jueves, 24 de abril de 2008

-VI- DOMINGO DE PASCUA -A-


PRIMERA LECTURA

Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 8, 5‑8. 14‑17
En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN.

“LA ALEGRÍA, FRUTO DE LA POSESIÓN DEL ESPÍRITU”

El domingo pasado leíamos en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que nos traía la liturgia, que al presentarse una necesidad, la comunidad se reunió y eligieron siete diáconos para que realizaran el servicio de las mesas y pudieran los apóstoles dedicarse a lo suyo; uno de aquellos siete diáconos era Felipe a quien vemos hoy que ha sufrido las consecuencias de la persecución y ha tenido que marcharse a Samaría, tierra despreciada por los judíos, cosa que estaba en el programa de Jesús, pues les dijo que debían ir a Samaría para llevar el evangelio y hasta el último confín de la tierra.
Con la persecución comienza a cumplirse el encargo de Jesús y es Felipe, uno de estos diáconos, el que llega en la huida a Samaría y se encuentra con este pueblo despreciado por los judíos, pero ávido de la Palabra de Dios. Felipe empieza a dar testimonio y “la gente lo escuchaba con aprobación”. El texto termina diciendo que “la ciudad se llenó de alegría” y su gente aceptó a Jesucristo y su mensaje bautizándose. Pasaron a ser seguidores de Jesús, abrieron su corazón a su mensaje.
Al enterarse los apóstoles, que estaban en Jerusalén, enviaron a Pedro y a Juan para que les impusieran el Espíritu Santo, los confirmaran en la fe, ellos eran los garantes de esa fe que había dado Felipe, con lo que los samaritanos quedaban engarzados en la misma fe, en la misma familia, la iglesia, por el mismo Espíritu a través de los apóstoles.
Es la misma dinámica que ha seguido siempre la iglesia hasta nuestros días: las comunidades se extendieron por todo el mundo, pero la fe sigue siendo la misma y la unidad es perfecta, porque es el mismo Espíritu el que la sustenta.
El problema surge el momento en que la “voz del pastor” no se conoce, o el pastor no entra por “la puerta”, es decir: no es el Espíritu de Jesús el que mueve la iglesia, sino otros intereses de poder, de política, de prestigio, económicos o de trastorno de valores (asfixia de carismas por el excesivo protagonismo de los ministros o entender el ministerio como opción de poder y no de servicio) cuando esto ocurre, la división entra en el redil, las ovejas se desconciertan y los pastores ya no se rigen por lo que manda Jesús, cada uno se convierte en “Sumo Pastor” y nadie puede entrar o salir tranquilo porque no sabe a lo que se expone.
Lógicamente esta situación no da lugar a la alegría que caracteriza siempre a la recepción del mensaje y a la posesión del Espíritu. ¡Hace tanto tiempo que se perdió esta alegría en la iglesia!
Se necesita una fuerte revisión para poder recuperar algo que es nuestro y que probablemente esté obstaculizado por habernos apoderado de lo que no nos pertenece y habernos instalado en una situación que no es sostenible entre nosotros.

Salmo responsorial Sal 65, 1‑3a. 4‑5. 6‑7a. 16 y 20
V/. Aclamad al Señor, tierra entera. (o, Aleluya ).

R/. Aclamad al Señor, tierra entera.

V/. Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «Qué temibles son tus obras.»

R/. Aclamad al Señor, tierra entera.

V/. Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres.

R/. Aclamad al Señor, tierra entera.

V/. Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente.

R/. Aclamad al Señor, tierra entera.

V/. Fieles de Dios, venid a escuchar;
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios que no rechazó mi súplica.

R/. Aclamad al Señor, tierra entera.

SEGUNDA LECTURA

Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 3, 15‑18

Hermanos:
Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal.
Porque también Cristo murió una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu.
Palabra de Dios


REFLEXIÓN

“LIBERTAD vs. ESCLAVITUD”

Dice el principio filosófico: “Nadie da lo que no tiene”, eso es verdad. Pero también puede ocurrir –y en el momento en que vivimos se está convirtiendo en algo normal- el que revistamos de una apariencia las cosas y cuando nos acercamos a ellas nos llevamos el gran fracaso, ya que no se trata de SER sino de aparentar y así nos encontramos que hay quienes dan una apariencia concreta para aquello que se necesita en un momento y otra según convenga en otro, más aún en un sistema en el que la vida del individuo está seccionada y dividida en compartimentos estancos de tal forma que, cada uno es independiente y nada tiene que ver con el otro.
La llamada de Pedro a la comunidad tiene hoy una complicación especial: se trata de tener lleno el corazón de Dios para poder darle gloria y al mismo tiempo saber dar razón de lo que siento, de lo que llevo dentro, de mi experiencia y de lo que creo, pero cuando todo está tan diluido, tan seccionado, de forma que no hay una integridad de la persona, entonces la cosa se hace difícil, pues en una cosa podemos ser calumniados y en otra alabados y como ninguna sección tiene que ver con la otra, la postura se complica.
De todas formas, aunque esa sea la propuesta que el mundo presenta frente a la propuesta de integridad que da Cristo, no queda más remedio que apostar y definirse, pues no podemos estar “sirviendo a dos señores” aunque el servir a uno nos acarree el ser sacados de la cancha y no permitírsenos tocar la pelota para hacer nuestra jugada.
Entonces qué… ¿Estamos llamados a recluirnos, a callarnos, a dar por perdida la batalla? ¡De ninguna manera! Los cristianos primeros tuvieron la misma situación y la respuesta que dieron no fue dar por perdida la batalla, sino emprender ellos una nueva, plantear una propuesta frente a la del sistema y dar una razón clara de ella apoyada no solo con sus principios y convicciones, sino con su vida que se convertía en la razón más clara y convincente: la LIBERTAD frente a la ESCLAVITUD.
Se trata de plantear la batalla de la Libertad contra la Esclavitud y aquí no caben medias tintas: no se puede seguir llamando “diplomacia” a la mentira y aguantarse con que la camuflen con otras palabras vg. Al asesinato de un niño se le llama interrupción del embarazo.
Tampoco se puede tolerar y llegar a convencernos que es así la vida y entramos en el juego cambiándole el nombre a la “explotación” por el de negocio o llamarle “tolerancia” a la irresponsabilidad… y nos quedamos tranquilos viendo cómo se impone el disparate por encima de la verdad.
Un cristiano tiene que ser valiente y dar razón de su fe: no puede llamar “AMOR”, que es el principio de su identificación, a dar rienda suelta a la sensualidad que se ha convertido en un verdadero negocio.
Un cristiano tiene que imponerse y demostrar que ser libre no es hacer lo que le viene en gana y, menos aún, llamar sinceridad a la falta de respeto.
La propuesta es clara: mientras el mundo nos propone el vivir desde el TENER el APARENTAR y el PODER, y esto le permite hacer todos esos cambios no solo en el lenguaje, sino en la práctica de la realidad, el cristiano se “planta” a vivir desde el AMOR y desde el SER: su gloria y su orgullo no está en tener ni en aparentar mucho poder para imponerse sobre los demás, sino en SER hermano y solidario con los demás, compartiendo y siendo honrado, caminando de cara a la verdad.
Esta actitud de vida va dando una espontaneidad en la que el hombre se siente libre, y la verdad en la que vive, le da un estilo inconfundible de vida que lo enfrenta inmediatamente a la mentira y a la corrupción, a la que da lugar el sistema de la “esclavitud”.



Aleluya Jn 14, 23
Si no se canta, puede omitirse

Aleluya, aleluya.
Si alguno me ama guardará mi palabra
—Dice el Señor—, y mi Padre lo amará y vendremos a él.
Aleluya.


EVANGELIO

Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor

U Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 15‑21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros.
No os dejaré desamparados, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis, y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama, lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.




REFLEXIÓN

NECISITAMOS EL ESPÍRITU”

Los apóstoles habían vivido una experiencia extraordinaria al lado de Jesús y esto los mantuvo y les siguió dando coraje para continuar caminando. Esta experiencia la fueron transmitiendo y mucha gente quiso vivirla y lo intentó viviendo momentos con mayor o menor fervor. Es lo que ocurre siempre, y cada uno empieza a darle forma a esa experiencia y a querer hacerla “absoluta”: como lo mejor, como lo más grande, lo único… y viene el proselitismo y la exclusión del que no entra por donde yo. Esto ocurre cuando nos olvidamos de Jesús y empezamos a interpretarlo más que a vivirlo.
También suele ocurrirnos una cosa: queremos hacer tan perfecta una cosa que cuando no nos sale como pensamos nos venimos abajo y llegamos al desaliento al ver que no alcanzamos el ideal que queremos; de la misma manera Jesús ha desaparecido del horizonte y nos hemos instalado queriendo hacer absoluta una experiencia, mientras que la experiencia del afecto, del cariño, del respeto y del amor no tiene normas ni complica las cosas, sencillamente vive y basta.
Para el cristiano no hay más maestro que Jesús, pero Él desapareció de nuestra vista, no es posible imitarlo, no queda más remedio que seguir sus pasos y en ese seguimiento nos vienen todas esas tentaciones o dificultades que en ciertos momentos hasta nos pueden desviar del sendero. Necesitamos, como necesidad vital, el que alguien nos vaya recordando que Cristo está vivo, que Él camina a nuestro lado, que tenemos que seguir mirándolo a Él y no a otra cosa o a otra idea que a mi se me antoja. Por eso tenía tanto interés en que se dieran cuenta que necesitaban un “Defensor” para que los cuidara y un “Consolador” para que no se vinieran abajo cuando las cosas no salieran como ellos pensaban.
El Espíritu de Jesús resucitado posibilita que nos mantengamos con el corazón y la mente abiertos para no estancarnos en nada, para no absolutizar en la tierra nada que nos pueda hacer excluyentes, intolerantes e incapaces de escuchar y descubrir por donde puede haber un rayo de luz de la verdad. Esto es imposible si es que no nos guía y nos sostiene su Espíritu.

jueves, 17 de abril de 2008

-V- DOMINGO DE PASCUA -A-

PRIMERA LECTURA
Escogieron a siete hombres llenos de Espíritu Santo

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6, 1‑7

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los apóstoles convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:
No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra.
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Simón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La Palabra de Dios iba cundiendo y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

VOLVER A LA FUENTE”

La lección que nos deja hoy el texto de los Hechos de los Apóstoles es fantástica y de una actualidad enorme, no por su realización sino por su ausencia.
Los apóstoles, en un primer momento se convierten en el eje de las comunidades (de las ecclesias), son ellos los que han estado al lado del MAESTRO, los testigos directos, los mejores interpretes, todo el mundo desea oírlos, hablar con ellos, escuchar de sus labios el mensaje, pues son los que han estado directamente con Jesús. Es la misión principal que tienen: ser transmisores de la experiencia de vida con Jesús, pero a medida que va pasando el tiempo, van surgiendo nuevas necesidades que al ser muchas, van desplazando lo fundamental y cuando quieren acordar están en todo menos en lo que deben estar.
En cuanto existe la necesidad, automáticamente surge también el carisma que capacitará para el ministerio (servicio) que de respuesta a la necesidad. Así fue siempre y no tiene sentido que sea de otra manera.
Los apóstoles no se apoltronan en su autoridad y dejan paso a los carismas para que se puedan solucionar las necesidades de la comunidad y todos son atendidos. “escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra”.
Pero las cosas las hemos cambiado: los carismas ya no responden a la necesidad, ni tampoco el ministerio mira a resolverla. La dinámica ya no es el servicio como expresión del amor que da respuesta a la necesidad de la comunidad.
Es que EL AMOR fue sustituido por la ley y, en consecuencia, la autoridad se convirtió en poder y el ministerio en servicio al poder. Al final, la comunidad, por desgracia, es la última de la fila que tiene que aguantar con lo que venga desde arriba sin que se la tome en cuenta para nada.
Ciertamente, esto se parece bien poco a lo que salió de las manos de Cristo y, en consecuencia es muy difícil que se repitan en estos nuevos esquemas aquello que pertenece a la base y origen de nuestra fe.



Salmo responsorial Sal 32, 1‑2. 4‑5. 18‑19

V/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. (o, Aleluya).

R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como esperamos de ti.

V/. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos; dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.

R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

V/. La palabra del Señor es sincera y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

V/. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

SEGUNDA LECTURA
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 2, 4‑9

Queridos hermanos:
Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
Dice la Escritura:
«Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.»
Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular, en piedra de tropezar y en roca de estrellarse.
Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino.
Vosotros, en cambio, sois, una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que nos llamó a salir de las tinieblas y a entrar en su luz maravillosa.
Palabra de Dios

REFLEXIÓN

“LA ÚNICA Y VERDADERA DIGNIDAD DEL SER HUMANO”

El apóstol Pedro presenta a la comunidad lo que Dios ha hecho: de ser el hombre “algo” que ha perdido todo su valor, lo ha convertido en “alguien” a quien le ha dado la categoría de ser "Hijo" suyo con todas las atribuciones de un hijo. A la comunidad, además, la ha hecho partícipe de algo tan grande como es el poder formar parte del proyecto de Dios de salvación del mundo y cada cristiano bautizado pasa a formar parte de ese templo que mantendrá viva la presencia de la salvación del mundo. De ser “algo” sin importancia, Dios ha constituido al hombre en “alguien” que se levanta por encima de todo lo creado.
Por más que el ser humano quisiera, jamás podría alcanzar a valorar esta dignidad de la que ha sido investido, dignidad que se le ha regalado por Jesucristo. Sin embargo, el hombre sigue queriendo ser el arquitecto de su propia felicidad y sigue despreciando a Dios, quitándolo y hasta considerándolo como el obstáculo que le impide ser feliz.
Al final, siempre le ha pasado lo mismo, desde los mismos comienzos de la humanidad: cuando el hombre desprecia a Dios, que es el único referente de su proyecto de hombre, se destruye a sí mismo y solo volviendo a Él recupera de nuevo su imagen y su dignidad.
Pero también, desgraciadamente, siempre ocurre lo mismo y cada generación repite la misma historia y necesita venirse abajo, morder tierra, para darse cuenta que lejos de Él tiene todos los horizontes perdidos y termina en la muerte y en su propia destrucción. Es justamente lo que Pedro quiere hacerle ver a la comunidad: los hombres por naturaleza tienden a despreciar a Dios porque lo creen su barrera para ser “dioses” y no se dan cuenta hasta que se han perdido que la clave o la piedra angular que sostiene la grandeza del hombre es justamente Dios.
Cuando miramos el momento actual que vivimos en el que vimos que en Europa estorbaba hasta el nombre de Dios en la constitución, ahora lo estamos viendo que se está dando el mismo proceso en todos los países latinoamericanos… como si es que ese fuera el gran problema que impide el respeto entre las culturas, como si el que es el Padre de todos fuera el que está impidiendo que los hombres se respeten y se establezca la justicia y se reconozca la dignidad de sus hijos y se respete la cultura de cada uno… y nadie atropelle lo que es sagrado en cada persona.
Pero como ha ocurrido en cada ciclo de hundimiento de la humanidad, cuando a los hombres les estorba DIOS , es porque la persona ha perdido todo su valor para ellos y se entró en un ciclo de muerte que ya es irreversible. Dios se quita porque estorba para atropellar y destruir la humanidad, pues DIOS es el único que frena al hombre para el mal, pero jamás para el bien.



