martes, 29 de junio de 2010

DOMINGO XIV DEL T. ORDINARIO -C-



PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 66, 10‑14c
Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz
Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis,
alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto.
Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.
—Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz,
como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados.
Al verlo, se alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos florecerán como un prado;
la mano del Señor se manifestará a sus siervos.»
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“LA ILUSIÓN NO ES BASE PARA LA ESPERANZA”

El pasaje que nos presenta la liturgia de hoy está enmarcado al final del libro de Isaías. Todo el libro ha venido manteniendo la esperanza del cumplimiento de una promesa de liberación. El pasaje corresponde al tercer Isaías, es decir: el pueblo ha vuelto del exilio de Babilonia (año 587-539 a.C.) y la alegría, el gozo, el consuelo… le hacen soñar, pero poco a poco empiezan a chocar con la realidad, pues se dan cuenta que hay que reconstruir todo lo que se había destruido: todo el tejido religioso y social; aquel desierto en el que habían vivido se había convertido de repente en un jardín, la entrada triunfal en la Jerusalén Nueva de los caps. 40-55 resulta que no es algo que se nos va a dar hecho como algo caído del cielo, sino que es algo que tenemos levantar, es algo que hay que hacerlo, lo que soñamos tenemos que construirlo y ahí empiezan a encontrarse con todos los hechos, las actitudes, los detalles de la gente que son desilusionantes que llevan al desánimo y a la decepción.
Se dan cuenta que los enemigos y las dificultades no están fuera, sino que permanecen dentro del pueblo y que son los mismos que hacen que retrase el cumplimiento de la promesa. Llega, incluso el momento en que gente siente la tentación de pensar que Dios no está en el pueblo, que los ha abandonado.
En medio de esta situación, Isaías apoya su esperanza en todos aquellos que han puesto su vida al servicio de la causa, porque Dios no los abandona y Él se ha comprometido con ellos.

Salmo responsorial Sal 65, 1‑3a. 4‑5. 16 y 20 (R.: 1)

R. Aclamad al Señor, tierra entera.
Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre;
cantad himnos a su gloria;
decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!» R.
R. Aclamad al Señor, tierra entera.
Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R.
R. Aclamad al Señor, tierra entera.
Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente. R.
R. Aclamad al Señor, tierra entera.
Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica,
ni me retiró su favor. R.
R. Aclamad al Señor, tierra entera.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 6, 14‑18
Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús

Hermanos:
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino una criatura nueva.
La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.
En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“SER PERSONAS NUEVAS”

Venimos leyendo la carta de S. Pablo a los Gálatas en la que ha venido dando todas las razones y argumentos que sostienen el sentid nuevo que tiene todo y que ha llenado su vida y la dimensión de libertad que ha adquirido con Cristo muerto en rescate de todos y resucitado.
Ahora hace una síntesis de todo lo que ha venido diciendo y acentúa la idea la idea central de toda la carta: Jesús es el único que nos da la salvación; solo Él nos ha liberado de todas las leyes, por tanto, la cruz de Cristo es el único y supremo signo y referente de liberación.
Ya no importa estar o no circuncidado, pues la “circuncisión” ya no es signo de nada; de lo que se trata ahora es de aceptar a Cristo y vivir como una nueva creatura, esa es la única carta de identidad y pertenencia al nuevo pueblo.


Aleluya Col 3, 15a. 16a
Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza.


EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 1‑12. 17‑20
Descansará sobre ellos vuestra paz,

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
—«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios."
Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios."
Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»
Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:
—«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
É1 les contestó:
—«Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“NO ES TIEMPO DE DISCUSIONES

