martes, 26 de octubre de 2010

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría 11, 22—12, 2
Te compadeces, Señor, de todos, porque amas a todos los seres

Señor, el mundo entero es ante ti como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra.
Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan.
Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado.
Y ¿cómo subsistirían las cosas, si tú no lo hubieses querido?
¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado?
Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.
Todos llevan tu soplo incorruptible.
Por eso, corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“UN AMOR A TODA PRUEBA”

Hay algo que choca frontalmente con nuestra manera de hacer: cuántas veces ocurre que llegamos a decir: “Si yo fuera Dios o yo tuviera en mis manos el poder para hacer las cosas, cambiaría de un plumazo la realidad” y nos quitaríamos de en medio a todos aquellos que, según nuestros esquemas, no responden a lo que pensamos y deseamos. Esto lo estamos viendo hasta la saciedad en todos aquellos que llegan a un nivel de poder, en el ámbito que sea, y barren con todo lo que había, no dejando en pie cualquier cosa que pueda tener relación con el anterior que estuvo en el cargo.
Dios, en cambio, da la sensación de que ni existiera, pues todo va lento, nada parece que cambia o si lo hace es con una lentitud inapreciable. Pero resulta que así es el ritmo de la vida entera: nada se ve, nada se precipita, pero todo va creciendo sin ruidos y sin grandes espavientos. Dios respeta y deja plena libertad incluso para que hagamos el mal, como si no le importara, y es que para Dios, lo que realmente cuenta y le interesa es el hombre pues quiere que el pecador se de cuenta de su camino errado, se convierta y cambie.
Por tanto, no es que a Dios no le importe la creación o el daño que el hombre va haciendo a todo aquello que El ha hecho y se lo ha regalado al hombre para que sea feliz, ¡claro que le importa! Esa creación es el hábitat, la casa donde el hombre ha de vivir, lo que le ocurre es que, por encima de todo, le importa el hombre que es lo que le da sentido a toda la creación.
El autor del libro de la Sabiduría intuye esta dimensión y ve como la bondad y la paciencia de Dios, que podría destruirlo todo y barrerlo de un solo golpe, se convierte en amor que “juzga con mansedumbre y gobierna con indulgencia” para que el pecador pueda encontrar la oportunidad de arrepentirse y cambiar.
Si existen los enemigos de Dios es porque su amor abarca a todos los hombres y no solo a su pueblo y los deja que vivan para que puedan encontrarlo y sentir que los quiere.
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Salmo responsorial Sal 144, 1‑2. 8‑9. 10‑11. 13cd‑14 (R.: cf. 1)

R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Que todas tus criaturas te den gracias,
Señor, que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R.
R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la 2ª carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 11 ‑ 2,2
Que Cristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él

Hermanos:
Pedimos continuamente a Dios que os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; para que así Jesús, nuestro Señor, sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.
Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“LA TENTACIÓN DEL DESÁNIMO”
S. Pablo se dirige por segunda vez a la comunidad de Tesalónica, dándole gracias porque se siguen manteniendo firmes, a pesar de todas las dificultades y los contratiempos que están existiendo, pues hasta están llegando a la comunidad cartas falsas que perturban y confunden a la gente, diciendo que vienen de parte de él sosteniendo cosas que nunca ha dicho, con lo que se pone en peligro la unidad.
Ante este problema, Pablo les pide que se mantengan firmes y seguros en lo que oyeron de sus labios, que eso no ha cambiado, y no se dejen llevar de los sensacionalismos alarmistas que están llegando y se están metiendo aunque digan que es él quien lo está diciendo.
Él les ha mostrado un Dios Padre lleno de amor, tal como Cristo nos transmitió y no un Dios vengativo, lejano y justiciero. Eso es lo que deben creer y mantener como doctrina segura y en lo que han de centrar toda su esperanza y su identidad.
Frente a los rumores que andan de que se va a terminar el mundo, les invita a dejar de pensar en esas cosas y a que se impliquen en la lucha por ir cambiando cada día este mundo, a pesar de las dificultades que van apareciendo y a no evadirse, cayendo en la tentación de dejarse evitando todo esfuerzo, pensando que ya no vale la pena trabajar ni seguir luchando; hacer esto no es cristiano, pues la glorificación de Jesús viene por la implicación que el cristiano toma, por establecer el reino de Dios incluso teniendo que llegar a la cruz, si es que fuera necesario.


Aleluya Jn 3, 16
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único. Todo el que cree en él tiene vida eterna.


EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 1‑10
El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.
Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
—«Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.»
É1 bajó en seguida y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
—«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»
Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor:
—«Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»
Jesús le contestó:
—«Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»
Palabra del Señor

REFLEXIÓN

“EL DIOS QUE NOS ESPERA”

Zaqueo es uno de los excluidos por la ley, un enemigo del pueblo y de Dios, un despreciado como traidor y apátrida vendido a los romanos… sin embargo, en el corazón de Zaqueo pervive el deseo de encontrarse con Dios y vivir en paz con Él, el deseo de ser tenido como persona, de ser aceptado y respetado en la comunidad…
Es interesante tener en cuenta algo que incide en este pasaje: Jericó es el signo de la liberación que Dios hizo a su pueblo: Josué rodeó sus murallas y las derribó, dando la victoria final del éxodo al pueblo. En Jericó se va a dar también la derrota de Jesús, el nuevo Josué, que va a realizar lo que aparentemente es imposible, tanto como el que entre un camello por el ojo de una aguja y es que un rico despegue su corazón de las riquezas y se salve.
Jesús lo consigue de Zaqueo: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.». en Jericó se presenta también la derrota al peor de los enemigos del hombre: la avaricia y la codicia que representan el culto a Mamón.
En el encuentro con Jesús, Zaqueo abre su casa y su corazón a los pobres y al perdón, a la reconciliación y a la justicia.
Sin embargo, vuelve a quedar en el aire la otra realidad que ya exponía en la parábola del hijo pródigo: el hermano mayor, el bueno, el que cumplía al pie de la letra la ley, no entró a la fiesta, no se quiso reconciliar, ni abrió su corazón a su hermano, sino que se quedó juzgando al padre y al hermano.
Aquí también los justos, los buenos, los cumplidores, de la ley se quedaron fuera criticando al ver que Jesús se ha acercado a Zaqueo y éste ha abierto su corazón a Dios.
La propuesta sigue estando en pie: ¿Quién está dispuesto a bajar las barreras, a sentir y reconocer su pecado y aceptar que Dios es un regalo para todos?
El reto de Jesús sigue siendo fuerte para todos y, fundamentalmente a la iglesia a la que le invita a seguir presentando el rostro de Dios “amor incondicional”, “acogida total” “escucha sin límites”

miércoles, 20 de octubre de 2010

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Eclesiástico 35, 12‑14. 16‑18
Los gritos del pobre atraviesan las nubes

El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor, y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“DIOS ES JUSTO”

El autor del libro del Eclesiástico, teniendo presente la sabiduría del pueblo que muestra con contundencia algo que se muestra tan evidente como la luz del sol y es que Dios es justo y no favorece a unos perjudicando a otros, ni deja pasar por alto las injusticias que causan daño a otros y, sobre todo si es que son pobres.
De la misma manera, Dios no tolera el atropello de los débiles y se pone siempre a su lado, ni deja de escuchar a los justos. Estas son verdades que no se pueden ni olvidar ni dejar aparcadas a un lado, pues son la base de nuestra esperanza y el pueblo ha de tener siempre presente.
Al final termina diciendo que la justicia de Dios no puede borrarla nadie y no cesa hasta que se realice, es decir: -con palabras nuestras- “la vida no se queda con nada de nadie y al final, cada cosa se pondrá en su sitio”.
Pero el problema se da cuando nosotros queremos poner las cosas en el sitio que creemos y entonces entramos en la misma dinámica del mal, respondiendo con la misma moneda, ahí ya no es la justicia la que funciona, sino la fuerza y la violencia dando siempre como resultado que el pez grande se come al pequeño.