Aleluya Jn 14, 5

Si no se canta, puede omitirse
Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino y la verdad y la vida
—dice el Señor.
Nadie va al Padre, sino por mí.
Aleluya.

EVANGELIO
Yo soy el camino y la verdad y la vida

U Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 1‑12

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias si no, os lo habría dicho, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice:
—Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde:
—Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.
Felipe le dice:
—Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
Jesús le replica:
—Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre?» ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también el hará las obras que yo hago, y aun mayores. Porque yo me voy al Padre.




REFLEXIÓN

“SER CRISTIANO ES SEGUIR EL CAMINO”

El diálogo de Jesús con el grupo de los apóstoles en un momento en el que se encuentran desconcertados cobrará pleno sentido años después cuando la comunidad se encuentra en dificultades.
Los apóstoles han estado viviendo a su lado poco más de dos años y han podido experimentar algo que estaba fuera del ambiente que había establecido: a su lado habían podido vivir sintiéndose hermanos y amigos, apoyándose unos a otros, sosteniéndose unos en otros, atentos a la vida de los otros… amándose y rompiendo un montón de prejuicios que había montados.
Pero no solo esta experiencia de vida, sino habían aprendido a encontrarle sentido a todo lo que hacían, a diferenciar el bien del mal, a tener un criterio, a descubrir la verdad… es decir, habían aprendido a ser libres, a ser personas. Jesús los había hecho hombres libres. Esta experiencia era irrefutable; a partir de aquí nada era igual.
Jesús no les había enseñado un sistema religioso ni filosófico, como hacían los maestros; les había enseñado un modo nuevo de vivir en libertad.
Cuando muere Jesús y ellos tienen que seguir viviendo, siguen asustados y desconcertados, pero tienen muy claro que no es posible vivir como antes lo hacían y casi por inercia siguen reuniéndose, apoyándose, y viviendo bajo la influencia de Jesús.
Las dos o tres primeras generaciones de cristianos, no tienen conciencia de haber comenzado una religión ni un sistema de nada. Ellos viven de una manera determinada en un ambiente hostil, contrario, y beligerante a todo aquello que pueda suponer el desestabilizar lo establecido por el imperio: no se tolera el que un pobre se declare libre. Ellos se reúnen y a su reunión le llaman “iglesia” que era lo que significaba en griego la palabra (“reunión= ecclesia”)
Cuando ellos tienen que definirse en la vida se dan cuenta que no hay otra forma de vivir en libertad que la que ha dejado Jesús y es ahí donde se entiende aquello que les decía: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, es la única y gran verdad, todo lo demás que aparece en la vida son atajos que no llevan a ningún sitio, son mentiras o verdades a medias que no aclaran nada.
Frente a esto no queda más alternativa que: organizo mi vida en la onda de Jesús y cuentan los demás en mi vida haciéndome solidario, compartiendo alegrías y tristezas, sintiéndome hermano de los hombres y no enemigo, luchando por hacer un mundo más humano en el que quepamos todos y tengamos lo suficiente para vivir, teniendo una actitud abierta y acogedora o me olvido de Dios Padre y me convierto en un individuo excluyente e intolerante que no acepto sino aquellos que son de los míos y entro en la onda del “bienestar y la competición en el tener” buscando mis intereses por encima de la vida de los demás y convierto la existencia en un anticipo del infierno condenado al fatalismo.
Dando un salto de dos mil años hacia delante vemos cuánto han cambiado las cosas: ya no es una experiencia vital la que nos reúne, sino un mandato, ya no es la necesidad vital la que nos empuja a encontrarnos para celebrar, sino una religión que establece unas normas y en la que nos podemos sentir extraños los unos a los otros, pero podemos ser religiosos y hasta se nos permite sentirnos buenos.

viernes, 11 de abril de 2008

IV DOMINGO DE PASCUA -A-

PRIMERA LECTURA
Dios lo ha constituido Señor y Mesías

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2, 14a. 36‑41

El día de Pentecostés se presentó Pedro con los once, levantó la voz y dirigió la palabra:
—Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.
Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
— ¿Qué tenemos que hacer, hermanos?
Pedro les contestó:
—Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor Dios nuestro, aunque estén lejos.
Con éstas y otras muchas razones les urgía y los exhortaba diciendo:
—Escapad de esta generación perversa.
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.
Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“OFERTA GRATIS DE LA FELICIDAD”

Pedro se da cuenta del error tan grave que el pueblo ha cometido y en el que está instalado, hasta el punto de considerar la verdad como una blasfemia y en cambio, acepta el error y la muerte como una posibilidad de salvación.
Lo que ha acontecido con Jesús es la prueba más fuerte de la equivocación en la que están y lo que Dios ha hecho con Jesús es la prueba más evidente de la condenación que merecen. Es una generación perversa, que ha pervertido todos los valores, hasta el punto de no reconocer la verdad Pero cualquier instante de la vida es un momento bueno para reconocer y rectificar volviendo a la luz y a la verdad, pues Cristo no ha venido a condenar, sino a recuperar lo que estaba perdido y a salvar.
De todas formas, esto no es una imposición que se establece contra la voluntad de alguien, sino una oferta de salvación que Dios hace, la acogida es completamente libre por parte de cada uno.
Dando un salto hacia adelante y aterrizando en 2008 podríamos actualizar el discurso de Pedro y las denuncias que hace por la realidad que está viviendo: Cristo ha venido a establecer la verdad, la paz, el respeto a la persona, la acogida a los débiles, la dignidad de la persona por encima de cualquier otro valor o interés personal, la libertad basada en la verdad como marco de referencia desde el que se pueden establecer unas relaciones de amistad y fraternidad entre los hombres... y las autoridades, junto con el pueblo, han preferido a un asesino, en lugar de Cristo que ha pasado haciendo el bien; al Cesar que les saca el jugo de sus vidas, la sumisión y la esclavitud antes que la libertad.
Cuando miramos esto, da la sensación que no hubieran pasado dos mil años, pues vuelven a repetirse los mismos esquemas y se siguen teniendo las mismas posturas y se sigue dando la misma perversión de valores hasta el punto de preferir la muerte a la vida.
No obstante, de la misma manera que en el tiempo de Jesús, la oferta está en pie, la acogida es cosa de cada uno.

Salmo responsorial Sal 22, 1‑3a. 3b‑4. 5. 6

V/. El Señor es mi pastor, nada me falta. (o, Aleluya).

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

V/. El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

V/. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan.

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

V/. Preparas una mesa ante mí enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

V/. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.

SEGUNDA LECTURA
Habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 2, 20b‑25

Queridos hermanos:
Si obrando el bien soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios, pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.
El no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente.
Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado.
Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.
Palabra de Dios

REFLEXIÓN

"CON LA CABEZA BIEN ALTA"

Sufrir un castigo por haber cometido un daño es comprensible y normal, puesto que eso es para lo que hemos hecho méritos. Eso se trata de un tema de pura justicia retributiva: "El que la hace, la paga".
Pero se trata de cambiar las cosas, de tener una mentalidad distinta: tú haces un bien y merecías un premio pero en cambio recibes el castigo, y entonces, rompiendo la lógica, en lugar de revolverte contra el que te lo impone lo asumes como la prueba evidente de la fuerza que tienes frente a su sin razón, que queriéndote doblar por la fuerza no consigue quitarte la dignidad, con lo que es en la adversidad donde con más fuerza brilla la libertad y la fuerza del hombre de Dios que a semejanza de Cristo, ni la misma muerte en cruz, que injustamente le impusieron, lograron que Él diera marcha atrás o que se defendiera, con lo que la misma muerte que le dieron se convirtió en la peor de las denuncias que se ha podido hacer a un pueblo y que ha quedado evidenciada a través de todos los siglos como signo de la derrota del que apuesta por el mal y la sin razón.
Pedro coge el ejemplo de Cristo, no como el modelo de aguante, sino como el signo de la victoria que va más allá de la muerte, es la victoria de la verdad y de la justicia que ni la muerte la pueden destruir y es en esa victoria en la que Cristo nos ha vinculado y nos ha dado la libertad suprema.
Por eso sigue manteniendo la misma propuesta: hemos de tomarnos en serio lo que somos y lo que confesamos, hemos de levantar la cabeza y proclamar con orgullo que somos libres, que ni la muerte nos detiene.
Sin embargo, cuando miramos a la realidad que vivimos, observamos con tristeza cómo se ha borrado esta actitud del rostro de la cistiandad y lo que ha quedado es otra cosa: una imagen de derrota, de inutilidad, de beatos, de reaccionarios… algo de lo que nos da vergüenza declarar y confesar públicamente. Y cuando nos acercamos a la práctica, podemos observar que, con frecuencia hay cristianos que no solo no se distinguen de los que no tienen fe, sino que son bastante peores, convirtiéndose en verdadero escándalo para la humanidad.


Aleluya Jn 10, 14

Si no se canta, puede omitirse


Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen Pastor dice el Señor,
conozco a mis ovejas
y las mías me conocen.
Aleluya.

EVANGELIO
Yo soy la puerta de las ovejas

Lectura del santo Evangelio según San Juan 10, 1‑10

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
—Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí sé salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.
Palabra del Señor


REFLEXIÓN

“ANDAR A DOS AGUAS”
El mensaje de Jesús fue claro y tajante, no admite ambigüedades, su radicalidad echó siempre a mucha gente para atrás: “O conmigo o en contra mía”, “El que no siembra conmigo desparrama”, “El que pone las manos en el arado y echa la vista atrás no sirve para el reino”, “El que ama a su padre… mas que a mi no es digno del reino...” etc. Y cuando los mismos apóstoles le dijeron que tenía un lenguaje fuerte, que costaba asumirlo, no dulcificó las cosas y les dijo: “¿También vosotros queréis dejarme? Es que no había vuelta de hoja, las cosas son como son y la verdad no se puede disfrazar.
Sus ovejas son de Él y lo siguen a Él y no a otro pastor; sus ovejas reconocen su voz y no la confunden con la de otro pastor. Sus ovejas no funcionan a dos caras, ni se sienten de dos dueños dependiendo de las conveniencias.
De la misma manera los pastores que quieren pastorear con Él, siguen sus mandatos y sus directrices, van caminando bajo su guía y llevan sus ovejas a dónde Él establece que vayan y no a otro sitio.
Sin embargo, la tentación está acechando constantemente a todos: a pastores y a ovejas: a los pastores porque con frecuencia no son servidores que aman a las ovejas, que hacen del servicio su vida y disfrutan y son felices realizando esa misión, sino que por el contrario, son asalariados que se sirven de las ovejas para sus intereses y, -como decía el profeta Isaías – “se engordan a costillas de las ovejas” Estos pastores, como no les interesa la vida de las ovejas hacen estragos en el redil (estos pastores pueden ser: padres, sacerdotes, políticos, maestros, gobernantes, líderes sindicales o de cualquier otra función) Cuando un pastor llega y no piensa en las ovejas, sino en sus intereses, en su situación, se convierte en el peor de los lobos, es más, en momentos concretos es capaz, incluso de pactar con el lobo para comerse las ovejas a medias. Esto lo estamos viendo con una frecuencia lamentablemente grande.
Pero también está la otra parte: las ovejas, que en lugar de tener una postura coherente prefieren coger el camino de en medio y andan a dos aguas: cuando conviene van de una manera y cuando no, van de otra; en un momento parece que oyen la voz de Jesús y, a la vuelta de la esquina, resulta que se van con otro pastor que les ha ofrecido otro pasto. O lo que es más común: estar confesándose de un pastor y en la realidad estar “haciéndole el agosto al otro” Esta postura es mucho más peligrosa todavía. Si queremos un ejemplo concreto queda perfectamente retratado en Judas: mientras está comulgando en la mesa del Maestro, está pactando con los enemigos para entregarlo.

jueves, 3 de abril de 2008

DOMINGO TERCERO DE PASCUA -A-


PRIMERA LECTURA
No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2, 14. 22‑28

El día de Pentecostés, se presentó Pedro con los once, levantó la voz y dirigió la palabra:
Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice:
Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.

Palabra de Dios.

REFLEXIÓN
A parte de toda la estructura del discurso de Pedro y de su composición literaria, hay algo que resalta a primera vista: Pedro, con los demás compañeros ha vivido una experiencia que le ha dejado marcado: al lado de Jesús él ha visto cómo ha pasado haciendo el bien, curando a los enfermos, acogiendo a todo el mundo, apoyando a los caídos… ha visto y ha estado al lado de Jesús cuando se las ha jugado por la gente que estaba acorralada y ha salido al frente de los que no podían defenderse. Todas esas cosas están fuera de cualquier contemplación o interpretación política y ellos, como respuesta, le han dado la cru; ni siquiera han sido capaces de enfrentarse cara a cara y lo han puesto en manos de paganos, pues no han sido capaces de enfrentarse a la verdad y han actuado no solo de forma criminal, sino como auténticos cobardes.
Esta experiencia vivida a dos niveles: el que ha experimentado con Jesús y el que ha visto en la gente, del que él mismo ha participado negándolo. Esto le ha golpeado tan fuerte que es lo primero que suelta; no se mete en contemplaciones teológicas ni filosóficas, ve como en un cara-cruz la actuación de Cristo y la del pueblo, que también ha sido la suya, lógicamente Dios se ha puesto del lado de Jesús, no podía ser menos, ellos merecen el desprecio de Dios y de los hombres.
Ante esta realidad que grita, no caben excusas ni justificaciones ni pretextos de ningún tipo, lo valiente, lo honrado, lo correcto es reconocer la verdad, que nos hemos equivocado y alegrarnos de que la verdad se imponga por encima de nuestras equivocaciones e intereses.
Pedro no se lanza a hacer demostraciones de ningún tipo, sino a exponer realidades patentes, eso que todos han estado viendo y experimentando y, a pesar de todo, fueron capaces de negarlo y optar por la muerte.
Quizás el grave problema que tenemos la iglesia y los cristianos en general, es la gran preocupación por demostrar la teoría que nos identifica, mientras que Jesús no dejó ningún sistema de ideas ni principios, sino la vida vivida en la entrega del amor y eso no tiene teorías de ningún tipo. Y es por eso que mientras buscamos argumentos y justificaciones, seguimos matando, atropellando y desconociendo a Jesús.

Salmo responsorial Sal 15, 1‑2a y 5. 7‑8. 9‑10. 11

V/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida.
(o, Aleluya).

