martes, 5 de mayo de 2009

DOMINGO -V- DE PASCUA -B-


PRIMERA LECTURA


Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 26‑31
Les contó cómo había visto al Señor en el camino

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.
Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús.
Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.
La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“LAS FORMAS DE DIOS”

Dios actúa de forma incomprensible: a Pablo le hace cambiar radicalmente y de forma estrepitosa, de tal manera que le va a resultar un problema dificilísimo el poder integrarse en la comunidad; podría haber muchas formas de hacer las cosas, por ejemplo: haber ido cambiando poco a poco, de manera que le diese tiempo a la gente a ir viendo el cambio y al mismo Pablo de haber podido ir digiriendo la experiencia, pero no. Pablo va con toda fuerza en contra de Cristo y de golpe tiene un fuerte tropezón que lo deja mirando para el lado contrario y si más preámbulos tiene que presentar como blanco lo que ayer estaba presentando como negro. Fue costoso para todos el convencerse que no era una estrategia de infiltración lo que estaba queriendo hacer, para tener más información, a todos los niveles y destruir la iglesia.
Pablo necesitó que alguien creyera en él y lo presentara a la comunidad, dando testimonio del cambio que había dado en su vida.
Pero esta experiencia de cambio radical afianza por otro lado los prejuicios en aquellos que lo han conocido: cuando lo ven actuando con radicalidad, inmediatamente se sienten agredidos aquellos que andan en la mediocridad y automáticamente saltan diciendo: “Míralo, con todo lo que ha hecho y ahora se vuelve intransigente…” Puede servirnos como ejemplo lo que ocurre con aquellos que han sido fumadores y cortan radicalmente y luego insisten en que otros abandonen el tabaco. Pablo se ve incluso amenazado en su vida, pues no le aceptan, en el fondo, el cambio.
Es exactamente lo que sigue ocurriendo entre nosotros: nos marcan nuestros pecados, más no nuestras buenas obras: son los fallos los que determinan la imagen que se han fraguado de nosotros, imposibilitando el que podamos dar un cambio en nuestras vidas, dejándonos anclados en el arrecife de nuestros antiguos pecados.
La constancia, la franqueza, la fuerza, la autenticidad que Pablo le pone a su vida y a todo lo que hace y dice, junto con la fuerza del Espíritu Santo, serán los que hagan vencer todas las barreras y lo que hará que posibilite que el Espíritu Santo realice la gran obra de la expansión que se llevará adelante con la persona de Pablo.


Salmo responsorial Sal 21, 26b‑27. 28 y 30. 31‑32
R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R/.
R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R/.
R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
Me hará vivir para él,
mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R/.
R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.


SEGUNDA LECTURA
Éste es su mandamiento: que creamos y que amemos

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 18‑24
Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“SER EXPRESIÓN DE DIOS”
La experiencia de encuentro que Juan ha tenido con el Maestro es algo que escapa a todos los moldes de expresión para poder comunicarla; él solo encuentra una palabra con la que puede dar forma a todo lo que ha vivido: AMOR. Dios es AMOR y Jesús es la personificación del AMOR; esto lo repetirá hasta la saciedad, hasta el punto que, estando ya en sus últimos días, un discípulo le preguntará: “Maestro, ¿Por qué nos repites siempre lo mismo?” A lo que Juan contesta: “Es que no hay otra cosa”.
Efectivamente, no hay otra forma de vivir y ser feliz, sino amando y sintiéndose amado y esto es ya la garantía de vivir en Dios, de participar de la salvación que Cristo nos ha traído.
Esta realidad no se trata de discursos hermosos y de palabras bonitas sobre el AMOR, sino de acciones concretas inspiradas en Cristo; esto será lo que diga quiénes somos, pues el árbol se conoce por sus frutos, por tanto, cualquiera podrá evaluarnos, no por lo que decimos, sino por lo que hacemos, pues ningún árbol bueno puede dar frutos malos… Pero ¿Y si los da? Será una señal clara de que el árbol no es bueno, está dañado.
Juan tiene también muy claro que el AMOR no es una fuerza ciega natural, sino que proviene del Espíritu Santo, es una manifestación divina, por tanto, no es algo que esté al alcance de las fuerzas del hombre, si es que no tiene la ayuda del Espíritu; es por lo que el mismo Jesús dirá: “sin mi no podéis hacer nada”
De ahí se deriva que, quien se deja conducir por el AMOR, por la VERDAD, por la JUSTICIA, por la PAZ es una persona en la que habita Dios y en ella se manifiesta con sus acciones la gloria de Dios, pues éstas serán el cumplimiento de los mandatos de Dios y su vida no es más que una manifestación viva de ÉL.
Todo esto que en un razonamiento lógico parece evidente, se complica a la hora de la puesta en práctica y la lógica aparece como algo ilógico, pues no concuerda con la lógica del mundo y resulta imposible el poder casar la muerte con la vida, el amor y la solidaridad con el egoísmo, el individualismo y la indiferencia; la mentira y la corrupción con la verdad.