Salmo responsorial Sal 33, 2‑3. 17‑18. 19 y 23 (R.: 7a)

R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R.
R. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6‑8. 16‑18
Ahora me aguarda la corona merecida

Querido hermano:
Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente.
He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.
Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.
La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió. Que Dios los perdone.
Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león.
El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo.
A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“LA DIDELIDAD AL CARISMA ORIGINAL”

S. Pablo hace una confesión de su vida a su amigo Timoteo, cuando se encuentra la final de sus años: Pablo tiene el presentimiento que las cosas han llegado a su fin y lo expresa utilizando dos imágenes muy interesantes: la primera la coge de lo que suele hacerse en el culto: su vida ha sido sacrificada por la causa de Jesús, no ha sido por algo inútil, sino por una causa noble y lo ha hecho sabiendo lo que hacía: es una carrera que él ha hecho, en la que ha puesto su vida y se siente orgulloso de haber corrido bien la carrera, de haber llegado a la meta manteniendo intacto el mensaje que se encomendó.
Reconoce también que no se ha sentido solo: el Señor ha estado a su lado dándole las fuerzas que necesitaba para resistir el combate, pues ha supuesto una lucha fuerte contra todos los elementos.
Compara su vida con la de Jesús y ve que ha seguido los mismos pasos: ha sido traicionado de la misma manera que lo fue Jesús: “La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me asistió”

Aleluya 2 Co 5, 19
Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 18, 9‑14
El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:
—«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
"¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo."
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo:
"¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador."
Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“YO NO SOY COMO ESOS”

El pasaje de este domingo, que todos nosotros conocemos como la parábola del fariseo y el publicano, más que una parábola, que pudiera servir de referente para una comparación, es la narración de un hecho real que se daba a cada momento quitándole los nombres y apellidos. De alguna manera viene a completar lo que nos decía el domingo pasado sobre la necesidad que tenemos de confiar en Dios para poder acercarnos a Él
Hoy nos presenta la foto de lo que a diario podemos encontrar: nos muestra dos personajes que viven dos situaciones distintas y que, por tanto, interiormente tienen sentimientos distintos frente a Dios.
Estas dos imágenes tienen una traducción perfecta en nuestros días y pueden servir de narración para hoy casi con las mismas palabras.
1º- Aparece el fariseo, que la sociedad, la ley, la estructura, la religión… lo han colocado en el marco de los “buenos” y él responde de acuerdo al papel social que se le ha impuesto: según la ley, por fuerza, obligadamente Dios ha de estar en deuda con esa estructura social, los pertenecientes a ella tienen asegurada la salvación y por eso, allí delante, frente a frente, casi de tú a tú le saca a relucir para que no se le vaya a olvidar todo lo que hace: “Yo ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo… yo no soy ladrón ni injusto, ni adúltero…” por tanto, casi le exige a Dios que esté agradecido y, por eso mismo, se atreve a juzgar al otro: “Yo no soy como ese publicano”
El 2º personaje es el pecador, el publicano, el excluido y despreciado por todos; la ley lo considera un enemigo del pueblo, un ser despreciable. Delante de Dios, aunque siente que su conciencia no le reprocha, pero intuye que Dios está con los otros y no se atreve a dar un paso hacia delante, se queda atrás, en un rincón, sin atreverse ni siquiera a ponerse de pie, se queda prosternado, con la vista al suelo, golpeándose el pecho y pidiendo a dios que tenga compasión de él y lo perdone, sabiendo que todo lo que reciba, incluso la atención de Dios, no es más que un rtegalo del amor y de la misericordia de Dios, a lo que él no le queda más remedio que responder de la misma forma.
Al contemplar esta imagen no podemos evitar el traer a la escena, lo mismo que lo hizo Jesús, lo que a cada momento estamos haciendo: desde mirar y medir a la persona con el código de derecho, sin acercarnos a su vida, a su realidad… hasta terminar diciendo, no solo a Dios, sino a los cuatro vientos: “Yo no soy como esos” y haciendo el mismo juicio que el fariseo.

martes, 12 de octubre de 2010

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Éxodo 17, 8‑13
Mientras Moíses tenía en alto la mano, vencía Israel

En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín.
Moisés dijo a Josué:
—«Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el bastón maravilloso de Dios en la mano.»
Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; mientras Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte.
Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía baja, vencía Amalec. Y, como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado.
Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol.
Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“SERÉIS SAL Y LUZ PARA EL MUNDO”

Moisés es el hombre que está en contacto con Dios, que permanece fiel a su amistad y esto le convierte en el intercesor y el intermediario entre Dios y el pueblo. Él es el que el pueblo elige para que se dirija a Dios, porque el pueblo tiene miedo de encontrarse cara a cara con Dios. Al mismo tiempo, Moisés se convierte en el intermediario a través del cual Dios se comunica con el pueblo.
La misión que Dios ha encomendado al pueblo es dura y difícil, sin Él será imposible que la pueda llevar adelante. La actitud de Moisés va a ser clave en el éxito o en el fracaso del pueblo
La imagen de Moisés con los brazos levantados expresa de alguna manera el hecho de mantener la línea abierta con Dios: mientras ésta se mantiene así, el pueblo triunfa, el momento en que decae o se cierra, el pueblo se viene abajo, se desconcierta y es vencido.
En el mundo en que vivimos la iglesia es la figura que ocupa el puesto de Moisés en el nuevo pueblo; de la fidelidad a Dios, a su mensaje y a su amistad va a depender el triunfo o el retraso que pueda sufrir la implantación del proyecto de Jesús que es el reino de Dios.
Pero la iglesia no es un “ente” abstracto sino una realidad concreta que se expresa en cada comunidad particular, en cada individuo; de nuestra fidelidad a Jesucristo va a depender la credibilidad de su mensaje.

Salmo responsorial Sal 120, 1‑2. 3‑4. 5‑6. 7‑8 (R.: 2)

R El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R.
R El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa el guardián de Israel. R.
R El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche. R.
R El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
El Señor te guarda de todo mal, el guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre. R.
R El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3, 14 ‑ 4,2
El hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena

Querido hermano:
Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación.
Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.
Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“ ES NECESARIO TENER CLARO EL ORIGEN”

S. Pablo parece estar preocupado del peligro que puede haber de tergiversar las cosas y cambiarlas por otro mensaje que no sea el de Jesús, pues en definitiva sería apostar por otro proyecto que nos llevaría a la muerte.
Ya en el cap. 2º le recuerda a Timoteo lo que por nada del mundo debe permitir que se cambie, pues en la fidelidad a ese mensaje está la certeza del triunfo y, ahora, de nuevo vuelve a insistir en la fidelidad al mensaje original, que es el fundamento de todo, para lo que encuentra en la sagrada escritura argumentos, razones e ideas “para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud;” a quien lo necesite.
S. Pablo sabe que está siempre constante y presente la charlatanería de aquellos que lo embrollan todo: los falsos profetas que destruyen la unidad y la paz dentro de la comunidad, pues para ellos el único interés es destruir el rebaño.
Por todo ello, Pablo invita a Timoteo que no deje que esto se rompa y por eso le pide que no cese de exponerlo a tiempo y a destiempo, pues de su escucha y puesta en práctica va a depender la salvación, que es el éxito o el fracaso del proyecto de Jesús.
Ante esta llamada fuerte que nos hace la Palabra de Dios, es imposible sustraerse y volver la vista hacia otro lado ante la gran cantidad de cosas que seguimos manteniendo y que no se corresponden con el mensaje del evangelio, sabiendo que, en definitiva, es lo único que queda ante la vista de las gentes, de ahí que la imagen que la iglesia presenta en tantas ocasiones y la que queda en la retina de la gente, no sea justamente la que predicó Jesús, sino un “apaño” religioso que deja mucho que desear.


