicó:
-“¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?”
Jesús le contestó:
-“Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.”
Pilato le dijo:
-“Conque, ¿tú eres rey?”
Jesús le contestó:
-“Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”
Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

UN REINADO INCONTROLABLE”
Todo el tiempo hemos venido viendo cómo el discurso de Jesús difiere del de los apóstoles: hablan un mismo lenguaje, pero expresan dos realidades distintas..
El pasaje de Juan muestra de forma evidente esta realidad: Pilatos está hablando de un reinado político-militar, tal como lo entienden los romanos, pero los judíos, por su parte, que tienen la promesa en las escrituras de un reinado diferente, tampoco quieren entender otra cosa y reniegan de la promesa de Dios: “Nosotros no queremos otro rey que el Cesar”.
Jesús le explica a Pilatos que hay una dimensión diferente de reinado al que no se pertenece por una ley o por un sometimiento por la fuerza, sino desde el corazón, es un reino que pertenece a otra dimensión: “Mi reino no es de este mundo” aunque se desarrolle en el mundo, su pertenencia no es a intereses de aquí abajo.
Es el reinado de la VERDAD, de la JUSTICIA, de la PAZ, del AMOR. Esto no es controlable por los bancos, ni por las grandes potencias, ni por las armas, ni hay alguien que lo posea en exclusiva y lo imponga o lo retire; esta fuerza no es controlable por los poderes de este mundo, pero sí será ella la que juzgue a todos aquellos que lo impidieron.
Sin embargo es curioso constatar cómo nadie se manifiesta en este mundo en contra de la mentira en la que andamos envueltos.
Resulta que la mentira es el presupuesto del que partimos; mentir parece que es condición indispensable con la que contamos como punto de partida y como algo necesario para vivir.
Vemos que hay protestas en contra de la “injusticia”, pues nos sentimos agredidos y de alguna manera víctimas, pero contra la mentira y el engaño en el que nos movemos, nadie mueve un dedo, nadie levanta la voz… ¿no será porque nos sentimos sin fuerzas para hacerlo porque el que más y el que menos vive en la mentira y en el engaño haciendo de nuestra vida una comedia?
Cuando hoy nos dice Cristo: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.” Me deja fuera de juego, ya que el seguimiento lo hemos puesto en un sin fin de “cositas” mientras que aquello que da luz a la vida y lo ilumina todo lo vamos dejando a un lado y hemos aceptado vivir en la oscuridad del engaño, la mentira y hasta la corrupción, aceptando que eso sea así a todos los niveles, mientras que nos hemos tapado los oídos a las palabras de Jesús: “La verdad os hará libres”. Y nos estamos conformando con vivir una farsa llamada “libertad”
Es imposible pensar en una sociedad humana en la que reine la justicia, el amor, la paz… queriendo asentar todo esto en la mentira.