martes, 6 de julio de 2010

DOMINGO XV DEL T. ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Deuteronomio 30, 10‑14
El mandamiento esté muy cerca de ti; cúmplelo

Moisés habló al pueblo, diciendo:
—«Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el código de esta ley; conviértete al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.
Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; no está en el cielo, no vale decir: "¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?"; ni está más allá del mar, no vale decir: "¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?"
El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo.»
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“RESPUESTA A DIOS”

Moisés le pide al pueblo que recuerde todo lo que ha vivido y tome conciencia de todo lo que Dios ha hecho con él: desde sacarlo de Egipto y mantenerlo vivo en el desierto… no se quiere basar en ideas, sino en realidades; es la señal clara de que Dios está a su lado, que es fiel y no los ha dejado; ellos han de responderle con la misma moneda: “obedecer su voz, cumplir sus mandatos y convertirse” es la respuesta necesaria a todo lo que Dios ha hecho con ellos, no les pide más.
Si el pueblo, después de todo lo que ha vivido, no quiere responder de esa manera a Dios, tendrá que cargar con las consecuencias: “volverá al exilio” y no habrá posibilidad de salir de él, si es que Dios no vuelve a poner su mano y no se da por nuestra parte una conversión.
Esto que Dios está pidiendo como respuesta no es algo que sea imposible hacerlo, que exceda de sus posibilidades y capacidad, al contrario, es algo que está al alcance de todos, “es algo que está muy cerca de ti, en tu boca, en tu corazón”. Obedecer esta ley del Señor es algo que está dentro de cada uno, es la fuente de toda bendición y de felicidad; caminar en esta ley es el único camino de la vida, por el contrario, caminar en otra dirección es perderse, dirigirse hacia la muerte y a la destrucción.
El mensaje que nos trae la palabra de Dios deberíamos aplicárnoslo todos, pero de una forma especial aquellos que dirigen los hilos de la estructura social: gobernantes y dirigentes políticos, sociales, religiosos… seguir el camino de Dios es poner la justicia, la verdad, el amor, la paz, la libertad como horizonte para la humanidad y todo lo que existe ha de estar al servicio de este objetivo, que es el hábitat donde puede vivir la persona, desarrollarse y ser feliz.
Cuando el horizonte es otro: el dinero, el poder… el mundo y la persona no son fines, sino que se los convierte en medios y entonces se establece la destrucción y la muerte.



Salmo responsorial Sal 68, 14 y 17. 30‑31. 33‑34. 36ab y 37 (R.: cf. 33)

R. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Mi oración se dirige a ti, Dios mío,
el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mi. R.
R. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Yo soy un pobre malherido; Dios mío,
tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R.
R. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R.
R. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en e11a. R.
R. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

O bien:

Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R.: 9a)

R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R.
R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.
Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.
R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.
La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R.
R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.
Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que desti1a. R.
R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 15‑20
Todo fue creado por él y para él

Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él.
É1 es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
É1 es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
É1 es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“LA MISIÓN DE LA IGLESIA”

S. Pablo escribe a la comunidad de Colosas y presenta las bases y el fundamento de la fe y de toda la vida cristiana: JESUCRISTO, Él es la transparencia del Padre, creador del cielo y tierra, de todo el universo. Si Cristo es la transparencia del Padre, Él es anterior a todo lo que existe y en Él todo cobra sentido, ya que todo lo que existe ha sido creado para que se realice el plan que Dios Padre tenía desde la eternidad, por lo tanto, Cristo está por encima de todo lo que existe y es el principio y el fin de todo el universo. Por tanto, despreciar o prescindir de Cristo es oponernos no solo a nuestro propio destino, sino al mismo sentido de nuestra existencia.
Si Cristo es todo eso, la iglesia, que es su cuerpo, de la que Él es la cabeza, está en el mundo para hacer la misión que Él tiene encomendada por el padre: “Reconciliar consigo todas las cosas… trayendo la paz”.
También sería bueno que de vez en cuando nos planteáramos todos, como miembros de la iglesia, en qué empleamos nuestros esfuerzos, cuáles son nuestros objetivos principales, en torno a qué nos movemos, en qué se nos distingue en el mundo… porque si no es en, para y por aquello por lo que Cristo la instituyó, no solo no tiene sentido su existencia, como tal iglesia, sino que se convierte, incluso, en obstáculo para el reino.


Aleluya cf. Jn 6, 63c. 68c
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.


EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 25‑37
¿Quién es mi prójimo?