Aleluya Hb 4, 12
La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 18, 1‑8
Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
—«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
"Hazme justicia frente a mi adversario."
Por algún tiempo se negó, pero después se dijo:
"Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara."»
Y el Señor añadió:
—«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»
Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

¿CUANÁNDO LLEGARÁ EL MOMENTO?

S. Lucas está siempre atento a mostrar con fuerza aquellos rasgos que caracterizan la realidad de Dios entre los hombres hasta el punto que no se pueden dejar de tener en cuenta a la hora de hablar de Dios, como es la misericordia, la acogida, y en este caso de hoy la escucha: Dios siempre está atento a las necesidades y situación del hombre, aunque éste se encuentre de forma inadecuada: cuanta gente que no va a la iglesia para nada, la liturgia le trae sin cuidado, pero en el fondo de su corazón está convencido que sólo Dios es su único asidero y vuelve la vista a Él en los momentos duros de la vida…
Pienso en esas chicas que han sido arrolladas por el sistema, que se dejaron llevar y a la hora de la verdad se han quedado en la cuneta de la vida, sin trabajo, sin defensa de ningún tipo, burladas, sin familia, con un hijo… ¿Cómo no va a escuchar Dios su llanto?
Pienso en el padre de familia que honradamente trabajaba para sacar su hogar adelante y de golpe, a una edad avanzada se encuentra sin trabajo, con hijos para educar, sin recursos y sin posibilidades de ningún tipo…¿Cómo podemos imaginar que Dios permanezca indiferente a su dolor y a su impotencia?
Aparentemente el pasaje de hoy viene a decirnos la importancia que tiene la oración, cosa que es verdad, pero lo que fundamentalmente muestra, es la actitud de Dios con respecto a quien se dirige a Él: Dios atiende la súplica, o cualquier cosa que el hombre le plantea y para que lo entendamos, lo hace contraponiendo el modelo del juez inicuo que, a pesar de ser un hombre injusto, ante la insistencia de quien no le importa para nada, accede a escucharle, para quitarse la molestia. Pues si él, que siendo injusto lo hace, para quitarse de encima la carga, cuánto más lo hará Dios para quien le importamos y ocupamos el centro de su corazón.
Esta convicción es fundamental para sostener nuestra fe: de la misma manera que un niño siente la seguridad en su padre, aunque en muchos momentos el niño pide cosas intranscendentes o inadecuadas y el padre le da aquello que realmente le hace bien, aunque el niño no se lo haya pedido, y busca siempre para él lo mejor, sin tomarle en cuenta las pataletas y los enfados al hijo.
Dios nos invita a que no perdamos la confianza, que estemos seguros que él está a nuestro lado y cuando ya el hombre esté decidido a dejarle un espacio Él ha de jacer justicia. La pregunta que nos queda a todos es siempre la misma: ¿Cuándo llegará ese momento?
Pero también late en el aire otra pregunta que es la misma de Jesús: ¿Cuándo llegue ese momento, habrá gente que lo quiera reconocer? Basta recordar los leprosos del domingo pasado: solo uno fue capaz de reconocerlo.

miércoles, 6 de octubre de 2010

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 14‑17
Volvió Naamán al profeta y alabó al Señor

En aquellos días, Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el
profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de
la lepra, como la de un niño.
Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo:
—«Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de
Israel. Acepta un regalo de tu servidor.»
Eliseo contestó:
—«¡Vive Dios, a quien sirvo! No aceptaré nada.»
Y aunque le insistía, lo rehusó.
Naamán dijo:
—«Entonces, que a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de un
par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos
ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor.»
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“ABRIRSE A LA PRESENCIA DE DIOS”

El relato que nos presenta el libro de los Reyes con la figura de Naamán puede orientarnos en la comprensión de varios aspectos: el 1º es el “bautismo”, el 2º es el significado del milagro.
El hecho es el siguiente: Naamán, es el ministro del ejército de Aron, enemigo mortal de Israel. Una de sus esclavas, que era hebrea, ante la enfermedad de la lepra que le ha caído, aconseja a su amo que vaya a Samaria a visitar a Eliseo, un profeta de Israel que, en nombre de Yahvé, cura a los enfermos.
La propuesta para Naamán es fuerte, pues esto significa ir a arrodillarse ante el enemigo para pedirle un favor y reconocer que la verdad está en Israel.
Naamán se opone rotundamente a la propuesta, pero ante la realidad de la lepra que lo devora no le queda más alternativa: o baja su cabeza y somete su orgullo, o se muere con su lepra. Al final accede a presentarse ante Eliseo; cuando éste le dice que vaya a lavarse 7 veces al Jordán, cree que se están burlando de él, pues le cuesta creer que algo tan simple le pueda devolver su salud, ¿acaso en Siria no hay ríos más importantes que el Jordán? Y contrariado decide volverse; entonces, por consejo de sus siervos, sigue las ordenes de Eliseo y obtiene el gran regalo de un cambio radical en su persona: se le limpió la lepra y su piel se renueva completamente quedando como la de un niño.
Esta es exactamente la acción del bautismo: el hombre es sanado desde lo más profundo de su ser y restablecido como una criatura completamente nueva.
Naamán sale decidido a no adorar a nadie más que a Yahvé y su vida estará siempre en su presencia, por eso se lleva la tierra de Israel, pues sabe que Dios habita en esa tierra.
Por otro lado –como decíamos al principio- el acontecimiento presenta las características propias de lo que es un milagro: Dios se manifiesta de forma gratuita y su presencia produce hechos sorprendentes, que hacen que sea reconocida su presencia, cosa que produce un cambio radical en la vida. Pero esta acción puede ser anulada en cada persona dependiendo de la actitud que tenga. De hecho Dios se manifiesta constantemente y se están produciendo hechos sorprendentes, pero no todo el mundo los ve, ni los interpreta, ni los acepta como presencia de Dios y, por tanto, tampoco estos hechos cambian la existencia del que no los ve.

Salmo responsorial Sal 97, 1. 2‑3ab. 3cd‑4 (R.: cf. 2b)

R. El Señor revela a las naciones su salvación.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.
R. El Señor revela a las naciones su salvación.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.
R. El Señor revela a las naciones su salvación.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad. R.
R. El Señor revela a las naciones su salvación.


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 8‑13
Si perseveramos, reinaremos con Cristo

Querido hermano:
Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David.
Éste ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.
Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna.
Es doctrina segura: Si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“VIIVIR AMANDO”
S. Pablo le recuerda a Timoteo algo que es innegociable y que por nada del mundo puede perder: él es transmisor de un mensaje que ha recibido y lo ha de hacer a costa, incluso, de la persecución y de la muerte, tal como le ocurrió a Jesús y como él mismo está sufriendo.
Para tener fuerzas y enfrentar el reto, le invita a que mire a Jesús y a nadie más; se cerciore y reconozca que resucitó, pues Él es el anunciado por los profetas. Ha de quedar claro que Cristo es la Palabra de Dios, que nadie puede encadenar con ningún interés, que Él es la expresión máxima del amor y de la fidelidad.
Si nos unimos a Él, si seguimos sus pasos, si morimos con Él, correremos la misma suerte de resucitar con Él.
Morir con Cristo es vivir amando, pues amar es darse, entregarse, para que el otro crezca y sea feliz “el grano de trigo que se entierra y se pudre para que nazca una espiga”.
Sufrir con Cristo es vivir en solidaridad con el mundo y con los hombres para que en ellos se realice el reino de Dios, por tanto, situarse en esta lucha es participar ya del triunfo que Cristo ha obtenido, pero en cambio, si lo negamos, si lo traicionamos, le estamos planteando lo que en justicia le pedimos que haga con nosotros.
De todas formas, aunque nosotros lo neguemos, o le hagamos lo que queramos, Él también lo va a hacer y lo que Él hace es ser fiel a si mismo: al Amor, a la Verdad, a la Justicia… porque eso es ÉL y no puede negarse a sí mismo.