R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

V/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano.

R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

V/. Bendeciré al Señor que me aconseja; hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.

R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

V/. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena:
porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

V/. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

SEGUNDA LECTURA
Habéis sido redimidos con la sangre de Cristo, el cordero sin defecto

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 1, 17‑21

Queridos hermanos:
Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida.
Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien.
Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

Palabra de Dios

REFLEXIÓN
S. Pedro comienza su carta de exhortación a los cristianos recordando algo que debe estar en la mente de todos como punto de partida: estábamos bajo el dominio del rey de las tinieblas, éramos su patrimonio, le pertenecíamos.
Dios Padre ha querido rescatarnos y arrancarnos de su dominio, ha tenido que pagar un precio y mediante ese pago hemos pasado a ser propiedad suya, dominio suyo, y no pertenecemos al rey de las tiniebla sino a Dios Padre.
El precio que ha tenido que pagar por nosotros ha sido la sangre de su Hijo Jesucristo. Con su muerte ha rescatado al hombre y al mundo del dominio del mal. No puede entenderse que vivamos como si estuviéramos bajo el poder de enemigo, sometidos al mal y a la violencia.
No obstante la experiencia nos muestra que el ser humano prefiere vivir en la oscuridad de la muerte antes que en la paz de la luz y de la vida: los hombres prefieren un sistema de explotación en el que uno aplaste y atropelle a mil, en el que se viva la insolidaridad, el odio, el chantaje, la mentira, la corrupción… y si a alguien se le ocurre decir la verdad o gritar contra ese sistema de muerte, los mismos que lo sufren se revelan, de la misma forma que hicieron con Jesús; es una de las grandes contradicciones del ser humano.
Pedro ve que esta es una especie de fuerza innata en el ser humano e invita a la comunidad a estar alerta frente a esta presión interna que llevamos dentro, pues cuando esto no se controla y no se está muy alerta, con facilidad divide y destruye la comunidad



Aleluya Lc 24, 32

Si no se canta, puede omitirse

Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, explícanos las Escrituras.
Enciende nuestro corazón mientras nos hablas. Aleluya.

EVANGELIO
Le reconocieron al partir el pan

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 24, 13‑35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
El les dijo:
— ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
— ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?
El les preguntó:
— ¿Qué?
Ellos le contestaron:
—Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no le vieron.
Entonces Jesús les dijo:
—¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?
Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le apremiaron diciendo:
—Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída.
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
—¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once con sus compañeros, que estaban diciendo: Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor


REFLEXIÓN
Constantemente nos encontramos a gente que está preocupada en explicar cómo fue eso de las apariciones de Jesús: ¿se presentó?, ¿no se presentó?, ¿comió?, ¿no comió?, ¿podía comer?, ¿si comía era material?, ¿si lo pudieron tocar?, ¿se podía ver?... y nos empeñamos en establecer un marco demostrativo lo mismo que hacemos con los elementos químicos o con los experimentos de física en el laboratorio, y es que nos cuesta ir un poco más allá.
Cristo no está encerrado en el esquema de un laboratorio de experimentación, de forma que, dándose los mismos elementos, en una persona se produce una reacción y en otra se produce otra bien distinta. El encuentro con Jesús en la fe es algo completamente incodificable e inexplicable, de la misma manera que es inexplicable el que una persona siga amando con locura a otra que la está explotando y haciéndole la vida imposible.
El texto de S. Lucas expresa con toda claridad lo que decimos: los dos discípulos anduvieron todo el camino con Jesús, les fue explicando las escrituras, estuvieron a su lado toda la tarde y fue en un momento cuando se les abrieron los ojos, se dieron cuenta y les desapareció.
Todo siguió exactamente igual: el camino, la aldea, la gente, la mesa, el pan, el trabajo… sin embargo ya nada se veía igual, todo había cambiado de luminosidad, la vida tenía otro sentido, las cosas tenían otro valor, la historia se leía desde otra perspectiva. ¿Qué ha pasado? Es algo que no se puede explicar. Y cada uno le dará la forma que se le ocurre, pero ninguna explicación es capaz de ajustarse a la realidad.
¿Qué es lo que puede ocurrir en la persona que en un momento ve con claridad algo que le hace orientar su vida en una dimensión y jugarse su existencia sin titubear?
¿Qué sentiría y experimentaría Teresa de Calcuta para ver con tanta claridad el rostro de Jesús en cada hambriento que se muere en las calles de Delhi?
¿Qué experimentaría Francisco de Asís que vive una vida placentera y tiene en sus manos todas las posibilidades para vivir a todo tren y lo abandona todo y se dedica a vivir en las más absoluta pobreza?
¿Qué sintieron tantos millones de hombres y mujeres que fueron capaces de dejarlo todo, incluso las cosas más intimas y entregaron sus vidas fascinados por la causa del reino? ¿Es posible que haya tantos locos en el mundo y que a todos les de por lo mismo?
Y los que se llaman cuerdos… ¿Es que son más felices y construyen un mundo en paz y en solidaridad? Porque lo que se ve con mucha tristeza es que resulta una cordura aquella forma que tenemos de ser, actuar y pensar orientadas para el mal y para la infelicidad.

miércoles, 26 de marzo de 2008

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA -A-

PRIMERA LECTURA
Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2, 42‑47

Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

Palabra de Dios.

REFLEXIÓN

“Lo normal se convierte en excepcional”

En un primer momento de la lectura del texto da la sensación de que los apóstoles y los primeros creyentes en Jesús empezaron a hacer cosas raras, pero cuando lo leemos despacio y nos ubicamos en el contexto, las cosas cambian radicalmente, hagamos la prueba a leerlo de otra manera: Los apóstoles y los discípulos, cuando muere Jesús, se quedan desconcertados, fracasados, desilusionados… se quedaron –según el dicho popular- con las patas colgando: sin nada, sin trabajo, sin prestigio, perseguidos despreciados, llenos de miedo, y desconfianza… ¡acabados!
Lo único que les queda, aunque se les hayan venido abajo sus expectativas de poder, era el recuerdo de la experiencia de fraternidad que habían vivido con Jesús, esto, independientemente de toda la sensación de fracaso, ha sido algo que ha merecido la pena. Es como el rescoldo que les queda y que les hace instintivamente volver a reunirse y al hacerlo, sienten que la fuerza de Jesús está allí, que en la comunidad, aunque atraviese un momento difícil, sigue valiendo la pena vivir y es donde únicamente las cosas tienen otro valor, pues con los hermanos el miedo se diluye y el coraje se aumenta.
Y la vivencia comunitaria que siguen llevando por inercia reaviva de nuevo el fuego que había estado a punto de apagarse y allí comienza a tomar de nuevo fuerza todo el mensaje de Jesús. El no ha muerto, sigue presente en medio de ellos, lo sienten que vive en el grupo y cada uno empieza a recordar lo que había dicho el maestro y a sentir que llevaba razón, a verlo con claridad y cada uno empieza a hacer vida todo aquello que le había oído a Jesús, aquellas respuestas que le había visto a Jesús dar a situaciones concretas y comienza a hacerlas suyas… La experiencia vivida con Jesús les hace superar el miedo, levantarse de la caída y enfrentar la situación con una nueva forma de mirar y de valorar las cosas y la vida.
Este cambio radical que se ha dado en ellos va convirtiéndose en una situación que causa extrañeza en la gente que los ve, pues el mundo sigue su ritmo: atropello, injusticia, soledad, marginación, abandono, desidia y desprecio del pobre… esto se ha establecido como algo normal e inevitable, en cambio en ellos, esta situación no la pueden compaginar con lo que han vivido y que ahora no pueden hacer de otra manera: vivir en comunidad, compartir las penas, las alegrías y hasta los bienes, hacer míos los sufrimientos de mi hermano y no quedarme tranquilo mientras otro sufre… Esto se convierte en distintivo de aquellos que se llaman creyentes en Jesús, algo absolutamente normal y lógico que produce desconcierto en un mundo que considera imposible esta vivencia. Y ante esta actitud frente a la vida, dice el libro de los Hechos que “día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.”
El problema nuestro hoy es que no hemos vivido la experiencia de Cristo, no tenemos referente, no queda el rescoldo que se pueda reavivar, a lo sumo no tenemos más que ritos como signo de pertenencia y, lógicamente, no estamos en la situación de los cristianos primeros, sino en la de los judíos piadosos, ellos mataron a Jesús justamente por cuestiones de ritos, pues consideraban a los cristianos ateos y blasfemos, lo mismo que habían considerado a Jesús. Allí donde hay un rescoldo, incluso una situación adversa lo reaviva, en cambio, donde nada existe, hasta la misma comodidad impide que algo nazca.

Salmo responsorial Sal 117, 2‑4. 13‑15. 22‑24

V/. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. (o, Aleluya)

R/. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

V/. Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

R/. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

V/. Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos.

R/. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

V/. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo.

R/. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.


SEGUNDA LECTURA
Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva


Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 1, 3‑9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo.
La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.
Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe —de más precio que el oro que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego— llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo nuestro Señor.
No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él ; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

Palabra de Dios



REFLEXIÓN

“Morir de sed al lado de la fuente”

S. Pedro invita a los creyentes de la comunidad a que no se agobien ni se vengan abajo aunque lo estén pasando mal por el momento que viven, eso es como una tormenta de verano que los va a fortalecer, lo mismo que el fuego purifica y aquilata; ahora se va a comprobar dónde hay una fe verdadera o de puras conveniencias.
La batalla que están librando no se trata de algo que se vive en la oscuridad y sin perspectivas, que nos lleva al desaliento y al abandono porque no se sepa a dónde va a ir a para todo. Hay una certeza infalible: Jesucristo ha resucitado y por su resurrección nos ha devuelto la confianza y ha hecho renacer la esperanza. La muerte no es el final de todo.
Cristo nos ha devuelto la confianza que habíamos perdido al ponerlo todo en nuestras fuerzas, en nuestros proyectos y en nuestros intereses; ha quedado constancia que todo eso no tenía consistencia, vienen al caso las palabras del profeta: “maldito el hombre que pone su confianza en el hombre” pues volverá a caer todas las veces que se presente la dificultad y volverá a repetir los mismos errores.
Nosotros seguimos sintiendo en nuestra carne toda la fragilidad humana: el hambre, la inseguridad, ante el futuro: la vejez. La enfermedad, la soledad, el abandono… situaciones completamente nuestras que nosotros convertimos en verdaderas tragedias. Sin embargo, lo último y lo peor que nos pudiera ocurrir y que es lo que mas tememos: la muerte, eso ha sido resuelto por Cristo y, aunque todo lo intermedio esté en nuestras manos (situaciones de injusticia, el hambre, el atropello…) y no seamos capaces de darle solución, al final, no nos quedará más remedio que aceptar que con toda nuestra sabiduría no fuimos capaces de arreglarlo y fracasamos en la vida al no ser capaces de hacer felices a los demás y, en consecuencia, tampoco nosotros mismos, sabiendo que la batalla definitiva estaba ya ganada. Será algo así como morir de sed al lado de la fuente o morir en la miseria con una fortuna guardada en un banco.



Aleluya Jn 20, 29

Si no se canta, puede omitirse

Aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído
—dice el Señor.
Paz a vosotros.
Dichosos los que creen sin haber visto.
Aleluya.


EVANGELIO
A los ocho días llegó Jesús

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 19‑31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
—Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
—Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
—Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Tomás, uno de los doce, llamado El Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
—Hemos visto al Señor.
Pero él los contesto:
Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
—Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás:
—Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
—¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
—¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.
Palabra del Señor



REFLEXIÓN

“Ni metiendo las manos en las llagas”

La postura de Tomás la repetimos constantemente: “no creo más allá de lo que veo” lo malo es que no hay peor ciego que el que no quiere ver, pues viendo, volvemos a caer cien veces en el mismo agujero y hechos pedazos en la caída, seguimos diciendo que no hemos caído o que han sido otros los culpables o los que han caído. Esta es la historia constante en el camino de la vida.
Y andamos buscando y exigiendo evidencias, pero estamos viendo y constatando que aquellas evidencias que tenemos y que pertenecen a nuestra razón, a nuestros medios, son tan fuertes y reales como las de las manos y el costado de Jesús, pero ante eso cerramos los ojos y exigimos lo contrario, sin querer aceptar que lo contrario no se va a dar mientras no quitemos lo que hemos montado. Por otro lado si las evidencias que pedimos han de ser aquellas que dependen de nosotros, a veces no se sabe que sería preferible si el tenerlas o el quedarse en la completa oscuridad.
Ya hemos metido la mano en la llaga del corazón de la humanidad y estamos constatando la frialdad del desamor, de la soledad, de la marginación, del abandono, de la injusticia, del egoísmo… ¿Todavía no me convenzo que por ahí no llego a ningún sitio?
Ya hemos metido nuestros dedos en las llagas de las manos de la injusticia, del sistema del consumo que produce la miseria y la avaricia en el corazón del hombre y lo deja hecho una piltrafa; ya estamos constatando el dolor y la cruz que se está cargando en millones de seres inocentes a quienes se les priva de sus derechos elementales… ¿Y no me convenzo que ese no es el camino que lleva a la felicidad?¿Qué evidencias necesitamos para convencernos que estamos equivocados?
Estamos de vuelta de todo, pero de todo lo malo que estamos haciendo. Ha llegado el momento en que hemos perdido la ilusión, creemos que ya nos lo sabemos todos, que nada vale la pena, que no vamos a cambiar nada… nos hemos encerrado exactamente igual que aquellos primeros “creyentes” que cuando las cosas no salieron como esperaban, lo dieron todo por perdido y tenemos la tentación de apartarnos y darnos por vencidos
Necesitamos el milagro de que Dios sople de nuevo su Espíritu para que reavive en nosotros la esperanza, la alegría y nos devuelva la paz para salir de esta rutina en la que hemos caído de una vivencia de la fe convencional y vacía, intimista, encerrada, ritual y sin compromiso.

sábado, 22 de marzo de 2008

DOMINGO 1º DE PASCUA


PRIMERA LECTURA
Nosotros hemos comido y bebido con él, después de su resurrección

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10, 34a. 37‑43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
—Hermanos: Vosotros conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

Palabra de Dios.