El “camino” de Jesús es la “Subida a Jerusalén” donde entregará su vida; ahí va a parar, a concluir todo. Es en la subida cuando Jesús instruye a sus discípulos y les dice con lo que se van a encontrar al final.
El evangelista narra el camino que tiene que seguir la iglesia y todo cristiano: somos enviados por Él y nuestra vida es también una subida a Jerusalén, al calvario, para poder llegar a la resurrección; es, ni más ni menos, que realizar lo que en el bautismo está prefigurado y establecido: “Morir con Cristo para resucitar con Él” este es el verdadero camino de Cristo y de la iglesia; el cristiano no puede pensar en otra cosa.
Cuando S. Lucas presenta la misión de los doce en el cap. 9,1-6, este fragmento es un paralelo del otro, que recoge y amplia lo que ya había dicho antes.
En el cap. 10 los enviados son 72 recordándonos el grupo de los 70 ancianos del antiguo pueblo de Israel en el Sinaí (Ex. 24) a quienes se les dio el Espíritu que tenía Moisés, que a su vez representaba los 70 pueblos de la tierra -de lo que se conocía-
Lo que S. Lucas quiere mostrar a la comunidad es que el reino de Dios estaba destinado a todos los pueblos de la tierra y el evangelio es la clave y el fermento de esa unidad universal que Dios desea.
Jesús presenta la misión: “La mies es mucha”, está dispuesta para la siega, se necesitan obreros, ya ha llegado el momento, no podemos perder el tiempo…
Es el tiempo de la siega; después de Cristo no podemos andarnos ya con tonterías y disquisiciones dulcificando y enmascarando la verdad, tampoco podemos andar contemporizando con la mentira, la injusticia, el odio… de forma que el reino de Dios pueda ser confundido con otra cosa.
Y Jesús los envía y les da poder y autoridad para que realicen su misión: curar a los enfermos y expulsar a los demonios, es decir a todo lo que esté quitando la paz y la alegría entre la gente. La otra cosa será decir a la gente que Dios está cerca, que Él quiere que vivan felices y en paz. Ellos deben hacer lo que le han visto hacer a él; curar a las personas y mostrarles la cercanía de Dios.
La iglesia no tiene otro sentido de existencia que éste y cada vez que no aparece con claridad su cometido, sino que aparecen otras cosas, se convierte más bien en obstáculo para que el reino de Dios sea sentido como algo real y presente. Es un momento interesante para que nos preguntemos todos, si nuestras vidas y, sobre todo, nuestra práctica religiosa, está orientada a esta misión que Cristo deja a su iglesia.

O bien más breve:

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 1‑9

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
—«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa". Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.
No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios."»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

¿POR QUÉ NOS HEMOS OLVIDADO?

Juan Bautista fue enviado para que fuera por delante preparando el camino del Señor, Ahora Jesús envía a 72 para que vayan también a las aldeas donde iba a ir Él, para que fueran preparando el camino; los envía de dos en dos, pues siempre una noticia atestiguada por varios tiene mucha más fuerza que si la da uno solo y, de esa manera, también podrán apoyarse el uno en el otro; les da unas normas de cómo han de llegar a la gente: no les pide que vayan como suelen hacer los maestros de la ley, los filósofos o los mismos esenios: con un bastón para defenderse de los perros o de la fieras y hasta de los posibles enemigos. No, ellos han de presentarse en todo momento como gente de paz y de bien, que donde lleguen la gente sienta que está con personas buenas, de confianza. Les pide que no lleven alforja, se supone que para meter lo que les den, como hacen los mendigos; ellos no son mendigos, aunque confían en la bondad de la gente a la que prestan un servicio: curándola, llevándole la paz y la alegría, que es lo que los ha de distinguir del resto de gente que llega.
Les pide que se presente como gente pobre y sencilla: sin sandalias, sin dinero, sin túnica de repuesto, como van los pobres, identificados totalmente con ellos, como lo han visto siempre a Él, no les dice que lleven ningún otro distintivo, sino que sus personas sean “reflejo” del reino que llevan y que anuncian: que el que se los encuentre, sienta que se ha encontrado con el reino de Dios.
Constantemente me pregunto: ¿Qué ha pasado para que cambien tanto las cosas, hasta el punto que se ponga tanto énfasis en formas, distintivos, actitudes… que Cristo mismo desechó, mientras olvidamos otras que Él mismo estableció?