Aleluya 1 Ts 5, 18
Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 11‑19
¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
—«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»
Al verlos, les dijo:
—«Id a presentaros a los sacerdotes.»
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
—«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»
Y le dijo:
—«Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»
Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

“RECONOCER EL BIEN QUE SE NOS HACE”

Sabemos la mentalidad del pueblo de la Biblia sobre la enfermedad: Dios es la Vida, si ésta se deteriora es porque hemos actuado en contra de Dios y la enfermedad es la manifestación del pecado que hemos cometido.
La lepra era considerada como un castigo grave, de forma que, el leproso era un maldito de Dios y de la sociedad, por tanto, quedaba marginado de todo y recluido a vivir fuera de la ciudad, sin poder acercarse a nadie.
Jesús va de camino a Jerusalén y se le acercan 10 leprosos, a la distancia que marcaba la ley y, a gritos, le piden: “¡Ten piedad de nosotros”! Esta era la súplica que todo judío piadoso le dirigía a Yahvé para que se acordase del pobre.
Los leprosos se atreven a decirle a Jesús lo mismo, pues saben que nadie más que Dios puede librarlos de lo que les ha caído ya que la ley, que es la última instancia, los rechaza y los condena, por tanto no tienen salvación.
Jesús realiza la sanación total: les sana la “ofensa” que pueden haber hecho a Dios y que es la raíz de la enfermedad y les indica que vayan al sacerdote para que compruebe que están limpios y de esa manera puedan recuperar también la dignidad que la ley les ha quitado y puedan recuperarla junto con su ciudadanía..
Cuando van de camino se dan cuenta que han quedado limpios, con lo que comprueban que Jesús es el Mesías Esperado y anunciado en todos los profetas, pero tan solo uno vuelve a dar las gracias por el regalo recibido y Jesús muestra su decepción al ver cómo responde su pueblo, representado esta vez por los 9 leprosos que no han sido capaces de reconocer el bien que se les ha hecho y el cariño que Dios les tiene: el que ha vuelto es un extranjero, los otros que son judíos parece que se lo merecen todo, el hecho de pertenecer al pueblo parece que les da todos los derechos, hasta el de ser ingratos y desagradecidos, el creerse que son superiores a todo el mundo, que son los mejores, que no le deben a nadie nada…
Esta es la actitud de mucha gente que ha perdido por completo el sentido de la gratuidad. Lo estamos viendo a diario cómo es considerado una estupidez el sentido de compasión y de gratuidad y se sustituye por la desconfianza y los prejuicios hasta el punto que no nos fiamos de nada ni de nadie.
Jesús rompe el esquema establecido por las leyes: se detiene, escucha. Deja que se le acerquen, los atiende gratuitamente y les sana de raíz interior y exteriormente.

viernes, 1 de octubre de 2010

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Habacuc 1 2‑3; 2, 2‑4
El justo vivirá por su fe

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches?
¿Te gritaré: «Violencia», sin que me salves?
¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?
El Señor me respondió así:
«Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido.
La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará;
si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse.
El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.»
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN
¿HASTA CUÁNDO?... ¿POR QUÉ?
Las palabras del profeta podemos trasladarlas perfectamente al momento que vivimos: ¿Quién de nosotros no se hace constantemente las mismas preguntas?: ¿Hasta cuándo, Señor, va a seguir todo esto? ¿Por qué da lugar Dios a que ocurran las injusticias que se vienen dando?
No me refiero a las catástrofes naturales, pues la naturaleza sigue su ritmo natural que a lo sumo responde cuando se le agrede queriendo cambiarlo; nos referimos a lo mismo que se refiere el profeta: “¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?”… la maldad que realizan los hombres.
Es, en definitiva, la pregunta por la causa del mal en el mundo y la pregunta por la aparente actitud de desinterés e indiferencia por parte de Diosa quien nos dirigimos ante la injusticia, pero vemos que Dios permanece en silencio, se hace el sordo y deja campar a sus anchas a los malhechores.
Pero Dios rompe el silencio aparente y le hace ver claro al profeta invitándole a escribir para que quede constancia ante su pueblo de que no es indiferente a lo que ocurre, que está bien atento y que no ha de dejar las cosas sin su respuesta.
Únicamente hay algo que no debemos olvidar: nuestro tiempo no es el de Dios, ni nuestros esquemas son los suyos, pero su justicia es inapelable y cada uno pagará lo que ha hecho, la vida no se queda con nada de nadie.


Salmo responsorial Sal 94, 1‑2. 6‑7. 8‑9 (R.: 8)

R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R.
R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 6‑8. 13‑14
No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor

Querido hermano:
Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio.
No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero.
Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios.
Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas y vive con fe y amor en Cristo Jesús.
Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN
“EL SILENCIO DE LOS BUENOS”

S. Pablo previene a Timoteo ante los ataques que puede sufrir: ser testigo de Jesús y de su reino le va a suponer enfrentarse justamente a aquellos que son contrarios y la tentación de bajar la guardia, de no complicarse, de no ofrecer resistencia, va a ser constante.
Es la misma situación nuestra en la actualidad: frente a los ataques, a los insultos, a las barbaridades que se proclaman y se gritan a los cuatro vientos, la actitud del silencio y la condescendencia, nos hacen cómplices; pero lo grave no está en no querer entrar en debate, lo peor es que, al final, el silencio es signo claro de la participación consciente y la aceptación del mal en la práctica. Podemos poner un ejemplo que nos escenifica lo que decimos: frente al robo descarado y el saqueo al pueblo de los políticos… ¿quién no los imita haciendo sus chanchullos? Así, todos somos cómplices en mayor o menor grado de una corrupción generalizada.
Pablo le pide a Timoteo que no condescienda y que mantenga siempre su cara y sus manos limpias, para poder dar un testimonio claro de Jesucristo, es que de otra forma el “testimonio” puede convertirse en una burla.
El gran problema que muchas veces tenemos los cristianos es justamente éste: que tampoco tenemos nuestras manos limpias y, lógicamente, cada uno nos convertimos en una especie de mancha que va ensuciando el rostro de la iglesia.


Aleluya 1 P 1, 25
La palabra del Señor permanece para siempre;
y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 5‑10
¡Si tuvierais fe...!

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor:
—«Auméntanos la fe.»
El Señor contestó:
—«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera:
"Arráncate de raíz y plántate en el mar."
Y os obedecería.
Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice:
"En seguida, ven y ponte a la mesa"?
¿No le diréis:
"Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"?
¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado?
Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid:
"Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer."»
Palabra del Señor.