REFLEXIÓN

“VIVIMOS LO QUE CONFESAMOS”

Los apóstoles habían vivido 3 años con Jesús y fue necesario que perdieran todas las expectativas materiales y políticas que tenían para poder entenderlo: solo cuando la realidad los despertó del sueño y el ansia de poder que albergaban y se dieron cuenta que no había nada de aquello, que a Jesús lo habían asesinado y que a ellos les esperaba la misma suerte, entendieron que el mensaje que Él les había dado iba por otros derroteros.
Jesús había pasado haciendo el bien, curando a los oprimidos y ellos habían estado a su lado, pero lo habían interpretado en otra dimensión, ahora entendían que era porque “Dios estaba con Él”.
Ahora se presentan como testigos de Jesús, como personas que han estado viviendo a su lado, oyéndolo, comiendo y bebiendo con Él. Es de Él de quien quieren dar testimonio y no de otra cosa, de otros intereses, de otros ideales.
Han vivido mucho tiempo distraídos con otras ideas, soñando con otros intereses, moviéndose por otros motivos… Lógicamente, han estado lejos de Jesús, del ideal del reino que les había propuesto; ellos se habían fabricado otro reino, hablaban otro idioma distinto al de Jesús, tenían otros sueños, otras metas… caminaban junto a Él pero cada uno iba a un sitio distinto.
Con la muerte de Jesús se dieron cuenta que su camino, su meta era incompatible con la de ellos y se encontraron solos, desprotegidos, sin perspectivas, defraudados, acorralados y con las manos vacías.
Ahora entendieron aquello que les dijo: “O conmigo o en contra mía”, es que no hay más alternativa y no les quedó más remedio que definirse y el Espíritu del Señor los inundó con su fuerza y su claridad y rompieron todas las barreras y comenzaron a dar testimonio de aquello que habían oído, visto y vivido. Llevados por la fuerza del Espíritu Santo asumen y hacen suyo el proyecto de Jesús.
Los apóstoles parten de algo que es vital: su propia vida: “Nosotros hemos comido y bebido con Él”. La vida es la fuerza del mensaje, cuando falta la experiencia de vida el mensaje se empobrece y nos reducimos a repetir lo escrito por otros, a contar experiencias vividas por otros y llega el momento que ni nosotros mismos nos creemos lo que decimos.


Salmo responsorial Sal 117, 1‑ 2. 16ab‑17. 22‑23

V/. Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. (o, Aleluya)

R/. Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

V/. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.

R/. Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

V/. La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.

R/. Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

V/. La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.

R/. Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

SEGUNDA LECTURA
Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 3, 1‑4.

Hermanos :
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.
Palabra De Dios


REFLEXION

RELIGIOSAMENTE MUERTOS”

S. Pablo hay algo que no entiende, porque no se puede entender: un muerto no puede hacer actos de vivo, sino de muerto y alguien que está vivo no puede de ninguna manera actuar y estar como muerto.
Un muerto solo produce podredumbre, muerte, hediondez… Por el contrario, una persona viva produce alegría, ilusión, cariño, esperanza… y no puede ser de otra manera.
S. Pablo no hace sino, desarrollar un pensamiento lógico: “habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo” Es que no puede ser de otra manera, si hemos muerto al pecado y hemos resucitado con Cristo, ¿cómo puede entenderse que sigamos metidos en el pecado, como si no hubiéramos resucitado? Por pura lógica, si seguimos dando frutos de muerte es que no hemos resucitado y si no hemos resucitado, tampoco hemos muerto al pecado, es decir: hemos anulado en nosotros la muerte y la resurrección de Jesús, estamos muertos.
Quizás no hemos pasado del planteamiento primero de los apóstoles: en tres años ellos no quisieron entender a Jesús, pero nosotros seguimos incluso después de haber venido el Espíritu Santo, nos hemos cerrado a Él, por eso, permanecemos religiosamente muertos, es decir: practicamos ritos pero de muertos porque están vacíos, no tienen vida ninguna, no se celebra la vida.


Secuencia

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla
y, muerto el que es Vida,
triunfante se levanta.

¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?
—A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Amén. Aleluya.



Aleluya 1 Cor 5, 7b‑8ª ( Si no se canta, puede omitirse)

Aleluya Aleluya.
Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así pues, celebremos la Pascua. Aleluya.

EVANGELIO
El había de resucitar de entre los muertos

Lectura del santo Evangelio según San Juan 20, 1‑9.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo:
—Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
Palabra de Dios


En lugar de este Evangelio puede leerse el de la Vigilia Pascual. Cuando se celebra la misa por la tarde, también puede leerse en ella el Evangelio Lc 24, 13‑35, como en el III Domino de Pascua.


REFLEXIÓN

“LA RESURRECCIÓN, UNA APUESTA POR LA VIDA”

Dice el evangelio que “hasta entonces no habían entendido (los apóstoles) la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos”; habían estado ciegos con sus intereses, ellos estuvieron con un proyecto y, con la muerte de Jesús, se les vino todo abajo, no habían entendido que lo que Jesús les planteó fue un proyecto de vida; se trataba de vivir una existencia orientada a la eternidad, el paso por la vida no tiene más sentido que ser expresión visible de lo que viviremos en plenitud en el otro lado.
Pero los apóstoles no fueron capaces de levantar la cabeza y ver más allá de lo que se puede tocar, les costó encajarlo lo mismo que a nosotros nos sigue costando hoy: es curioso ver cómo en la cultura que vivimos huimos del dolor, del sacrificio, y se lucha con todos los medios y con todas las fuerzas para gozar; no se quiere dejar espacio al dolor, al sufrimiento, a la privación.
Desde pequeños se evita que el niño tenga contacto con el dolor, no se le deja ni siquiera ver a los enfermos… se hace de la muerte, del dolor un tabú, sin darnos cuenta que eso es un engaño, pues esa es una realidad que va unida a la vida.
Se quiere asociar la vida con el placer, con la comodidad, con el triunfo, y cuando se acerca el dolor, la dificultad o la muerte, esos enemigos de los que se ha estado huyendo constantemente, todo se nos viene abajo, es decir, no hemos incorporado la muerte a nuestra existencia, no hemos sido capaces de dar el paso más adelante: el dolor, la muerte son realidades inherentes a la vida; la misma vida no tiene sentido si la achatamos reduciéndola al presente, eso es como cortarle las alas y condenarla a la destrucción.
La realidad de Cristo resucitado es la ruptura total de tabúes, de fronteras, de “achatamientos” de reducciones. Es la única fuerza que da sentido a luchar en la existencia, a afrontar las dificultades, a no huir por nada ni de nada.
La Pascua es una explosión de alegría, no porque hayan desparecido los problemas, el hambre en el mundo, las guerras, la infelicidad, el atropello… No, La alegría de la Pascua es porque la resurrección de Cristo ha venido a decirnos que ni todo ese dolor junto puede romper nuestra esperanza, y que gracias a Él merece la pena vivir, luchar y hasta sufrir.

viernes, 14 de marzo de 2008

MEDITACIONES EN LA SEMANA DE PASIÓN



INTRODUCCIÓN

Estos días todo el mundo cristiano celebra el acontecimiento más grande que se ha dado en la historia de la humanidad: la muerte y la resurrección de Jesús.
Para los que no son creyentes y en Él no ven más que un ser humano, su muerte es el prototipo de lo que tiene que hacer un hombre que es coherente con su vida y que es capaz de apostar por un ideal y llevarlo hasta las últimas consecuencias
Jesús es el prototipo del hombre LIBRE (con mayúsculas) que vivió, luchó y fue fiel a una causa hasta el extremo.
Para nosotros los creyentes, Jesús, además de todo eso que creen los otros, su muerte ha sido el precio que Dios ha pagado por nuestra libertad. Su muerte, de alguna forma ha sido nuestra muerte y en ella ha sido vencida y aniquilada para siempre la miseria del hombre. Su muerte ha sido el paso obligado para la resurrección.
En esta semana, en el mundo entero hay celebraciones especiales; las imágenes de la pasión, ejercen un papel importantísimo en la catequesis para el pueblo.
Nosotros, vamos a hacer un ejercicio un poco especial: intentando seguir el esquema que proponen los maestros de espiritualidad vamos a hacer una “composición de lugar”, es decir: vamos a imaginar que tenemos la posibilidad de acercarnos a Jesús ahora, después que han pasado ya tantos siglos y le vamos a ir preguntando cada día de esta semana que nos cuente Él mismo lo que le pasó, qué sintió y qué hizo para que en el poco tiempo que estuvo hablando y actuando en público creara una convulsión tan grande.
El no fue un delincuente, no fue un malhechor, no fue un revolucionario que anduviera amotinando a la gente, no fue un político que intentara montar un partido en la oposición, no fue un líder de una secta religiosa... no fue nada de eso y sin embargo lo acusaron de todo eso.
¿Cómo es posible que alguien que “pasó haciendo el bien”, que “en sus labios no encontraron la mentira”, que no aceptó en ningún momento la violencia, que luchó abiertamente por la paz... llegara a crear un consenso común en las altas esferas, que eran enemigas las unas de las otras, para aliarse y matarlo?, pues ocurrió que no lo sintieron aliado con ninguno, porque todos se sintieron denunciados por él. Solo el pensar en esto, es ya una incógnita que uno no llega a explicarse.
Como los discípulos de Juan, nos vamos a acercar en estos días y le vamos a ir haciendo preguntas, a modo de una entrevista, para que él mismo nos las vaya contestando a medida que vamos celebrando los hechos que se sucedieron en aquella semana. Los interlocutores son: YO - JESÚS


DOMINGO DE RAMOS

YO-
Señor, qué pasó ese día, cuéntanos. Nunca habías querido que te toma­ran por rey, y ese día te presentaste en Jerusalén como quien tiene toda la autori­dad de un rey, dispuesto a cambiarlo todo…
¡Menuda la que montaste en el templo!
Pero peor aún fue cómo interpreta­ron lo que habías hecho: entendieron que estabas dispuesto a destruir toda la es­tructura del pueblo de Israel, no era la cosa así tan simple. Dinos qué había en el fondo de todo esto.