Aleluya Jn 15, 4. 5b
Permaneced en mí, y yo en vosotros
-dice el Seño-C;
el que permanece en mí da fruto abundante.



EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1‑8
El que permanece en mi y yo en él, ése da fruto abundante

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-“Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros,
si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.”
Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

“LA TENTACIÓN DE SER INJERTO”

Jesús utiliza la imagen de la vid que todo el mundo conoce y que en la cultura de Israel representa siempre el pueblo elegido por Dios, Israel, cuyo viñador es Yahvé, que lo ha adquirido y para la que se ha convertido en “cepa” sobre la que se enganchan todos los sarmientos y de la que reciben toda su vida y su fuerza.
Es imposible vivir, dar fruto, sentirse unido al resto de sarmientos si es que no se está unido al tronco.
No se entiende que un sarmiento enganchado a la cepa sea infecundo o dé un fruto distinto al resto de sarmientos, pues está enganchado en la misma cepa, que es la que transmite la fuerza y la vida, el mismo Espíritu.
La experiencia del pueblo de Israel es nefasta, pues no ha dado uvas sanas y limpias, sino agrazones, habiendo cuidado el Señor su viña con todo el cariño y esmero. Incluso la viña se ha rebelado en contra del viñador cuando le ha pedido las cuentas de los frutos.
Jesús recoge esta imagen de la tradición profética y ahora la aplica a la nueva realidad que se abre con Él, la Nueva Alianza con el Nuevo pueblo que nace de su sangre: Cristo se presenta como la “Cepa” Nueva y presenta las expectativas que tiene Dios con esta nueva viña que es su iglesia, la humanidad. Él se presenta como la “Cepa” de vid e invita a cada uno a engancharse en Él para dar los frutos del reino; quien permanece unido a Él podrá dar frutos, pero quien se arranca de Él, se seca y molesta a la vid. Quien permanece en Él dará los mismos frutos que Él ha dado, que son los que el Padre quiere; y la gloria del Padre consistirá en los frutos que den los sarmientos.
Para que estos frutos sean limpios, sanos y abundantes, el “viñador (el Padre) cuida su viña y la limpia, la poda y le corta los sarmientos que no dan fruto… Esta obra de purificación la va haciendo con su Palabra que ilumina y orienta la forma de actuar de cada hombre.
Pasando la imagen que pone Jesús y traduciéndola a nuestra comunidad y a toda la iglesia, vemos claramente que nuestra vitalidad de cristianos no viene de ninguna otra fuerza ni de otra realidad, como puede ser la cultura, el dinero, el poder, el prestigio y hasta las mismas normas…la vida de la iglesia nace de la unión a Cristo; nuestra savia es el Espíritu de Jesucristo resucitado que es el que nos da ilusión, fuerza, coraje…aquello mismo que hizo que los primeros cristianos fueran capaces de cambiar los esquemas del mundo en donde vivían.
Pero¿ qué nos pasa hoy? En nuestras comunidades nos perdemos discutiendo cómo se debe ser, qué estrategia seguir, hasta dónde se puede llegar, cómo celebrar, cómo evangelizar…Y todo se queda en palabras, en teorías, en normas, en moralismos…pues hemos llegado a aceptar como válida la frase: “soy cristiano pero no practico” es decir: puedo seguir enganchado en la cepa, pero no quiero dar uvas y me siento con todos los derechos que pueda tener el primero, y de esa manera, cada uno se hace su religión a su medida… Es decir: hemos concebido una iglesia formada por sarmientos, secos, ahogando la cepa, muertos; dando como resultado una iglesia folclórica, ritualista, sin compromiso por el cambio de realidades corrompidas, una iglesia que se acomoda a todo, una institución que expende servicios y que pone en tela de juicio cualquier otra cosa que suponga un compromiso con la vida.
El mismo Jesús lo dijo: “quien no come mi carne y bebe mi sangre no tendrá vida” y no hay otra forma de de hacer que corra la misma savia si no es estando unidos a la “vid” y esto ha de ser en contacto con su palabra, meditándola, llevándola en el corazón, haciéndola parte de nuestra existencia y estando abiertos a su llamada. Pero el hecho es que Cristo no cuenta en el proyecto de vida de una gran mayoría.