REFLEXIÓN

“DEJAR LIBRE EL ESPACIO A DIOS”
En el cap. 17 S. Lucas recoge una serie de “dichos” del Señor sobre diferentes temas y hoy, concretamente, recoge una expresión de Jesús sobre la fe a cuento de la constatación que los apóstoles hacen de la pequeñez de la suya, para acometer la misión que Jesús les ha encomendado; ante este problema que ellos tienen, le piden que les aumente la fe.
Jesús, en lugar de darles la solución, les da una respuesta que los deja desconcertados, pues les dice que una fe pequeñita, sería capaz de hacer cosas imposibles, con lo que los deja fuera de juego, ellos que se creen capacitados y los mejores…
Ellos creen en un montón de cosas, tienen un sistema de creencias perfectamente establecido, sin embargo, algo falla pues no logran dar el verdadero sentido a la vida; y es que no se trata de creer más cosas, sino hacerlo de otra forma
A continuación les hace caer en la cuenta que hay que empezar por algo que es básico antes de pensar en grandezas: cumplir con la obligación que cada uno tiene y gozar con lo que hace bien hecho; no se trata, por tanto, de cantidad de cosas en las que hay que creer, sino en una forma nueva de mirar y de ver las cosas y la vida.
La primera condición que pide Jesús es tener una actitud de profunda humildad y no tener pretensiones, para que a nadie se le suban los humos a la cabeza; a partir de ahí aparecerá clara la disponibilidad a Dios y a dejarle libre el espacio, entendiendo que somos instrumentos en sus manos: el lápiz no se siente orgulloso de lo que ha escrito, ni tampoco dice que lo ha hecho él, debe más bien sentirse feliz y orgulloso porque el dueño se ha servido de él para hacerlo y él ha dado lo mejor que tenía, él solo ha hecho lo que debía.
Cuando esto se da, es cuando estamos capacitados para poder ver la grandeza de Dios en nuestras vidas y en la de los demás, es cuando comenzamos a ver lo que Dios es capaz de hacer a través de nosotros.
Desde esta perspectiva ¡cuánto necesitaríamos pedir a Dios que “aumente nuestra fe” fiándonos de Él y dejando el campo libre de nuestros protagonismos, de nuestro orgullo, de nuestros intereses… para que sea Él quien se exprese.
“Que aumente nuestra fe” y no nos deje confundir ni mezclar en ella intereses particulares de todo tipo que buscan otros fines distintos al evangelio.
“Que aumente nuestra fe” de manera que tengamos una relación distinta con Él y, en consecuencia, con los hermanos.
“Que aumente nuestra fe” para que seamos capaces de contagiar a los demás como lo hicieron todos aquellos que pasaron antes que nosotros y dejaron el entusiasmo por Jesús y por su causa.
“Que aumente nuestra fe”, para que seamos capaces de poner su reino por encima de cualquier otro interés que nos presenta este mundo en el que vivimos.
“Que aumente nuestra fe”, para que no nos dejemos invadir por el ambiente que se propone hacer desaparecer la cruz de la vida y nos convierte en verdaderos fugitivos y en eternos insatisfechos, ya que nuestra ansia de placer jamás se ve saciada.
“Que aumente nuestra fe” para que no nos conformemos con mantener un sistema de “creencias”, sino una actitud de unión y amistad con Jesucristo, de manera que quien se acerque a nosotros se encuentre siempre con Él.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Amós 6, 1a. 4‑7
Los disolutos encabezarán la cuerda de cautivos

Así dice el Señor todopoderoso:
«¡Ay de los que se fían de Sión y confían en el monte de Samaria!
Os acostáis en lechos de marfil; arrellenados en divanes,
coméis carneros del rebaño y terneras del establo;
canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales;
bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José.
Pues encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgia de los disolutos.»
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“EL ESPEJISMO DE LA RIQUEZA”

La liturgia de hoy vuelve con la advertencia del gran peligro que tiene la riqueza al presentarse como la solución al problema de inseguridad que tenemos, haciendo caer al hombre en la trampa de creer que la posesión de riquezas es la solución a la vida, con lo que se convierte en el gran proyecto para el hombre, a costa de la justicia y la solidaridad.
La sociedad del “bienestar” que el domingo pasado denunciaba la Palabra de Dios, vuelve hoy a estar en escena, pues se convierte en un espejismo, ya que está fundamentada en la injusticia y en el atropello de los débiles.
El lujo desvergonzado y sin límites de unos, se convierte en una ofensa y en una provocación al odio y a la guerra para los pobres, a quienes se les roba descaradamente.
Cuando la corrupción llega a los extremos en que se pierde la vergüenza y, descaradamente se roba, es fácil pensar que estalle de un momento a otro la violencia, provocada por los corruptos que terminarán, como dice el profeta: “encabezarán la cuerda de cautivos y se acabará la orgia de los disolutos.»
La pregunta que siempre queda en el aire es siempre la misma: ¿Cuándo tendremos la suerte de que ocurra esto?

Salmo responsorial Sal 145, 7. 8‑9a. 9bc‑10 (R.: 1b)

R. Alaba, alma mía, al Señor.
Él mantiene su fidelidad perpetuamente,
él hace justicia a los oprimidos,
él da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R.
R. Alaba, alma mía, al Señor.
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R.
R. Alaba, alma mía, al Señor.
Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R.
R. Alaba, alma mía, al Señor.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6, 11‑16
Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor

Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza.
Combate el buen combate de la fe.
Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos.
En presencia de Dios, que da la vida al universo, y de Cristo Jesús, que dio testimonio ante Poncio Pilato con tan noble profesión: te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.
A él honor e imperio eterno. Amén.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN”
S. Pablo invita a Timoteo encarecidamente a no entrar en esta dinámica del mundo, a mantenerse, por el contrario, fuerte en el combate de la fe: “te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche”: a ser honrado, limpio… al estilo de cómo lo hizo Jesús que no se dobló ante nada ni ante nadie.
Es que claudicar ante esto, es dejarnos arrebatar el triunfo de la vida eterna por algo secundario, que no tiene más valor que el de un momento pasajero, pero que al final, nos deja vacíos, nos enfrenta a los hermanos y nos hace odiosos a todos.
Entrar en esta dinámica de las riquezas es renegar de Dios, como horizonte supremo del hombre y darle la supremacía al dinero, considerándolo nuestro salvador supremo.


Aleluya 2 Co 8, 9
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 19‑31
Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tu padeces

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
—«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.
Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.
Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó:
"Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas."
Pero Abrahán le contestó:
"Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.
Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros."
El rico insistió:
"Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento."
Abrahán le dice:
"Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen."
El rico contestó:
"No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán."
Abrahán le dijo:
"Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“UNA CARICATURA DEL BIENESTAR”
La parábola que nos presenta hoy el evangelio, es aquella en la que Jesús escenifica la situación de aquellos que quitaron a Dios del horizonte de sus vidas y pusieron la riqueza; con esta actuación, cambiaron todo el orden de las cosas: las personas no importan para nada, no son, ni sirven para otra cosa, que para sostener mis intereses; el dinero ciega la mente y seca el corazón.
En la parábola escenifica esta situación y resalta un detalle que indica hasta qué punto una persona se degrada: lo único que pesa en ella es el dinero, el lujo, el pasárselo bien, ni siquiera la dignidad de su nombre lo sostiene, vemos que es un personaje que no tiene nombre, no es nadie, solo tiene dinero; en contraposición está el mendigo “Lázaro”; además, ha perdido por completo la sensibilidad: “hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.” Indicando que los perros tienen un corazón más sensible que el rico: ellos lamín las llagas, con lo que se las curaban, mientras el rico ni siquiera lo toma en cuenta.
La escena es fortísima: el rico ha establecido ya en vida una distancia infranqueable que le imposibilita acercarse y comprender el dolor del pobre. Su corazón se ha secado y le imposibilita comprender y acercarse al dolor. Lógicamente, él mismo ha abierto el abismo y su vida está abocada al fracaso total, pues cuando quiera acordar, ya no habrá posibilidad de rectificar y tendrá que pagar en justicia todo lo que ha hecho y lo que ha dejado de hacer: “Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre…”, pero ya no hay vuelta atrás, ya no se puede borrar lo hecho, ni posibilidad de hacer lo que se dejó. El abismo que vamos creando en vida se hace cada vez más grande, hasta que se convierte en algo infranqueable. Es la escenificación del que opta por dar la espalda a Dios: automáticamente se pone en contra de sus hermanos y se convierte en un obstáculo para la vida.
Alguien puede estar pensando que hay mucha gente muy buena y humanitaria sin que tenga que confesar a Dios. Yo no conozco a nadie que se haya puesto de espaldas a la VERDAD a la JUSTICIA, al AMOR, y a la PAZ y sea buena persona, cariñoso y solidario con los seres humanos y con el planeta tierra.
Es interesante también observar que al rico no se le juzga por explotador, ni por ser un impío, un antirreligioso… se le juzga porque “ha pasado” del pobre, lo ha ignorado y solo ha pensado en si mismo.
Yo no puedo evitar el grave peligro en el que estamos cayendo en nuestra sociedad en donde parece que se nos quiere vacunar en contra del dolor y no se quiere estar cerca de él porque –hoy decimos- nos traumatiza. Recuerdo en este momento la llamada que me hizo algún padre porque “estaba hiriendo la sensibilidad de su hijo” cuando les puse un video en el que se indicaba la pobreza de otros niños. Una sociedad que promociona los “epulones” y nos aferramos a que tenemos derecho a sostenerla
Por otro lado, la intermediación que pide el rico a Abrahán se hace imposible, pues lo que pide lo tiene, pero están tan ciegos y obsesionados, que ni a un muerto que volviera le harían caso, y es que quien opta por un camino contrario al amor, se va incapacitando para encontrarse con el AMOR, incluso, en el momento en que se diera el encuentro, es muy posible que no se le reconozca