JESÚS
Verás, la cosa ya venía de atrás: habíamos estado en Galilea; allí la gente lo pasaba muy mal, estaban completamente marginados.
A todos los galileos nos tenían por gentiles, por paganos e impuros... éramos gente de mal vivir... pero mi gente era buena, tenía, un gran respeto a Dios y por eso no querían pagarle los impuestos al César, pues entendían que el impuesto se le paga al dueño de la tierra y ese dueño era Yahvé.
Ellos no podían tolerar que el César viniera a hacerse Dios y suplantar a Yahvé. Llevaban toda la razón, yo también pensaba así y todos los hombres de mi tierra.
Yo empecé a anunciarles el Reino, pero ellos estaban obsesionados, obstinados; ellos sólo querían quitarse de encima la opresión del imperio, sólo entendían que había que derribarlo y desquitarse de todo lo que habían sufrido.
Yo comprendía su dolor y el que quisieran quitarse de encima la carga que llevábamos y la opresión que nos tenía sometidos. Yo también estaba de acuerdo con eso, pero entendía que había que ir mucho más adelante pues si no, nosotros mismos nos convertiríamos en esclavizadores y eso era contrario a nuestro ser de pueblo.
Yahvé, mi Padre, nos quiso un pueblo libre y no permitía que fuésemos tampoco esclavizadores de nadie. Para eso nos dio los Mandamientos.
Mi pueblo había caído demasiado bajo: había perdido la dignidad, su autoestima la tenía por los suelos, no hacían valer nada que viniese del pueblo mismo. Fijaos que en mi pueblo yo no pude hacer ningún signo del reino, pues no creían en nada y menos en mí, ya que conocían mi familia. Me dijeron más bien que estaba loco y que tenía alianza con el diablo.
El pueblo estaba completamente desorientado, perdido, como rebaño sin pastor, a la merced de unos cuantos que andaban dándoselas de pastores y salvadores y aparecían a cada momento ofreciendo la salvación, mientras le sacaban el jugo y los engañaban, haciéndole perder la capacidad de reacción, de crítica, de tomar una decisión… estaban convirtiendo al pueblo en un rebaño de borregos y llevándolo a su destrucción. Esos dirigentes de mi pueblo no lo querían, sino que solo luchaban por sus intereses y andaban aliados con los romanos y con quien fuera con tal de sacar adelante sus intereses y mantener su estado de confort a costillas de las ovejas; la misma cosa habían denunciado en otros tiempos los profetas (Mc 6,50-44; 8,1-10; Mt 14,15-21; 15,52-59)
Pero lo que más me dolía, es que mis mismos amigos no veían más allá del estómago y también ellos estaban de acuerdo y andaban ofuscados por coger la posibilidad de aprovecharse también y chupar. (Mc. 6,52; 8,17-18.21) Todos esperaban la revancha.
Yo les invitaba a que se dieran cuenta que había que cambiar la actitud que tenían, la manera de ver las cosas, porque de lo contrario llegaríamos a ser peor que ellos, que había que compartir... esta fue la lección que quise darles cuando hice que comiera tanta gente, pero ellos no vieron lo que hice, sino que sólo se quedaron con el hecho de ver que les llené el estómago y no entendieron más: ese era el rey que ellos querían, el que les proporcionara la comida sin esfuerzo.
Decidí, por fin, dejar Galilea e ir definitivamente a Jerusalén. Yo sabía que allí no iban a ir las cosas mejor, ni que la gente iba a entender de forma distinta a como lo habían hecho en mi tierra. El problema no era entender o no entender sino otra cosa, se trataba de vivir en libertad
Verás: las cosas van muy bien mientras todo se mantiene en la teoría; el problema se da cuando hay que pasar a la práctica: mientras estuve hablando del reino todo el mundo lo veía muy lindo y como la respuesta definitiva que había que dar. Cuando comencé a invitar a poner en práctica lo que significaba el reino, para que todos lo vieran... ahí empezaron las deserciones y las dificulta­des.
Siempre ocurre así: todo va muy bien mientras a la gente no le pides que se defina, cuando lo haces, ahí vienen las excusas, los inconvenientes, los miedos, los prejuicios, las "prudencias" y empieza a aparecer la gente que anda a dos caras, intentando quedar bien con todo el mundo, pero sin comprometerse con nada ni con nadie.
Esto es tremendo y obstaculiza el que las cosas funcionen. Eso ocurrió en Galilea y también con mis mismos amigos: cuando les dije lo que había, muchos me dejaron diciendo que era muy duro lo que estaba pidiendo.
Yo tenía muy clara la película, sabía que en Jerusalén no iban a ir las cosas mejor que en los otros sitios; presentía que era el final y por eso lo dije bien claro a mis amigos mientras íbamos de camino, y tuve que llamarle la atención fuertemente a Pedro que andaba presumiendo de ser fiel a los amigos y coherente con lo que pensaba, incluso me dijo que estaba dispuesto a dar la vida por mí... yo sabia que era como todos los demás, pero no podía permitirle que siguiera queriendo coger el puesto del que tiene la primacía y por tanto, el que más derechos tiene.
Yo no funciono pensando en derechos, sino en obligaciones, pues el amor nunca mira derechos, sino servicios, entrega donación...
En definitiva, todos esperaban y deseaban que llegásemos a Jerusalén y diésemos un golpe de estado; cuando íbamos de camino iban hablando entre ellos del tema y tuve que ponerles los pies en la tierra: no vamos a dar ningún golpe de estado, sino que a mí me van a coger preso, me van a juzgar y me van a matar. Eso parece que no les gustó.
Pero se animaron cuando llegamos a Jerusalén y a mí se me ocurrió entrar sobre el burro y vieron cómo la gente me recibió, pues sabían que esa pascua yo iba a ir a Jerusalén y había mucha gente que me estaba esperando, el espectáculo para la fiesta lo tenían asegurado.
Pero también había otros que me esperaban para otra cosa, pues temían que se diese algún levantamiento: los jefes del pueblo habían puesto las cosas a un punto tal que ya era insoportable, y cualquier día podía levantarse el pueblo, bastaba que cualquiera quisiera coger la cabeza; todos esperaban que lo hiciese yo, pero no eran esas mis pretensiones.
Me fui al templo que, sabéis bien, era el lugar de encuentro de todos los israelitas, era nuestra casa.
El templo era el signo máximo de grandeza de Israel; era el signo de la presencia de Dios en medio de nosotros.
Por toda nuestra historia Yahvé había caminado junto a su pueblo, su tienda había estado en medio de nosotros. El pueblo entero estaba en torno a Él. Así había sido siempre, pero nuestros dirigentes lo habían cambiado todo. Ese templo ya no era signo de la presencia de Dios entre nosotros, sino el signo de la presencia del mismísimo diablo, pues en él estaban concentra­dos todos los mecanismos de opresión: el banco, el comercio, los políticos, los legisladores, los guías del pueblo, hasta el emperador de Roma estaba metido allí con sus soldados. Aquella no era la casa de mi Padre, sino una cueva de bandidos.
¿Cómo podéis imaginar que me sintiera cuando vi aquello? La indignación me llenó hasta arriba. ¿Creéis que podría quedarme indiferente ante semejante atropello y ofensa a mi pueblo, a mi cultura y a mi Padre?
Ese templo lo habían prostituido y en nombre de mi Padre estaban adorando al dios dinero, al dios poder... ¿Os quedaríais vosotros con los brazos cruzados? ¡Pues tampoco me quedé yo!
Ya sé que a mí me despreciaban por venir de las montañas de Galilea, por tenerme como gentil... todo eso me importaba poco, pero me dolía en el alma que hubieran atropellado a mi pueblo y en nombre de mi Padre lo hubieran vendido.
Esa situación me indignó; yo no soporto la injusticia, la corrupción, la inmoralidad... El problema gordo es que todas estas cosas se estaban dando en la cabeza dirigente: en el mismo templo y como los corrompidos eran los que manejaban las leyes, la economía, la religión... el templo, ellos creían que podían hacer todo eso, porque estaban protegidos por el templo; esta institución nadie se atrevería a tocarla, era algo sagrado y el que la tocara moriría inmediatamente.
Allí no les pediría cuentas nadie, pues el templo es de Dios, es su casa y Dios no va a destruir su propia casa... ¡pobres tontos! no se acordaban lo que mi Padre había dicho a David cuando quiso construirle un templo y sujetarlo.
Pues a pesar de tenerlo tan claro, no quisieron entender que a Dios no se le encierra entre unas paredes. Y sin embargo estaban convencidos que aquellas piedras tenían maniatado a mi Padre.
Cuando les dije que de aquello no iba a quedar piedra sobre piedra se escandalizaron, pero es que lo estaban utilizando para engañar y robar a la gente en nombre de mi Padre. Les cayó muy mal que les dijera esto.
Pero lo malo no era la falta de respeto que yo había cometido al volcarles las mesas a los banqueros y a los comerciantes. Ellos entendieron muy bien lo que les estaba queriendo decir y eso me alegra enormemente... Como muy bien decías, se fueron más allá de dónde yo había llegado. Y lo entendieron bien. No, no eran tontos.
Sabían muy bien que les estaba diciendo que allí no estaba Dios, que estaban engañando al pueblo, que allí lo único que había era una manada de forajidos y de ladrones que estaban aplastando a mi pueblo con excusas de oraciones y penitencias para tener tranquilito a Dios y a las conciencias, y que con esos cosas le estaban chupando la sangre de los pobres.
Ese templo ya no representaba a Yahvé, sino que era la pantalla que estaban utilizando para encubrir la idolatría en la que habían caído y a la que estaban sacrificando a mi pueblo. Ellos habían perdido toda la autoridad y ya no podían ejercer la guía del pueblo.
Con lo que hice entendieron perfectamente lo que les quise decir y temían que el pueblo también lo entendiera y por eso quisieron obligarme a que hiciera callar a la gente que gritaba. "Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor!".
Pero era algo tan claro que aunque se callara la gente, gritarían las piedras. ¡Hasta tal punto de corrupción habían llegado!
Yo lo sabia, ese día me lo estaba jugando todo y estaba dispuesto a enfrentar lo que viniera.
Mis amigos estaban muy nerviosos y asustados pues no sabían dónde iba a llegar aquello. Había que dejar que las cosas llegasen a su fin para que los frutos maduren y caigan.
Yo había venido todo el tiempo diciendo que el Reino de Dios sufre violencia por salir, que hay que dejarlo que nazca, crezca y se desarrolle... no iba a ser yo quien lo impidiera, cuando era algo que yo sentía en lo más profundo de mi ser, es que era mi propia vida, era mi ser, por encima de eso no hay ni puede haber ninguna otra cosa, es lo único absoluto en este mundo.
Era el momento de demostrar que es verdad lo que pensaba y que era el principio que sostenía toda mi existencia.
La masa no cambia si es que la levadura no acepta disolverse y enterrarse dentro de la masa, si es que el grano no acepta enterrarse y pudrirse no puede salir la nueva espiga.
O ¿que crees...? ¿Cómo podéis imaginar que cambien las cosas que estamos viendo que funcionan mal si es que alguien no decide cambiarlas definitivamente? ¿o tal vez estáis esperando que haya otros que se jueguen la vida, las cambien y después venimos con nuestras manos limpias a servirnos la mesa? ¡¡Quien así piensa no es de los míos!!



LUNES SANTO

YO
Señor, tú sabías muy bien cómo estaban las cosas en tu tierra, pues habías vivido treinta años y habías sufrido el aplastamiento; alguien sostiene que José, incluso, había muerto a manos del ejército de los romanos en una de las incursiones en Galilea...
Cuéntanos qué era lo que pasaba en tu tierra para que se diesen estas cosas y tu pueblo las soportara.




JESÚS
Mi pueblo, vosotros lo sabéis bien, era un poco especial: no tenía tierra, había nacido por el mandato de Dios a Abraham de dejar su tierra y su casa y salir a dónde le ordenase.
Dios le había asignado una misión y para eso lo escogió: ser signo de la presencia de Yahvé que salva y que ama al hombre en esta tierra.
La estructura social, económica, política y religiosa de mi pueblo giraba en torno a Yahvé,
Dios era como la columna vertebral en la que se sostenía todo y en la que encontraba sentido todo. En Yahvé estaba la fuerza y la vida de mi pueblo.
Su constitución política de pueblo era los Diez Mandamientos que habían sido establecidos como norma suprema y palabra inapelable para el pueblo.
Estos mandamientos fueron dados para que jamás mis antepasados volvieran a caer como esclavos de nadie ni de nada y tampoco se convirtieran en esclavizadores de nadie.
Mi pueblo estaba llamado a ser signo de libertad para el mundo, por eso mi gente no debía ni siquiera tener políticos ni reyes ni ningún dirigente que los sometiera, debía ser un pueblo LIBRE.
La ley suprema estaba grabada en el corazón de cada uno y todos sabían perfectamente lo que tenían que hacer, no necesitaban tener nada escrito.
Pero ya veis lo que pasa: esa ley que mi Padre había dado y que estaba grabada en el corazón de cada uno, la cogieron unos cuantos, la transformaron a su gusto acomodándola de manera que en lugar de ser instrumento y ayuda para que no se desviaran del camino, esa misma ley que en su origen había sido dada para que no cayesen en la esclavitud, la convirtieron en instrumento para esclavizar al mismo pueblo, haciéndose esclavos entre ellos mismos, dividiendo al pueblo y estableciendo privilegios para unos pocos, desechando y condenando a otros e impidiendo que se pudiera vivir como hermanos.
La ley que mi Padre había dado a mi pueblo no permitía ni la esclavitud ni la pobreza ni la explotación de los pobres, ni el acaparamiento de los bienes en manos de unos pocos, ni la falta de respeto a los más pobres y sencillos... pero los jefes apañaron todo de tal manera que la misma ley era la que apoyaba y establecía todas esas cosas.
Habían cogido la ley y la habían puesto como horizonte de la vida y del hombre, es decir: el hombre sólo tenía sentido en función de cumplir la ley; la salvación y la dignidad estaban en cumplir al pie de la letra todos los preceptos que ellos habían puesto. Esa ley había terminado por suplantar a Dios.
¿Pero sabéis una cosa? Esta situación le venía muy bien a unos cuantos que se sentían amparados y protegidos por la misma ley, el resto de mi pueblo, yo también, estábamos condenados y apartados del amor de mi Padre por ley.

YO
Pero, Jesús, ¿Cómo llegasteis ahí y cómo el pueblo viendo lo que ocurría se aguantaba? ¿Tan ciegos estaban?

JESÚS
Ya lo ves, la gente llegó a pensar que así eran las cosas que a unos les había tocado ser nobles y a otros esclavos y que no había forma de salir de ahí, las cosas son como son. Cuando se llega a esta situación es muy difícil salir de ella, esa ceguera no hay forma de curarla
Yo no podía soportar esto. ¿Qué quieres que hiciera, que me quedara con los brazos cruzados? ¿Cómo podría yo permitir ni aceptar semejante disparate? ¿Cómo puedes imaginar que yo aceptase esa situación?
Eso es algo que repugna a todo hombre. Por otro lado, la voluntad de mi Padre es algo que estaba clarísimo: Él no está de acuerdo con despreciar a nadie; Él no descalifica a nadie, Él no condena a nadie... eso es tan claro y evidente como la luz que alumbra al medio día, es algo que no tiene discusión y, por tanto, no tiene ni siquiera lugar a hacerse ningún planteamiento.
Sencillamente, yo no podía estar de acuerdo con las normas y los apaños que habían hecho. Yo no podía ni imaginar que unas leyes que habían sido puestas para ayudar a mi pueblo a no ser esclavo, esas mismas leyes lo esclavizaran, eso era absurdo.
Había que volver a poner las cosas en su sitio y eso fue lo que hice: puse el Reino de Dios como lo primero y como el único horizonte para todo hombre y puse el hombre como lo primero y el único horizonte para toda sociedad y para toda ley, de tal forma que una ley o una sociedad que no fuera instrumento de libertad para el hombre no valía, había que quitarla, era dañina. Toda ley tenía que ser instrumento que ayude al hombre a mantener su dignidad y a establecer el Reino.
Puedes imaginarte la que se armó. Esto que estaba tan claro y que me lancé a decirlo, no pudieron tolerarlo los legisladores y los que se sentían protegidos por la ley.
Hubo dos cosas que no me pudieron tolerar, les puso muy nerviosos y hasta furiosos: el que yo dijera que el hombre estaba por encima de todo, hasta de la misma ley y que su dignidad estaba fundamentada en ser hijo de Dios, y no porque se la diera la ley, esto los descompuso.
La otra cosa que les cayó muy mal y que me insultaron y me llamaron hasta blasfemo fue el que les dijera que Dios es un "papaito", cercano, tierno, sencillo, que disfruta perdonando, que lo hace incluso antes de que le pidamos perdón, que está al lado de los más pobres y despreciados. Esto les hizo poner el grito en el cielo. Es que ellos seguían manteniendo su situación gracias a la imagen que estaban presentando de Dios como un ogro que castiga cualquier movimiento que alguien hace en contra de lo establecido y exige una reparación. Para que te hagas una idea: el pecado se reparaba con una multa que consistía en un cordero que había que comprar al templo, de los mismos que llevábamos en el pago de los diezmos y primicias. Ese cordero se sacrificaba en el templo y esa carne se vendía después en el mercado. O sea, el cordero que se regalaba al templo se vendía dos veces y de esa manera decían que se recuperaba de nuevo la “dignidad” de ciudadano.
Para ellos, definitivamente yo era un perverso, un sacrílego, un impío...yo estaba quitando la barrera que habían puesto entre el hombre y Dios y estaba permitiendo que el hombre faltase al respeto a Dios y se rebelase contra la autoridad establecida. Me declararon un individuo peligroso.
Efectivamente, tocar esas dos cositas en las que ellos tenían montado todo su teatro, quitarlas era peligroso, para ellos, claro está, pues perderían sus privilegios, si es que esto llegaba a hacerse el sentir común de toda la gente.
El decir estas cosas, el decir la verdad, el aclarar la mente a la gente pobre y sencilla era cosa peligrosa, pues los pobres, parece que no entienden bien y pueden coger las cosas de mala manera... ¿lo veis?, los gordos han pensado siempre y en todas partes de la misma manera: que los pobres son estúpidos y no tienen capacidad para razonar... no son muy originales que digamos.
¿Te das cuenta que no han cambiado mucho las cosas? Hoy se hace lo mismo y se siguen dando las mismas justificaciones y la gente se lo sigue tragando tan tranquila. Dime, ¿es que no es cierto que hasta vosotros mismos le tenéis miedo a este lenguaje...?
¿O es que vosotros no vivís así, de cara a la luz y a la verdad? Ahora te pregunto yo… ¿Y cómo vosotros seguís acomodados en las barbaridades que os están haciendo tragar y encima os creéis que sois “progres” y actuales, que estáis en la libertad? ¿A eso le llamáis libertad? ¡Yo no veo tanta diferencia entre la ceguera de mi pueblo y la vuestra!
¿O tal vez andáis muy prudentitos evitando todos los problemas? Yo veo también mucha gente que no quiere meterse en complicaciones, exactamente igual que ocurría en mi pueblo, que anda arrimándose siempre al árbol que mejor sombra da y cambiándose la camiseta según convenga… Eso mismo ocurrió en mi pueblo: el domingo estaba toda la gente en la calle aclamándome rey y el viernes estaban gritando que me crucificaran
Los sacerdotes, los escribas, los fariseos eran los que llevaban la política de mi tierra y ellos fueron los que lo montaron todo. Los que se callaron y condescendieron fueron cómplices de la situación que había y de lo que a mi me hicieron. Eso es lo que dice el refrán cada uno tiene lo que se merece, y esto fue lo que se buscaron en mi pueblo. No soportaron la verdad que les dije y prefirieron vivir en la oscuridad y en la esclavitud.