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
—«Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»
É1 le dijo:
—«¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»
É1 contestó:
—«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»
É1 le dijo:
—«Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»
Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse. preguntó a Jesús: —«¿Y quién es mi prójimo?»
Jesús dijo:
—«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayo en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó‑ de largo.
Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo:
"Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»
É1 contestó:
— «El que practicó la misericordia con él.»
Díjole Jesús:
—«Anda, haz tú lo mismo.»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“EL CAMINO A LA VIDA ETERNA”

La pregunta que el maestro de la ley le hace a Jesús no tiene sentido en alguien como él, que debe ser quien dé la respuesta a los que no tienen posibilidad de estar instruidos en las leyes.
La pregunta es propia de alguien sencillo del pueblo y es fundamental: ¿qué hay que hacer para alcanzar la vida eterna? Pero un maestro de leyes debe saber esto. Se trata de saber el sentido que tiene la vida actual y la eterna o, dicho de otra manera ¿qué sentido tiene la esperanza?
Pero ya lo indica el evangelio: el maestro de leyes intenta poner una trampa a Jesús y al final es él mismo quien cae en ella, pues Jesús le revuelve la pregunta y lo deja al descubierto pidiéndole que conteste lo que dice la ley.
El fariseo, cuando se da cuenta que ha sido cogido en su intento, al dar él mismo la respuesta a lo que ha preguntado, se queda al descubierto su intención maliciosa de poner una trampa a Jesús, entonces intenta arreglar la cosa haciéndole otra pregunta: ¿Quién es mi prójimo? Quiere saber si se trata de aquellos que pertenecen al pueblo de Israel o son otros, los extranjeros, los inmigrantes, los de otras religiones… y vuelve a empeorar el asunto, pues el que es maestro de leyes no puede ignorar estas cosas, ya que la escritura lo dice bien claro: Lv. 19,33-34; Dt. 10,19: “Si un inmigrante se instala en vuestra tierra, no lo molestaréis; será para vosotros como un nativo más y lo amarás como a ti mismo”
Por si no recuerda bien estas cosas y no las tiene bien claras le escenifica la respuesta con un ejemplo en el que lo involucra y le hace definirse; Jesús termina diciéndole dónde se tiene que ubicar para dar cumplimiento a eso mismo que él enseña.
En la parábola acentúa dos cosas que deben quedar bien claras:
1º: Su prójimo no está mediatizado por la raza, la lengua, la religión, la ideología, la situación
personal. Su prójimo es la PERSONA, eso lo entiende hasta el más ignorante, hasta el samaritano que ellos despreciaban.
2º- Prójimo no es quien yo elijo y lo hago “Mi prójimo”, sino quien se acerca a mi, porque está necesitado de mi ayuda, eso no lo elijo yo ni lo marcan mis reglas; a mi me toca compadecerme de su dolor; se trata de ponerme en su puesto y hacerle lo que a mi me gustaría que me hicieran, si es que me encontrara en su situación.
Por tanto, volviendo a la pregunta inicial: la vida eterna la conseguirá aquel que tiene las cosas muy claras:
-Ser cristiano no es responder a una serie de ritos, por los que se es capaz de prescindir de la persona, con tal de que el rito sea perfecto.
-ser cristiano es aquel que no le da rodeo a las necesidades del que se encuentra hundido y se acerca a él sin preguntarle quién es.
- Es Iglesia de Cristo aquella que se plantea constantemente su conversión y no su renovación litúrgica.
-Es cristiano aquel o aquella institución que hace del amor no un mandato, porque no se puede amar por obligación, sino que en la base de la educación pone como fundamento el amor, de tal manera que nace como algo espontáneo y natural, es que no se puede ser de otra manera, tal como lo hace Jesús o Dios Padre.
- Ser cristiano es andar por la vida teniendo el MAOR como el único principio de existencia, es un estilo concreto de vivir en donde el prójimo tiene un puesto en la vida, a quien se le trata por principio con misericordia.
Ante la pregunta: "¿Qué he de hacer para entrar en la vida eterna?", Jesús se lo deja muy claro: él es maestro de leyes; pues el asunta no consiste en “saber” muchas leyes, muchas normas…mucha doctrina, sino en amar y realizado el amor de forma práctica, que lo sienta la gente, no en teorías bonitas. Jesús lo dejará todavía más claro en la parábola del momento final en el que nos hemos de encontrar con el Rey: no nos van a examinar del catecismo ni vamos a defender ninguna tesis doctoral: se le denominará “benditos” y no “licenciados” a todos aquellos que estuvieron al lado del que se encontraba en necesidad (Mt. 25, 31-46) aunque no supieran a quien lo estaban haciendo.