martes, 14 de septiembre de 2010

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Amós 8, 4‑7
Contra los que «compran por dinero al pobre»

Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo:
«¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?»
Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa,
compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones.
Palabra de Dios

REFLEXIÓN

“LA SOCIEDAD DEL BIENESTAR”

El cuadro que dibuja el profeta Amos de la sociedad de su tiempo en Samaria en los días de Jeroboan es perfectamente asimilable al momento que vivimos de una sociedad de consumo que ha llegado a una esquizofrenia colectiva en donde el “tener”, el “consumir”, el “usar y el tirar”, se ha convertido en norma de vida que se aplica a todos los niveles.
Amos es un hombre que llega del campo, donde se las ven y se las desean para poder sobrevivir y se encuentra con una sociedad en la que los pobres no tienen cabida, pues no pueden responder a las demandas; una sociedad en las que las reglas de un juego justo han desaparecido: lo único que interesa es ganar dinero vaciando los bolsillos de los pobres y para ello se utilizan todos los atropellos posibles: trucar las balanzas, bajar los salarios, subir los impuestos, aumentar el precio de las cosas, cambiar la calidad… y este ritmo es tan frenético que ya se ha impuesto sobre las celebraciones de la vida y de la fraternidad del pueblo: están deseando que pase el sábado para vender…
Como podemos ver, es un cuadro perfecto de la sociedad de consumo o del “bienestar” de unos pocos que se monta en la ignorancia y en la ceguera de la masa.
Lógicamente, en un sistema así, los que pagan todos los platos rotos y los que no pueden vivir, son siempre los mismos: los que no tienen capacidad física o económica y para poder sobrevivir se tienen que vender como esclavos y vivir toda la vida juntando dinero para los negociantes.
Como he dicho antes, podríamos hacer una versión del cuadro casi al pie de la letra de los tiempos que vivimos.
Al final queda la sentencia del profeta que sigue teniendo para nosotros un eco especial: “El Señor lo ha jurado, por el honor de Jacob,: nunca olvidaré lo que han hecho”. ¿Es que el sistema que hemos montado está abocado a la ruina y a la muerte? ¡Pues yo creo que sí! Y lo que aparece seguro es que no tiene la aprobación de Dios por más que contemporicemos e intentemos buscarle todas sus bondades.

Salmo responsorial Sal 112, 1‑2. 4‑6. 7‑8 (R.: cf. la y 7b)

R. Alabad al Señor, que alza al pobre.
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R.
R. Alabad al Señor, que alza al pobre.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono y se abaja
para mirar al cielo y a la tierra? R.
R. Alabad al Señor, que alza al pobre.
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R.
R. Alabad al Señor, que alza al pobre.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 1‑8
Que se hagan oraciones por todos los hombres a Dios, que quiere que todos se salven

Querido hermano:
Te ruego, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que ocupan cargos, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro.
Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: éste es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol —digo la verdad, no miento—, maestro de los gentiles en fe y verdad.
Quiero que sean los hombres los que recen en cualquier lugar, alzando las manos limpias de ira y divisiones.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“LA AMISTAD Y LA FIDELIDAD A DIOS”
En momentos anteriores, la liturgia nos presentaba el pasaje del Éxodo 32,7-11 en el que Moisés aparecía intercediendo ante Dios por su pueblo, al que Dios se había escogido y, Dios, por la amistad que le unía a Moisés, depone el castigo que el pueblo merece y está pidiendo con su conducta, pero ante la petición de Moisés, se impone la misericordia por encima de la justicia.
Ahora es Pablo quien le recuerda a Timoteo que la iglesia debe ocupar el puesto de Moisés y hacer de intercesora frente al desvarío de los reyes, de los gobernantes, de los políticos, que están llevando a la deriva al pueblo y, la iglesia, antes de interceder por ella misma, para poder mantenerse en medio del vendaval, debe rogar por los que llevan las riendas, para que se conviertan y ejerzan el ministerio del servicio que el pueblo les ha encomendado y establezcan la justicia entre los hombres.
Para que esto pueda darse, se supone que la iglesia vive la misma condición de amistad y fidelidad que tenía Moisés en el cumplimiento de la norma del Señor. El problema se presenta justamente cuando es la misma iglesia la que necesita de la oración y de la súplica, para mantenerse en la fidelidad; cuando esto se da, entonces se ha perdido, incluso, el sentido de su existencia.


Aleluya 2 Co 8, 9
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 1‑13
No podéis servir a Dios y al dinero

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
"¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido."
El administrador se puso a echar sus cálculos:
"¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa."
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?"
Éste respondió:
"Cien barriles de aceite."
É1 le dijo:
"Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta."
Luego dijo a otro:
"Y tú, ¿cuánto debes?"
É1 contestó:
"Cien fanegas de trigo."
Le dijo:
"Aquí está tu recibo, escribe ochenta."
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado.
Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.»
Palabra del Señor.

O bien más breve:

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 10‑13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
— «El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado.
Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y AL DINERO”