MARTES SANTO

YO
Señor, Tu sabías muy bien que funcionaban así en tu pueblo, que todo el mundo lo aceptaba y veía normal que así fuera... ¿no crees que fue un atrevimiento por tu parte lo que hiciste, y que de alguna manera obligaste a que las autoridades tomasen la determinación de quitarte de en medio?
La verdad es que tienes que aceptar que eras un peligro que lo desestabilizaba todo, que ponía en tela de juicio la situación de los que estaban en la cabeza y, por otro lado, la ley estaba de parte de ellos.
Según lo que estaba establecido en las leyes, ellos creían que era lo mejor que se podía hacer por el pueblo. Tú representabas el mayor de los peligros para todos, sobre todo para ellos, claro está. De alguna manera no tenías derecho a quejarte.

JESÚS
¡Claro que lo sabía! ¿Es que crees que soy tonto?
¡¡Claro que sabía cómo estaban las cosas!!
Pero también sabía cómo habían sido en su origen; también conocía toda la historia de mi pueblo y la interpretación que de ella habían hecho todos los profetas; ninguno estuvo de acuerdo con lo que habían hecho, pues todos denunciaron que habían transgredido la voluntad de mi Padre; y por decirlo, a todos los hicieron desaparecer, y lo curioso es que siempre fueron los mismos.
También en mi tiempo seguían siendo los mismos los que se me oponían. Pero yo no me podía quedar tranquilo comulgando y tapando la mentira, el chantaje, la explotación y la anulación del hombre; yo no me podía hacer cómplice de este crimen del pueblo. Y salté, ¡claro que salté!
Mi Padre ha hecho a los hombres a su imagen y semejanza. En la base de todo hombre está como derecho inalienable la LIBERTAD, como requisito indispensable para poder ser persona y para que el hombre pueda realizar cualquier proyecto como un ser libre...
¿Cómo yo voy a quedarme callado cuando alguien atenta contra la libertad? ¡Me siento agredido cuando alguien lo hace!
Pero en mi tierra sometieron con la ley las bases de la sociedad, establecieron un régimen de atropello y violación de los derechos más elementales y sobre esa situación establecieron los pilares en los que se apoyaban las instituciones: FAMILIA, TEMPLO y SÁBADO... estas eran los tres grandes pilares de la sociedad, considerados como algo sagrado que no se permitía tocar ni con la imaginación, pues ponerlo en duda se consideraba poner en tela de juicio al mismo Dios.
¡Claro que yo acepto la FAMILIA, el TEMPLO, el SÁBADO... éstas son instituciones que nacieron para apoyo y salvación del pueblo, pero no para lo que estaban haciendo con ellas. Yo no me opuse a esas instituciones, sino que más bien las defendí con todo el coraje; yo no quise en ningún momento atropellar ni saltarme la ley, sino que se cumpliera; de hecho cuando pedí que me demostraran que no la estaba cumpliendo, no fueron capaces de hacerlo.
LA FAMILIA se había establecido para que fuera imagen de la presencia de mi Padre que es AMOR en este mundo; la forma más sencilla y primaria de manifestarse que todos conocemos de vivir el Amor es la familia, pues es en ella en donde todos nacemos y aprendemos a vivir, a respetarnos, siendo solidarios los unos con los otros, siendo queridos y valorados; donde aprendemos a mirar al mundo, a ser sociales pensando en los demás, aceptándonos, comprendiéndonos,... es decir: aprendemos a movernos en libertad, a ser libres ajustándonos a la verdad y a la justicia y basados en el amor.
¡Esto es lindo! ¡Cómo no voy a aceptar yo esto! ¡Eso es lo que mi Padre quiso de la familia! ¡Esa es la familia que se parece a mi Padre! y así quiso que fuera mi pueblo, y la institución familiar estaba llamada a ser la célula primera y la base de toda la sociedad en la que se cultivaran todos estos valores que serían los que se impondrían en el pueblo.
Pero todo esto tan bonito lo habían cambiado completamente: la familia no estaba en función del Reino de Dios sino en función de apoyar a la ley y el padre era el máximo representante de esa ley: el padre era el gran jefe, el patrón, el gran señor dueño absoluto de todo y de todos; él era la primera y la última palabra y en la sociedad familiar nadie pintaba nada. Él hacía y deshacía a placer sin contar con nadie, de acuerdo solamente a sus caprichos... y esa forma de actuar era aprobada por la ley. Eso son se puede permitir.
En la casa lo que existen no son hijos sino esclavos de diferentes categorías.
La mujer, por supuesto, estaba reducida a ser el último objeto de la casa al que se trataba a patadas, peor que al último de los animales. ¡Cómo no iba a tener yo un aprecio especial a mi madre!
Comprenderás que eso no era familia, ese no era el espacio en donde se pudiera expresar la imagen de mi Padre, y en donde las personas aprendieran a ser libres, ni tampoco la escuela donde se aprendieran los valores del reino, sino que al contrario, la familia era la escuela donde se aprendía a ser esclavos y esclavizadores.
Como puedes ver, yo no podía aprobar ni tolerar, ni comulgar con esta institución en la que se apoyaba la ley, eso hubiera sido irme en contra de mi Padre, de mí pueblo, de mismo y destruirme.
Mi oposición a esta institución fue clarísima desde siempre y todos mis parientes estaban bien molestos conmigo, por eso me pronuncié bien claro y tajante y quise expresar mi rechazo a ese sistema de opresión no casándome y demostrando que por encima de la familia y de la ley hay otra cosa a la que ambas instituciones deben estar orientadas. Preferí apostar por el fin y no quedarme en los medios.
Ya conocéis cómo fue la cosa: tuve muchos problemas y uno de los más fuertes fueron mis parientes que se pusieron en contra de mi ministerio obligándome a tener que ser duro con ellos en algún momento, incluso en público.
Ellos querían apartarme de mi misión y llegaron a creer que estaba medio loco. ¡Menos mal que mi madre apostó desde el principio por mí y no por la familia, de lo contrario, hubiera tenido que llamarle la atención también a ella en algún momento, si es que no hubiera aceptado ser persona y libre.
Como ella, hubo unas cuantas mujeres que me entendieron y que se dieron cuenta que la verdadera familia no se fundamenta en la sangre, sino en los valores de la libertad, de la paz, de la justicia, del amor y de la verdad. Esto es lo único que nos hace definitivamente hermanos aquí y en la otra vida.
Esto me costó muchos quebraderos de cabeza, pues no querían entenderlo, sobre todo los hombres, pues eso les quitaba la posibilidad de ser opresores, patronos, dueños... y les obligaba a ser servidores y no servidos.
No les entraba en la cabeza que la libertad se ejerce amando y que el amor se realiza sirviendo y que el verdadero señor no es el servido, sino el que sirve.
Esto no lo toleraban y querían mantener las cosas tal como estaban. El machismo en mi época era feroz, como podéis ver, no es solo de ahora, ya existía también en mis tiempos.
Por eso tuve que hablar duro a mis amigos y ni aún así quisieron entenderme. Definitivamente, quien tiene esa mentalidad no es apto para mi proyecto del reino de los cielos, es más bien un obstáculo.
No, ya sé. Hoy no han cambiado mucho las cosas, pero tampoco yo las he rebajado en lo más mínimo: hay ciertas cosas y ciertas mentalidades, y esta es una de las más claras y clásicas, que son contrarias al reino de los cielos. Quien piensa así y actúa así, no es de los míos, sino un contrario (Mc 9,40).
Desgraciadamente hoy continúan muchas de estas cosas y hay mucha gente que sigue funcionando así: esa mentalidad opresora, ese complejo de inferioridad que le hace pensar que servir es rebajarse, que la grandeza está en ser servido y en que todos le anden reverenciando, sintiéndose por encima de todos los demás y con derecho sobre todos...
Esta mentalidad que se ve expresada y concentrada en el varón que se impone en la casa sobre sus esclavos...
¿Cómo creen que puede alguien así ser expresión de mi Padre? ¡Eso es un insulto a Dios!
¿O es que tal vez vosotros tampoco estáis de acuerdo conmigo?
Pues si lo estáis ¿cómo es posible que sigáis tolerando ciertas cosas y actitudes y no os pongáis a favor de la libertad?

YO
Pero Señor, no hay que ser tan radicales, hay que ir poco a poco, ¿No te parece?

JESÚS
No, ¡dejaos de tonterías! A la mentira y al engaño no se le debe dejar posibilidad
Ante un error no podemos ni callar ni condescender. Hacerlo es hacer daño, interrumpir el reino. No vale estar mirando atrás y tanteando las cosas. Si pones la mano en el arado es para ir abriendo surco, rompiendo la tierra, para sembrar el reino.


YO
¡Es lo que te estoy diciendo, eso es fuerte!

JESÚS
¡Ya lo sé!, es duro.
¡¡A mí me lo vas a decir!!
Pero te digo que es posible. Yo anduve el camino y estoy a vuestro lado... ¿O es que tampoco os fiáis de mí?


MIÉRCOLES SANTO

YO
Señor, hay cosas que a mí me ponen hasta nervioso y no sé cómo tú fuiste capaz... a mí me da miedo.
Tú sabías que lo que estabas diciendo estaba expresamente indicado en la ley que no se podía decir y quien lo dijera tenía pena de muerte, quedaba excomulgado, era considerado como un maldito de Dios, incluso estaba indicado que eso eran notas del “anticristo”... Y, sin embargo, tú te atreviste a decirlo con toda tranquilidad y te quedabas como el que no ha hecho nada.
Pero lo peor es que no solo lo decías, es que encima lo hacías... y de tal manera que la gente se quedaba admirada y se preguntaba con qué autoridad hacías aquellas cosas y decías todo aquello.
Señor, Tú sabías muy bien lo que estabas haciendo, lo que te estabas jugando... y también sabías que aquello no lo ibas a cambiar y que lo que estabas haciendo te podía acarrear la muerte...
¿Es que no te daba miedo?

JESÚS
¡Pero entiende!
Una cosa es el miedo, que lógicamente no me era agradable lo que estaba enfrentando, y otra cosa es la verdad, que no puede sucumbir ante el miedo.
¿Cómo puedo decir en pleno día que es de noche?
¿Cómo puedo pensar que mi Padre prefiera hacer el mal a sus hijos antes que un bien?
¿Cómo puedo yo aceptar el que sigan pensando que mi Padre deje que uno de sus pequeños muera solo porque sea sábado y haya una ley que prohíba trabajar?
Si precisamente el día del SÁBADO fue hecho y proclamado como el día del Señor, para cuidar de las cosas de Dios y dejar a un lado las preocupaciones de la vida y de los negocios... por eso el día del sábado es para cuidar a los más débiles, pues hay el peligro de que la gente, con el trabajo y el trajín de la vida se olvide de ellos y de que están a su lado sin medios para defenderse y vivir y que están en peligro de caer en la desesperación y en la esclavitud si es que no se pone un freno y no encuentran a alguien que les eche una mano.
Pero la gente no se quiere dar cuenta y se sigue repitiendo constantemente, por eso en la Escritura lo recuerda: "Acuérdense que ustedes también fueron esclavos en el país de Egipto y tuve que sacarlos con mano fuerte" (Dt 5,15).
Mi Padre no quiere ni tolera eso, pues es algo que le repugna, ¿cómo entonces lo voy a hacer yo? ¿Cómo se me va a ocurrir a mí?
El SÁBADO se había puesto para dedicarlo al Señor, y a mi me parecía muy bien, es decir: para hacer las cosas de Dios: dedicarse a construir la fraternidad, a atender al que estaba necesitado, a cuidar a los enfermos, a atender a los que lo estaban pasando mal... es decir: a cuidar y a practicar el amor, la justicia la fraternidad, la verdad, la misericordia... y esto en la familia, con los amigos, en la comunidad, etc.
Mi pueblo era chiquito y sin tierra; era un pueblo de pobres que no se podía permitir que unos cuantos lo acaparasen todo y dejasen a los demás sin nada, pues desaparecíamos y nos obligaban a vendernos como esclavos para poder pagar las deudas que adquiríamos por comer y vestirnos.
Por eso, había una especie de revisión cada semana: el sábado.
En mi pueblo estaba prohibido que hubiera pobres, pues Dios había dado suficiente para todos. Si es que eso ocurría es que unos se habían robado lo que correspondía a los otros. Para eso estaba establecido el sábado.
Por lo mismo, cada siete años, el año 70 era considerado como "Año sabático" en el que la tierra se dejaba descansar y todo lo que producía era para los pobres. En ese año se recuperaban aquellos que se habían visto un poco apretados.
Cada 50 años era declarado el "Año Jubilar" o año del Señor en el que quedaban perdonadas todas las deudas y los que estaban sometidos por algún contrato de trabajo para pagar alguna deuda quedaban en libertad. En ese año la tierra era devuelta a su dueño: a Dios, y era repartida de nuevo entre aquellos que no habían tenido nada, para que ahora pudieran recuperarse y tener algo (Lv 25).
El sábado era una estructura social de justicia para crear la igualdad en mi pueblo, que impedía que hubiera pobres y que alguien lo pasara mal.
Pero esto que surgió así, lo cambiaron de tal forma que ya no se parecía en nada: cuando la tierra y los bienes cayeron en manos de los que manejaban la ley empezaron a añadir artículos y a inventarse casos y normas hasta que fueron cambiando el sentido social que tenía y lo desviaron todo hacia el culto, hacia el terreno religioso, con lo que ellos pudieron seguir disfrutando de las tierras y de los bienes en nombre de la ley y de la religión; aquella ley la convirtieron en un instrumento de opresión para el pueblo, hasta niveles de dejar que alguien muera de hambre o cosas así.
La pobre gente vivía asustada y ya no sabía distinguir qué era lo que quería mi Padre y qué era lo que pretendían los legisladores, maestros de la ley.
Habían establecido una verdadera mafia de la que siempre salían ganando ellos.
Yo sabía muy bien que era muy peligroso tocar este terreno, pero no se trataba de tener miedo, sino de establecer la justicia, de ser honrados.
Sin embargo, ellos estaban tan ciegos con sus intereses que veían que peligraban, y no aceptaban ninguna otra opción. Las manifestaciones que yo hacia de la presencia del reino en medio de ellos las interpretaban como obras de Satán (Mt 12,24; Lc. 11,15).
¡Hasta dónde había llegado su cinismo! venían a ponerme en prueba a ver si en sábado hacia el bien o incumplía la ley; hasta ese extremo habían llegado: anteponer la ley al bien. Eso es absurdo y solo una cabeza trastornada puede hacer eso.
¿Cómo creen que podría yo cometer semejante estupidez?
¿Cómo voy yo a plantearme el optar entre el bien y la ley?
¿Cómo puede existir una ley que prohíba el bien?
¡Esas cosas no pueden ni discutirse!. Ante eso no hay alternativa.
Yo quise que se dieran cuenta y por eso, muchos de los gestos que hice los realicé en sábado, pero no por romper el sábado, sino para que se diesen cuenta que éste había sido puesto para ayudar al hombre a ser libre y feliz; para recuperar sus fuerzas, la vida, para reforzar la fraternidad... y no para que el hombre estuviera esclavizado por el mismo sábado.
Pero esta gente había convertido esta ley hermosa en un instrumento de opresión tremendo y tenían al pueblo angustiado.
Yo sentía que el sábado me hacia libre, hasta de la misma pobreza que también a mí me apretaba; yo no tenía ni casa, ni donde reclinar la cabeza. El único día que yo podía sentir que mi país era mi tierra, era los sábados, pero estos malandrines habían convertido el sábado en la soga que apretaba el cuello de mis hermanos.
Ya podéis entender que yo no podía dejar que esa soga apretase el cuello de los más débiles, ni tampoco el mío.
Se trataba, pues, de caminar con principios claros, de acuerdo a la VERDAD, que es la que proyecta luz sobre la vida y sobre las cosas.
A ver... ¿Y vosotros qué hubierais hecho?

YO
La verdad es que no sé qué contestarte

JESÚS
¡Pero bueno! ¿Qué es lo que estáis haciendo?
¿O es que crees que un hombre puede estar diciendo que es de noche en pleno día, llamándole blanco a lo que es negro como el carbón; conformándose con que otros rompan la imagen de la justicia y de la verdad?
¿Es que pueden estar el miedo, los intereses, la "prudencia", por encima de la justicia y de la verdad?
Intenta explicármelo, porque de repente yo me equivoqué y lo que hice fue una estupidez.
¿Alguno de vosotros justifica y da por válido andar a medias y condescendiendo con la mentira y la manipulación?
¿Podrá ponerse la comodidad y el gusto como principio justificativo de la vida? ¡¡Explícame todo esto, porque yo no entiendo nada!!




JUEVES SANTO:

YO
Señor, hay algo que queda definitivamente claro: tu propuesta del reino era algo que daba al traste con todo, que cambiaba el modelo de vida de todos y los que estaban en la cabeza, es normal que ni entendieran ni aceptaran el cambio.
Tú planteaste el cambio desde el corazón, pues es desde ahí donde hay que cambiar las cosas y te pusiste a la cabeza del camino, sirviendo como base, mostrando la verdad y dando la vida.
Cuéntanos que pasó aquella cena de Pascua, la última que celebraste con tus discípulos.


JESÚS

Sí. Era el momento clave de todo lo que hasta ahora habíamos venido diciendo y haciendo.
Todo estaba ya dicho y hecho. Se trataba ahora de tomar posturas, de definirse. Era la hora de la verdad. Era la Nueva Pascua, la conclusión del Éxodo.
Todo lo que hasta ahora había venido sucediendo no era sino una imagen, un signo de lo que estaba a punto de inaugurarse, era el momento solemne de esa inauguración: la presencia viva y actuante del Espíritu de Dios en este mundo como vida y fuerza del hombre nuevo.
Como en tiempos de Egipto, en el momento de la pascua de los israelitas, se trataba ahora de definirse quién se va y quién se queda. Ya no hay más tiempo de espera.
Yo deseaba que se diese este momento con mis amigos; quería hacerles visible hasta qué punto yo les había querido y cómo mi Padre había apostado por el hombre hasta el punto de quedarse para siempre aquí, fundido con el hombre, hecho alimento y vida en una alianza perpetua.
No hay amor más grande que aquel que es capaz de hacerse comida y bebida para ser carne y sangre del que se ama, hasta el extremo de no dudar en dar la vida.
Mi Padre y yo nos ratificábamos en este momento y no nos echaríamos atrás ni ante la misma muerte. Nuestro Espíritu quedaría para siempre y haríamos nuestra morada en el corazón del mundo y de cada hombre.
Desde este momento a Dios ya no es posible buscarlo en ningún otro lugar; está hecho Amor, Justicia, Verdad, Alegría, Paz, Libertad, Fraternidad... en el corazón de todo hombre y es la fuerza y la vida de este mundo.
Esto era el gran regalo que Dios hacía al mundo; esto está por encima de todas las miserias, de las debilidades y de todas las torpezas del hombre y del mundo.
El cielo se ha trasladado a la tierra y al hombre se le ha dado la entrada libre al banquete del amor, de la paz y de la fraternidad.
Ciertamente esta realidad está ahí, como el gran regalo, que si quieres la coges y si no la dejas.
Esa realidad expresa y celebra fundamentalmente el amor, la entrega, la fidelidad, la paz de Dios con el mundo y con el hombre... otra cosa bien distinta será lo que el hombre quiera hacer con ese regalo, puede aceptarlo o despreciarlo, puede celebrarlo o profanarlo... eso ya es problema del hombre, pero nada de lo que haga cambiará su grandeza, las cosas solo cambiarán para el hombre.
Ese día yo quise hacerle patente a mis amigos cómo el amor se vive entregándose sin condiciones y sin reservas, poniéndose como el primer servidor, que en los términos de comprensión para ellos era el último de todos: el esclavo.
Yo quería indicarles que en mi iglesia hay una jerarquía de servicios y que por tanto, yo establecía el poner patas arriba la pirámide famosa con la que siempre se ha escenificado la estructura del poder: mientras el poder se coloca en todo lo alto aplastando a todos los que están debajo, en el esquema del amor y del servicio, el principal se pone debajo, con la pirámide invertida y sobre él van descansando y apoyándose todos los demás. Por eso les decía que el que quiera ser el primero tiene que hacerse el servidor de todos.
Pedro no me lo quería entender, esto los sacaba de quicio. Es que no acababan de aceptar que no se trataba de buscar prebendas ni poderes, sino de cambiar todas las cosas.
Ellos andaban buscando lo contrario, es decir: hacer lo que todos: ponerse en lo alto y convertirse en señores que están siendo servidos.
Veía que no me entendían ni querían entenderme; para dejar las cosas claras tuve que coger una palangana, quitarme el manto, atarme una toalla y arrodillarme a los pies de cada uno y hacer el trabajo que normalmente hacen los esclavos... me puse a lavarles los pies.
No quería que me tergiversaran las cosas. Eso era lo que quería, esa es la forma de expresar el amor a los hermanos y a la comunidad. Esto no les gustó. A Judas le saltaron los nervios y abandonó la reunión. Yo creo que los demás no lo hicieron por vergüenza, pero más de uno tenía ganas de hacerlo.
Era el momento de la definición y el ambiente se puso muy tenso. Ya se habían acabado los discursos, tocaba enfrentarse a la realidad. Aquella tarde fue tremenda.
En aquella fiesta de pascua no hubo guitarras ni bombos, ni flautas... se trataba de apostar la vida hasta dar la sangre. Estábamos escondidos, pues nos andaban buscando toda la semana. Yo era consciente de la dureza del momento, pero ya no había vuelta atrás, es decir, nunca la hubo: esa noche tocaba dar la cara o retirarnos.
Y casi todos se echaron atrás; yo lo pasé terriblemente mal. Me lo había jugado todo y sentía que dudaban de mí, de mi Padre... sentía que preferían vivir como esclavos antes que ser hombres libres; que en los 3 años que habíamos estado juntos no habían llegado a aceptar la Buena Noticia del Reino; que sus vidas no habían asimilado el mensaje que a diario habían estado viendo, oyendo, viviendo y hasta predicando, nada había pasado más allá de la piel.
Veía que en este momento supremo lo que había en ellos era miedo y decepción y si me apretáis un poco, diría que hasta deseos de salir huyendo.
No, lo de Judas no fue ni más grave ni más doloroso que la actitud general del resto; al final me dejaron solo, era algo que no había llegado a captar su corazón. Estaban dormidos y tampoco estaban con muchas ganas de despertar.
Allí en Getsemaní, lo pasé aquella noche fatal; me sentí defraudado, engañado, utilizado. Sentí que yo había sido la causa de una decepción terrible para muchos.
Es la decepción y la angustia del que ama con todas sus fuerzas y ves que el ser querido prefiere la muerte y la destrucción y te desprecia para irse con quien lo va a matar y destruir. Recordaba en ese momento al profeta Oseas, él narraba muy bien esa angustia. Os aconsejo que lo leáis y os haréis una idea de lo que yo sentí esa noche.
Con respecto a mí, como humano, me quedaba la tranquilidad de haber hecho todo lo que Dios me pedía. Yo había dado todo lo que mi Padre me había ordenado, mi misión estaba cumplida: la VERDAD había quedado clara y resplandeciente como el sol, pero algunos prefirieron la oscuridad y el permanecer en las tinieblas.
De esa culpa no me sentía protagonista, pero sí quedaba el dolor de la estupidez humana que en principio es capaz de renunciar a su salvación y optar por la muerte.
Eso ocurrió al principio del mundo y ahora volvía a repetirse. Sin embargo, el rechazo de los hombres no iba a retractar el SÍ de mi Padre y el mío, hasta las últimas consecuencias. De ahora en adelante ya no habrá excusas para nadie: o te vienes o te quedas.
La celebración de aquella noche sería de ahora en adelante un nuevo punto de referencia para todos aquellos que aceptaron venirse, dar el paso, romper los esquemas antiguos, aceptar que el amor es la nueva base de entendimiento de las personas, que la Justicia es el marco en el que se ha de desarrollar toda acción humana y que la Verdad es la luz que ilumina a todo hombre libre.
Esto ya no será, de ahora en adelante, un recuerdo, algo que Dios hizo; esta es la nueva realidad que distinguirá a los hombres que optan por la vida, y a los que optan por la muerte.
La Eucaristía será de ahora en adelante, cada vez que dos o más se reúnen en mi nombre, la ratificación y actualización de esta nueva realidad, en la que mi Padre y yo estamos presentes con nuestro Espíritu.
La triste pena es que para mucha gente, esto tan serio y tan grande, no ha pasado a sus vidas y no expresa nada de ellas y la siguen utilizando como un número más de los programas de fiestas o hasta como el instrumento para poder sacar dinero, o también como un gesto social, y peor aún, como un rito para bendecir gestos, acciones e instrumentos de muerte..
¿Cómo no queréis que aquella noche no llorara y no sufriera una decepción tremenda?.
¿Cómo no voy a sentirme dolido de que no me entendieran ni me quieran seguir entendiendo?.
Incluso después de haberme levantado y hacer el gesto de lavar los pies para que supieran que el amor se expresa sirviendo y que el hombre se realiza amando... ¡Pues aún así siguen sin entenderme! Siguen pensando que es otra cosa ¿Crees que estoy exagerando?
¡A ver!, díme. . .¿En qué tenéis vosotros puesta vuestra grandeza?
¿Qué es lo que buscáis la mayoría de las veces, servir o ser servidos?
¿Cómo me explicáis vosotros eso del Amor que no mueve un dedo si no es pagado, o el servicio siempre mirando el bien particular'?
No se trata de criticar a nadie. Que cada uno se mire a sí mismo y que vea qué está haciendo, a qué aspira...



VIERNES SANTO:

YO
Señor, hay varias cosas que a todos nos extrañan y nos chocan enormemente:
Después de aquella noche en Getsemaní, mientras tú estabas angustiado, tus discípulos, tus mejores amigos estaban dormidos, como si la cosa no fuera con ellos.
Cuando llegaron los policías del templo con Judas a la cabeza, tú lograste que dejaran marchar a ellos y te fuiste con los policías.
Aquella noche debió ser tremenda.
Te hicieron un juicio y allí no apareció nadie que diese la cara por ti, en cambio sí que aparecieron falsos testigos...
Señor, duele constatar cómo el ser humano es tan rastrero que desprecia la verdad, que le teme, y en cambio es capaz de venderse a la mentira...
Cuéntanos ¿qué pasó, cómo te sentiste aquella noche, qué ocurrió en aquel palacio infernal?.