S. Lucas afronta, justamente, el problema que suele darse: los hijos de la luz no son lo suficientemente sagaces, para aprovecharse de los medios que se ofrecen en el mundo, para emplearlos en potenciar, cuidar y cultivar el bien, ser testigos de Dios que es Amor, Justicia, Verdad, Paz y Fraternidad; esto es lo que los distingue de los hijos de las tinieblas y todo lo que encuentran en el mundo, entre otras cosas el dinero, ha de ser instrumento que les ayude a esta tarea, esto lo deja claro Jesús y es de una contundencia total: “No podéis servir a Dios y al dinero”.
Pero la experiencia nos da otra cosa muy distinta, incluso nos afanamos en reinterpretar la expresión de Jesús y buscar otras aplicaciones, de forma que podamos justificar otras vivencias: seamos sinceros, ¿Quién no tiene experiencias referentes a este tema y que, precisamente, contradicen a Jesús?: líos de familia por temas de dinero, de herencias, inquietudes y rencores por temas de dinero que nos han hecho perder las amistades, enfrentamientos sociales que han llegado a convertirse en problemas graves, que han roto la unidad entre los pueblos y entre los vecinos por el dinero; sentimientos de una tristeza enorme, por habernos encontrado decepcionados porque el dinero estaba por encima de la amistad, el cariño que creíamos…
Y constatamos con tristeza que no suele ser, como Jesús dice, en la gran mayoría de los casos, sino que más bien se pierde de vista lo fundamental y nos dejamos atrapar por la codicia, la avaricia y la soberbia y esto va matando nuestro corazón que, al dejarse atrapar por el dinero, va perdiendo la sensibilidad, se vuelve calculador, desconfiado y se endurece ante el dolor de los demás.
El corazón que se deja invadir por la avaricia, la única fuerza que le motiva a vivir es la codicia y establece la dinámica del “TENER”, con lo que nunca se sentirá satisfecho, sin importarle la necesidad de los demás. Esta es la peor de las miserias; en el corazón del miserable no hay espacio para lo gratuito, para la solidaridad: todo se hace por interés, por eso no entenderá jamás el amor de Dios, que es la expresión máxima de gratuidad
Es curioso constatar que no se hable de este tema dentro de la iglesia y estemos tan preocupados de otras muchas cosas, cuando ésta es la clave de un montón de problemas: la gente se separa de Dios, no tanto por convencimientos ideológicos, sino porque se adhiere al dinero y lo pone como principio de la existencia, no cree en la fraternidad.
Cuando la persona pone como objetivo máximo y único el ganar y su vida gira en torno a la consecución del dinero, que se coloca como última y única meta, porque tiene que vivir mejor, porque tiene que conseguir lo necesario para pagar todo lo que se ha puesto como necesidades… el dinero termina quitando la libertad y ocupando todos los rincones de la persona: el amor, la amistad, la alegría, el disfrutar de la vida, el formarse, el celebrar la vida… todo queda supeditado a la consecución de dinero que exige la obediencia absoluta, que solo se le debe a Dios.
Y aunque nos duela y seamos reacios, y no queramos reconocerlo, no nos queda más remedio que aceptar que hemos montado una sociedad y hemos aceptado un sistema en el que Dios no cabe, hemos puesto otro dios supremo al que no queda más remedio que rendirle culto y someternos a él en obediencia suprema. En este sistema no hay posibilidad ni espacio para el Dios Padre que nos trajo Jesús y, lógicamente, tampoco es posible sentir a los demás como hermanos, sino como enemigos o contrincantes.
La llamada que nos hace hoy la Palabra de Dios es fuerte y comprometedora: ¿En qué dios creo? ¿A qué dios sirvo? ¿En qué dios tengo puesta mi confianza? ¿Qué hago por recuperar la libertad, la fraternidad, la alegría, la solidaridad, la paz que me regaló Dios Padre, que me ama por encima de cualquier otra cosa?

miércoles, 1 de septiembre de 2010

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO -C-


PRIMERA LECTURA


Lectura del libro de la Sabiduría 9, 13‑18
¿Quien comprende lo que Dios quiere?

¿Qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere?
Los pensamientos de los mortales son mezquinos, y nuestros razonamientos son falibles;
porque el cuerpo mortal es lastre del alma, y la tienda terrestre abruma la mente que medita.
Apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano:
pues, ¿quién rastreará las cosas del cielo?
¿Quien conocerá tu designio,
si tú no le das sabiduría, enviando tu santo espíritu desde el cielo?
Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“LA VERDADERA GRANDEZA DEL HOMBRE”

El pasaje que nos presenta la liturgia de hoy es la última parte de la oración que hace Salomón, en la que pide a Dios sabiduría y sensatez para poder gobernar a su pueblo.
A parte de ser una composición verdaderamente artística y literaria y de una estilística maravillosa, tiene una profundidad enorme, pues al fin y al cabo está centrada en todo el meollo del mensaje del libro de la Sabiduría: la verdadera sabiduría está en la conexión y armonía que tengamos con Dios; la vida auténtica del hombre está en mantener una relación limpia, clara, transparente e íntima con Dios, de forma que en ella pueda verse sin obstáculos la presencia de Dios
Esta relación con Dios es la oración y esa forma de vivir, es la verdadera sabiduría que llena de sentido toda la vida.
No obstante, hay algo en esa relación: el hombre constata su debilidad y su incapacidad para mantenerse: “Si a duras penas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano…” expresión que podríamos traducir nosotros: “si no somos capaces de orientar nuestra vida y ser felices, ¿cómo podemos tener el cinismo de querer indicarle a Dios y decirle lo que tiene que hacer?”
Es necesario aceptar que solo de la mano de Dios seremos capaces de llegar a algún sitio medio interesante, porque la misión a la que Dios nos invita, trasciende todas nuestras posibilidades y por muchos y grandes que sean nuestros valores no son suficientes para responderle a Dios: “¿Quien conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría?” Sin embargo, frente a la incapacidad del hombre está la grandeza de Dios, que al dejarnos abrazar por Él, su grandeza nos hace grandes.


Salmo responsorial Sal 89, 3-4. 5‑6. 12‑13. 14 y 17 (R.: 1)

R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Tú reduces el hombre a polvo, diciendo:
«Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna. R.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R.
R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón 9b‑10. 12‑17
Recíbelo, no como esclavo, sino como hermano querido

Querido hermano:
Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas.
Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harás este favor, no a la fuerza, sino con libertad.
Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido.
Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano.
Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“EL AMOR HACE MILAGROS”

El pasaje es realmente entrañable y de una profundidad que solo el amor puede dar y es capaz de hacer una transformación de este tipo: Onésimo es esclavo de Filemón y se escapa de su amo robándole, con lo que se exponía a la muerte; se acerca a Pablo, que sabe que es amigo de Filemón y puede ayudarle salvándole la vida.
El amor y el buen criterio de Pablo, expresión de la presencia de la sabiduría de Dios en él, van a hacer que el problema se transforme en un acontecimiento vital y en un éxito: Onésimo recupera su libertad y su dignidad de ciudadano libre, aunque sigue haciendo lo mismo y Filemón va a aprender a mirar las cosas y la gente de forma completamente distinta: “Ahí te envío a Onésimo, es como si enviara mi propio corazón… para que lo recuperes, no ya como esclavo…, sino como un hermano muy querido…”
Desde ese momento, Onésimo se siente como un hombre libre, que actúa, no por sometimiento, sino por amor y Filemón ve a su lado, no a un esclavo a quien puede oprimir, sino a un hombre libre, a un hermano, a una persona como él, con toda su dignidad. El amor ha producido el gran milagro
El mirar las cosas así y cambiar la actitud frente a la vida, fue el gran aporte que Jesús dio a la humanidad y el motor que generó todo un cambio en ella.


Aleluya Sal 118, 135
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, enséñame tus leyes.


EVANGELIO


Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 25‑33
El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
—«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre,
y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso
a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
"Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar."
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“JESÚS ES EL HORIZONTE DEL HOMBRE”

La verdadera sabiduría, signo de la presencia de Dios en el hombre, conduce siempre a la libertad y a la felicidad; dejarnos en manos de Dios para alcanzar lo que por nosotros mismos no podríamos –según la primera lectura- y aprender a mirar y a valorar la vida de otra forma, como hace S. Pablo en la segunda lectura, conducen a la libertad del hombre y en concreto a Onésimo y a Filemón.
Jesús es la máxima expresión de esa liberación: que ni el padre, ni la madre, ni el esposo, ni la esposa, ni los hijos, ni los propios intereses particulares… ni nadie nos la pueden dar ni tampoco podemos permitir que nos la quiten amarrándonos, de tal forma que nos impidan responder a la misión que Dios ha establecido para nosotros y en la que nos vamos a realizar y ser felices.
Decir esto hoy, en un mundo como el que vivimos, en donde por todas partes se nos ofrecen ídolos que presumen tener la clave de la libertad que andamos buscando e intentan captar el centro de interés de nuestras vidas para hacerse nuestros guías; en definitiva vamos buscando cada uno nuestro “dios” para encontrarle sentido a lo que hacemos y por lo que luchamos: dinero, seguridad, títulos, fama, prestigio, poder, tranquilidad… afirmar que Jesús es el objetivo supremo de todo hombre y en donde podemos encontrar la libertad que buscamos y el sentido de lo que hacemos, suena a fanatismo.
Pero independientemente de lo que suene o parezca, la realidad se impone y ahí está. Jesús nos provoca y no acepta otros caminos para el hombre. Esto solo se entiende el momento en que nos atrevemos a seguir incondicionalmente a Jesús.
Sigo pensando que es cuestión de que alguien demuestre lo contrario, pues la realidad nos dice que Él es la manifestación de Dios y el proyecto supremo de toda persona, a esto no se puede renunciar.
Por eso, cuando alguien tiene que hacer un proyecto de vida, tiene que calcular y ver hasta qué punto su proyecto particular, está en consonancia o interfiere lo que Dios le pide o tiene pensado para él pues puede convirtiéndose en obstáculo, y nada puede oponerse al proyecto de Dios, que es en definitiva lo más importante para nosotros, pues no hacerlo nos llevaría a la esclavitud: “quien no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío”

lunes, 23 de agosto de 2010

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 17‑18. 20. 28‑29
Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso.
Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios;
porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes.
No corras a curar la herida del cínico, pues no tiene cura, es brote de mala planta.
El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la sabiduría se alegrará.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“LO QUE HACE GRANDE AL HOMBRE”

La reflexión que el pueblo va haciendo de la vida desde el sentido común, se va percibiendo como la luz que Dios mantiene viva y que manifiesta su presencia dentro del pueblo.
Esta reflexión, desde el sentido común, se convierte en espiritualidad del pueblo que le ayuda a ir creando un esquema moral y ético para poder vivir con sentido y poder descubrir la presencia de Dios.
En el texto que nos trae la liturgia de hoy vemos que presenta un consejo y su puesta en practica llevará, como recompensa un bien. Las dos grandes virtudes que aportarán un gran bien son: la humildad y la generosidad.
La HUMILDAD es la base de la grandeza del hombre pues al reconocerse débil acepta a Dios y lo escucha y Dios lo acoge: “Dios acepta que los humildes lo honren”. Esta actitud hace grande al hombre ante Dios que lo acoge, lo escucha y lo ama colmándolo de su bendición, mientras que al soberbio lo mantiene a raya.
La segunda gran virtud que hace al hombre grande ante Dios y ante los hombres es la GENEROSIDAD, pues en ella demuestra la grandeza de su alma y l su calidad humana y por eso se perdonarán sus pecados, pues cuando Dios ve que alguien se apiada de sus hermanos, Él no se deja ganar en generosidad ya que la misericordia de Dios está por encima de todo.

Salmo responsorial Sal 67, 4‑5ac. 6‑7ab. 10‑11 (R.: cf. 11b)

R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.
Los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor;
su nombre es el Señor. R.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.
Derramaste en tu heredad, oh Dios,
una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra que tu bondad,
oh Dios, preparó para los pobres. R.
R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos 12, 18‑19. 22‑24a
Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo

Hermanos:
Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando.
Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“LA CERCANÍA VITAL DE DIOS”

El autor de la carta a los hebreos parte de una realidad completamente nueva que no tiene nada que ver con lo que hasta ese momento se ha venido viviendo: hasta ahora han venido guiándose a través de signos misteriosos, pero las cosas han cambiado: Dios ha hecho una nueva alianza y se ha hecho visible , cercano, presente en la vida y en la historia del hombre; ya no caminamos en la oscuridad, sino en la certeza: Dios se ha bajado y se ha hecho vida nuestra, por tanto, no es algo distinto y externo a nuestros sentidos, de modo que se pueda tocar, palpar, oír… sino que es algo que se vive, que llena la vida de sentido y de fuerza.
Con Cristo se ha inaugurado esa nueva alianza, esta nueva era que nos hace vivir en un mismo espíritu.
Creer, por tanto, no es ese sentimiento raro, compuesto por el miedo y expectación ante algo incontrolable e impredecible, sino que es un sentimiento lleno de amor, confianza y seguridad ante alguien que tengo la certeza que me ama, me acoge, me entiende y me acepta; no se trata, pues, de algo que se puede tocar, sino de algo que llena la vida., es algo que se vive.
El autor de esta nueva situación es Cristo; por Él podemos llamar a Dios Padre y sentirlo de esa manera; en Él, Dios Padre nos ha hablado y se ha hecho presente; con Él se ha inaugurado una nueva etapa para la vida de los hombres.

Aleluya Mt 11, 29ab
Cargad con mi yugo y aprended de mí —dice el Señor—,
que soy manso y humilde de corazón.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1. 7‑14
El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola:
—«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá:
"Cédele el puesto a éste."
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
"Amigo, sube más arriba."
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Y dijo al que lo había invitado:
—«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»
Palabra del Señor.


REFLEXIÓN

“LA POBREZA, LUGAR PRIVILEGIADO DE LA PRESENCIA DE DIOS”
Ante la lectura del texto de S. Lucas, no se puede evitar el imaginar el momento, pues tuvo que ser tremendamente chocante, hasta el punto que a Jesús le llamó fuertemente la atención pues le hizo sentirse mal: como cuando a uno lo invitan a un sitio donde ves que no encajas en ese marco, pues allí empieza a llegar tipos que se sienten tan importante, que esperan que todos se acerquen a saludarlos y, poco más o menos, hay que darles las gracias porque han asistido. En cambio uno, se siente un pobre hombre de a pie, que no tiene nada de qué presumir ni ostentar y no sabe dónde sentarse, ni al lado de quién hacerlo y, siente el deseo, más bien, de que lo pongan en un rincón, al lado de los sirvientes, pues no se siente parte del cuadro que contiene aquel marco decepcionado, incluso, de que lo hayan invitado..
Jesús no desaprovechó el momento, y cuando le dejaron un espacio para intervenir, no salió contando un chiste para agradarles la velada y quedar como un tipo simpático, ni tampoco se puso a vender sus títulos y su poder, sino que les hizo reflexionar sobre el espectáculo que ellos mismos estaban protagonizando para que se dieran cuenta de lo que realmente es grande y de lo que Dios valora. A la fiesta que da Dios estamos todos invitados, y en ese banquete, que es el que realmente nos debe preocupar, no van a ser los títulos, los puestos, los honores, el dinero… la carta de presentación de los invitados, sino la grandeza de corazón que hayamos tenido, que nos haya hecho sentirnos hermanos y que, al mismo tiempo, se nos pueda sentir como tales.
Esto que lo tuvo tan claro Jesús y que quiso que fuera norma para su iglesia y su comunidad, parece que tiene sus altibajos: en un tiempo parecía que se había olvidado y el Concilio lo volvió a desempolvar, recordándonos que es base fundamental de la iglesia; hubo un tiempo que volvió a estar en actualidad y por todas partes se hablaba en la iglesia: “La Opción por los pobres” pues la voluntad de Jesús está muy clara: “Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos”, es decir, la gente que no tiene relevancia alguna en el mundo, que han sido despreciados, pues eso indica que los que han dado lugar a esta situación no han entendido que Dios es Padre de todos y no permite que entre sus hijos haya “clases”.
Pues esto que estaba tan claro, vuelve otra vez a tenerse oscuro y hasta se considera un lenguaje peligroso el hablar de los pobres, de los lisiados, de los marginados.
Nos resistimos a querer mirar a Jesús en donde Él se ubicó y a ver las cosas desde donde Él las miró, porque el momento que las miramos desde ese ángulo, la realidad cambia radicalmente. Y el día que la iglesia se olvide de mirar desde donde miró Jesús y de ponerse donde Él se puso, ese mismo día ha terminado de ser un signo para el mundo de la presencia del Padre.