JESÚS
¡Efectivamente! la traición de los amigos, de la gente que quieres es lo que más duele,
Es increíble ver cómo el ser humano es capaz de degradarse y destruirse; algo que a un hombre que ama su dignidad y tiene un mínimo de autoestima lo deja confundido.
Me dolió terriblemente el gesto y el cinismo de Judas: fue capaz de acercarse y saludarme como siempre nos saludábamos los amigos... esas puñaladas duelen más que las que se dan con una navaja: el que un amigo te venda
Ni siquiera fue capaz de ponerme el precio de un esclavo. ¡Hasta qué punto es capaz de llegar la mente y el corazón de un hombre que pierde su dignidad y ha dejado que la miseria invada su corazón!
Aquella noche me llevaron de un lado para otro; buscaron testigos falsos y los llevaron a hablar en contra mía, algunos yo los conocía y había hablado alguna vez con ellos.
Me dio lastima de ver una vez más hasta qué punto estaban humillando a mi pueblo y se burlaban de él haciéndole arrastrarse por unos dracmas.
Sí, también entró Pedro, se quedó por allí en la puerta, no fue capaz de entrar el tribunal a dar su testimonio, antes bien, cuando una mujer le preguntó si me conocía se asustó y negó conocerme.
Me dejaron solo. Yo fui mi propio abogado; nadie quiso defenderme. La verdad es que no tenía ningún miedo, estaba muy tranquilo. Siempre me ajusté a la verdad, se trataba ahora de seguir siendo fiel a ella y pude ver cómo ante la verdad tiembla la gente, se asustan, quieren taparla, creen que es una imprudencia, una locura el declararla... el oírla sienten que les ofende los oídos.
Teníais que ver cómo estaba Caifás cuando me vio llegar: se puso terriblemente nervioso, no fue capaz de mirarme ni una sola vez de frente, sin embargo quería montarse un numerito conmigo delante de sus amigos para demostrarme que él era quien tenía la autoridad en Israel, que era grande, y que podía hacer conmigo lo que quisiera, que yo no era más que un pobre gusano ante él, tal como consideraba que eran todos los israelitas. ¡Pobre hombre!
Me daba pena que gente así sea la que determina y gestiona la ley que en mi pueblo tenía el valor de ser la expresión de la voluntad de mi Padre. Estos sumos sacerdotes eran unos indecentes y manipulaban la ley para, en nombre de Dios aplastar al pueblo y aprovecharse. Se puso muy nervioso conmigo; él sabía muy bien que a mi no me podía engañar, que yo tenía las ideas muy claras y esto lo dejaba fuera de juego, pues en el fondo de su conciencia sentía a Dios que le reprochaba, pues había cometido graves atropellos para llegar al poder.
Allí trajeron a unos cuantos que habían pagado y asomaron diciendo tonterías y mentiras que no tenían fundamento.
Yo me quedé mirándolos a todos y ninguno de ellos fue capaz de mirarme a la cara. Caifás me pedía que hablara pero yo opté por callar, no valía la pena, total, todo lo que dijera me lo iba a interpretar mal, estaba lleno de odio y lo que quería era hacerme desaparecer. En su interior el juicio ya estaba hecho. Se puso terriblemente nervioso y no pudo aguantar esta actitud mía.
¿Para qué iba a hablar si ya lo tenía todo decidido...? Lo dejé que siguiera su discurso diciendo disparates sin contestarle nada. Esto lo sacó de sus casillas y fue lo que utilizó como argumento, pues no tenía otro, para condenarme. La ley en (Dt 17,12) dice que "el que por arrogancia no escuche al sacerdote, puesto al servicio del Señor tu Dios, ni acepte su sentencia, morirá".
Él me tomó por un arrogante y se sintió despreciado por mí, que no aceptaba su autoridad y me condenó por mi silencio, eso no lo pudo soportar.
Me mandó a Pilatos y éste si que se puso nervioso, teníais que haberlo visto. No sabía qué hacer conmigo. Cuando vio que yo no perdí la calma en ningún momento, el se mordía las uñas y ya no sabía qué hacer, hasta su mujer tuvo que intervenir. El pobre era un auténtico muñeco en manos del César, llenó de miedo a todos. Dijo que él no veía nada en mi, que él se lavaba las manos que eso era un asunto de los judíos y que ellos vieran cómo lo resolvían...
Al final me entregó al pueblo para que hicieran conmigo lo que quisieran. Me aplicaron la pena política que daban los romanos a los agitadores, ni siquiera quisieron aplicarme la pena que se aplicaba en mi pueblo, prefirieron escudarse y decir que habían sido los romanos los que me habían condenado.
Pero lo curioso es que en medio de todo esto, estaba mi pueblo manejado por los líderes que jugaban con él y llevándolo como un rebaño de borregos que se han negado a aceptar la libertad... ¡con la sangre que nos había costado quitarnos el yugo de nuestros reyes, era doloroso ahora escuchar a la gente gritar, diciendo que querían al Cesar por rey! Esto me dolía tanto como todo lo que me estaban haciendo; esos gritos de la gente en la calle diciéndole a Pilatos que no tenían más rey que al Cesar me llegaban a lo más profundo ¿Cómo era posible que mi pueblo hubiera caído tan bajo?
Y era la misma gente que el domingo me había aclamado cuando entraba en Jerusalén, la misma que me quiso hacer rey el día que les di de comer. ..¡qué tristeza! ¡Esa misma gente ahora proclamaba al César como su rey!
Sí, resulta increíblemente duro.
Yo estaba tranquilo en mi espíritu.
Había cumplido mi misión. Sabía ya lo que me esperaba.
Sentía que mi Padre me daba la tranquilidad y la paz. Solo me quedaba esperar hasta cuando me alcanzasen las fuerzas y muriese. Allí delante tenía una jauría de hienas. Ya no tenía nada qué hacer.
En medio de aquella masa perdida de gente desorientada, había un grupo que me seguía de cerca y yo sentía sus gemidos profundos, era un grupo de mujeres que consolaba a mi madre y que lloraban con ella, pero eran mujeres, y ellas no contaban para nada, según la sociedad de mi tiempo; las mujeres solo servían para eso, para llorar, para dolerse... ¡qué pena de los hombres que hayan puesto su hombría en perder su dignidad y sus sentimientos!.
Ellas no tuvieron miedo y se metieron entre la gente y fueron a mi lado todo el camino, en aquella subida tremenda al calvario las fui oyendo llorar todo el rato y doliéndose conmigo. No temieron acercarse y limpiarme la sangre que ya me tapaba los ojos y me impedía ver. Llegaron hasta el Gólgota y estuvieron allí a mi lado todo el rato. Pude ver allí al pie de la cruz a mi madre y a María... ¡hasta el último momento!
Me hubiera gustado ver a mis amigos, saber que estaban conmigo... ¡cuántas cosas me pasaron por la cabeza mientras subí aquella cuesta dolorosa!
De todos los otros, de mis incondicionales, solo quedó Juan.. Del resto no vi a nadie, ni siquiera me pude despedir de ellos.
¿Os choca el que eso fuera así?
¿Y por qué os ha de chocar?
¿Qué es lo que estáis viendo a diario?
Es más, ¿Qué es lo que estáis haciendo a diario?
Allí nadie fue capaz de dar la cara por la verdad, ni siquiera los que habían vivido a mi lado. En cambio, si apareció gente para apoyar la mentira. Al fin y al cabo yo pienso: entre proclamar la mentira y encubrirla... ¿Qué diferencia hay?
Hoy, desde los niveles más pequeños seguimos haciendo igual y dejamos que la verdad y la libertad se destruyan por no complicarnos la existencia y encubrimos y callamos a tos culpables y dejamos que muera y sufra el justo...
Eso se hace hoy en todas partes y todo el mundo se queda tan tranquilo, incluso se convence que lo está haciendo bien. Y los esclavizadores y destructores de la paz siguen levantándose como reyes que imponen su poderío sin que haya nadie que los pare.
En mi tiempo me dolía ver esto y ver cómo mi pueblo tenía que pagar las consecuencias, pues era manejado como un rebaño, exactamente igual que hoy hacen aquí los políticos de turno.
En aquel tiempo eran los dirigentes espirituales de mi tierra, que eran los políticos, pero según ellos, su misión era religiosa. Y cuando yo dije que no era cuestión de política sino de defensa de la verdad y de la justicia, me condenaron y me acusaron como agitador del pueblo y por político.
Eso es lo que me escribieron en la tablilla que me colocaron encima de la cabeza: JESÚS NAZARENO REY DE LOS JUDÍOS
¿Por qué pones esa cara? ¿O es que también a vosotros os resulta duro lo que estoy diciendo?
Yo ya resucité y vivo en mi pueblo. Yo soy la Verdad y hoy se la sigue condenando y ensuciando con la corrupción y la mentira... y vosotros también, aunque sea en chiquito, con vuestros encubrimientos, con vuestros miedos sois como aquellos testigos falsos que aquella noche se presentaron a decir tonterías apoyando a los corruptos de mi pueblo.
Yo soy la Vida y hoy se sigue matando y se sigue haciendo imposible vivir en este planeta y cuando alguien se le ocurre gritar en favor de la vida, ya veis lo que le pasa.
Yo soy la Justicia... ¿Cómo es posible compaginar lo que estamos viviendo y encima digamos que no queremos saber nada, que hay que tener cuidado y no meterse en política? ¿Cómo esperamos arreglar esto?
Yo soy Amor... y el amor se ejerce sirviendo y por eso instituí el sacerdocio, que es el sacramento del servicio... ¿Qué está pasando?
No me digáis que no es un Getsemaní constante el que estoy viviendo.



SÁBADO SANTO
YO
Señor, tu muerte fue la decepción total. Me da la sensación de que se quedaron todos desconcertados, pues esperaban que a última hora salieses con una de las tuyas... pero no fue así. -como suele decirse entre nosotros-, se quedaron como la novia “dispuesta y sin novio” ¿No crees que fue demasiado fuerte el asunto?
Para la gente de tu pueblo la cruz era el signo del mayor fracaso humano. en tu fracaso estaba también el de todos los que te habían seguido... ¡Era muy duro el poder ver más allá de aquellos dos leños hechos cruz!
Hay algo que también nos deja a todos atónitos: ¿Cómo fuiste capaz de mantenerte con la cabeza alta, sin doblarte ante nadie, ni siquiera ante el terror de la muerte... y llegaste hasta las últimas consecuencias con una sola cosa clara: la confianza en tu Padre. El mismo guardia romano lo reconoció.
Cuéntanos qué pasó en aquellas horas.

JESÚS
Sí. Ciertamente llevas razón.
Era muy difícil poder traspasar el horror que tenían delante, romper el esquema que se venia teniendo: esa muerte era el signo del máximo fracaso, mientras que ellos habían estado siempre pensando en el triunfo.
Pienso que en el fondo era un problema de mentalidad general: todo el mundo pensaba en el Mesías triunfante, pero no leían bien las escrituras, pues sólo se fijaban en los textos de gloria y nadie se le ocurría leer lo que se decía: el Mesías debía pasar por la tortura, por el desprecio, por el dolor... por la muerte. Eso no quería entenderlo nadie y por más que se le dijera, nadie lo aceptaba ni lo asumía.
Efectivamente, era algo demasiado duro, porque suponía romper toda una mentalidad, todo un esquema de valores y hasta de sentimientos
Para mí fue también muy duro desde el punto de vista físico, pues fue cruel lo que me hicieron; lo mismo que desde el punto de vista psíquico, quisieron desquitarse conmigo, dejarme en ridículo, quisieron verme arrastrarme como un gusano y que les dijera que llevaban razón, quisieron verme pidiéndoles perdón por haber hecho el bien... ¡Y eso no se puede hacer!
Ellos no pudieron soportar jamás el ver a un hombre LIBRE y a esa prerrogativa yo no podía renunciar por nada. No se trataba aquí de humildades falsas ni de cabezonería, ni de orgullo ni de arrogancias de ningún tipo, sino de dignidad y, sobre todo, de la verdad.
También fue duro el constatar cómo la debilidad humana se demuestra justamente en los momentos claves, cuando más lo necesitas: el dolor de los clavos era menos fuerte que el dolor moral de la deserción y la traición de los amigos, que cuando tienen que demostrar lo que son, se echan atrás y te das cuenta que has hecho el tonto, sientes que has perdido la vida.
La soledad en esos momentos es tan mala como la misma muerte.
Mis amigos se vinieron abajo, no dudo que habían llegado a quererme, y admirarme, pero no habían pasado más allá. Mi muerte los dejó en el aire completamente, incluso para ellos representaba un fracaso enorme tener que volver a sus pueblos; de ellos se iban a burlar todos.
En el fondo me utilizaron porque ellos pretendían otra cosa; ellos no hicieron causa conmigo, por eso se sintieron fracasados y frustrados... ¡Eso duele mucho!
Cuando me dejaron en el sepulcro y cayó la tarde del sábado, que les impedía moverse, tuvieron que esconderse; aquellas horas fueron para ellos tremendas, esperaban que de un momento a otro se abriesen las puertas y asomase algún policía que los buscaba.
En medio del grupo estaba mi madre y unas cuantas mujeres, ellas no tenían nada que perder, lo tenían todo perdido. Ellas eran mujeres y sus sentimientos no sirven para nada ni tenían valor alguno; es más, si alguna se ponía un poco molesta se la quitaban de en medio sin problema de ningún tipo. Estas mujeres eran valientes y pasaban de todo. Para ellas solo había una cosa que no aceptaban ni comprendían: habían matado al ser que más querían y su corazón estaba lleno de dolor, de recuerdos y de ternura.
Mis palabras seguían resonando en sus mentes y sin darse cuenta, entre sollozos las iban repitiendo al grupo, mientras que los demás entre el miedo y la angustia las iban recordando.
En el ambiente del grupo estaba flotando una especie de tensión que les decía que aquello que habían vivido no podía terminar así. Allí había algo que no encajaba, que El Dios Padre que yo les había mostrado y les había invitado que lo llamaran ABBA no podía quedarse así ante semejante injusticia, pero no sabían cómo haría, y es lógico que no lo supieran: era algo que rebasaba su capacidad.
Por mi parte, yo había cumplido mi misión.
Quizás para muchos hubiera sido más efectivo el que yo hubiera armado un espectáculo en lo alto del Gólgota y los hubiera dejado asombrados a todos para que no se permitiesen el lujo de dudar más de nada. Pero eso no es más que un espectáculo.
Había que completar la obra, llevarla hasta las últimas consecuencias... ¡ahí, donde el hombre apura hasta la última gota y demuestra todo lo que puede hacer ...
Mi Padre dejó apurar todas las posibilidades al hombre! y cuando el hombre cree que ya está todo acabado... ahí aparece la potencia de Dios.
Efectivamente, no estaba equivocado, era algo que siempre tuve claro. El plan que mi Padre había trazado había sido perfecto. Todo estaba preparado para comenzar una nueva era, vivida en la plena LIBERTAD.
Me tocaba ahora recuperar de nuevo a mis discípulos; tendría que volver a buscarlos, como lo hice antes; solo que el encuentro ahora no era como el de tres años atrás: estaban ilusionados, llenos de esperanza, con ganas de dar un cambio a todo, creían en la posibilidad de un Mesías que diese la vuelta a todo... ahora había cambiado todo eso, sus esperanzas políticas se habían venido abajo, se habían quedado absolutamente en el aire.
Ahora ya me conocían, se habían sentido frustrados, habían sufrido una decepción, se habían roto sus planes... Ahora se trataba de llenar el interior que había quedado desierto. Ahora tenía que ser otra experiencia a otro nivel mucho más fuerte y profundo que hiciese posible la toma de posesión de mi Espíritu. Sin lugar a duda, la condición indispensable para que este encuentro se diera es la vaciedad absoluta: esa misma en la que ellos estaban: lo tenían ya todo perdido, no tenían fuerzas para nada, eran hombres acabados... solo en una situación así es posible valorar el don de Dios.
Por eso las mujeres fueron las primeras en vivir esta transformación, ellas habían tenido siempre su corazón libre para mí, por eso dije siempre que la pobreza es la situación más propicia para el encuentro con Dios, pues el corazón está libre.
La mujeres no fueron capaces de aguantar aquella tensión que se respiraba en el grupo y al amanecer fueron al sepulcro; allí recibieron la sorpresa: esa sensación que habían estado guardando en su corazón no era falsa: yo no había muerto en sus corazones y ahora seguía más vivo que antes entre ellos... tanto que podían verme.
Esto cambió radicalmente sus vidas; algo así como saltar a otra dimensión, que les hizo ver, sentir y vivir en otro nivel. Era algo insospechado, que no se podía explicar... y todos fueron recuperando sus vidas a medida que iban viviendo la misma experiencia.
El grupo entero se rehizo. La experiencia que habíamos vivido de tres años cobró una fuerza enorme. Yo diría que pasó de la piel al corazón; a partir de aquí empezaron a entender las escrituras, a leerlas de otra manera, a entender que lo que en el Antiguo Testamento se decía no era sino un anuncio de este momento.
Estuve unos días con ellos teniendo encuentros un poco especiales para que se fuesen consolidando y aprendiesen a vivir en esta nueva dimensión que ya no está sujeta a esquemas humanos.
Ahora fue cuando ellos comenzaron a entender el por qué yo fui como fui; el por qué yo hablaba y actuaba así... y veían que no se podía ser de otra manera, y perdieron el miedo y comenzaron a comunicar su experiencia y a dar razón de ella con lo que habían aprendido a mi lado... y fueron todos capaces de llegar hasta la misma muerte, lo mismo que lo hice yo; y la misma cosa sigue ocurriendo hasta hoy.
Las preguntas que a mí me surgen os las devuelvo yo a vosotros: Es lógico que a los apóstoles les fuese duro, pero ¿también os resulta a vosotros?
Ya no estáis en aquella situación. O ¿es que los corazones siguen ocupados por otras cosas? Pues sigo sosteniendo lo mismo: ¡No se puede servir a dos señores! O apostamos por la libertad o toda la vida seremos esclavos.